17 noviembre 2008

excelencia docente (a propósito de Bain)

Cuando una universidad se convence de que no puede sacar más institutos de investigación, pasa a ocuparse de la docencia. En la fiebre española uno de los virus ha sido el Ken Bain’s What the Best College Teachers Do.
El premiado éxito editorial de 2004 se propone:
I hope this book will inspire readers to make a systematic and reflective appraisal of their own teaching approaches and strategies, asking themselves why they do certain kinds of things and not others….Ideally, readers will treat their teaching as they likely already treat their own scholarship or artistic creations: as serious and important intellectual and creative work, as an endeavor that benefits from careful observation and close analysis, from revision and refinement, and from dialogues with colleagues and the critiques of peers.
Un buen día el libro te llega de un vicerrectorado, como regalo de Navidad, traducido al valenciano (2006), al gallego (2007), etc..
Pero ¿la excelencia docente es un patrón que se puede estandarizar? El autor recorrió el país (USA) con un presupuesto para exprimir el zumo de los mejores. Lo entiendo allí. Pero necesito que me expliquen porque ven exportables sus conclusiones.
El relato es emotivo y motivante. Para quien esté molesto con este trabajo nuestro hay frases que lo van a sacar de sus casillas porque en los modelos del libro:
  • no siguen cronogramas ni se someten a un temario prefijado.
  • no se coordinan con otros profesores que impartan su misma asignatura.
  • no evalúan a sus alumnos con exámenes comunes con los grupos impartidos por otros profesores,
  • no están obligados a poner notas de 0 a 10 con una cifra decimal.
  • no son androides teledirigidos por una normativa omnímoda.
Esta aguda lectura del texto, mira más el contexto en el que trabajamos. Pero se puede escribir una antología de maestros de cada región. Podemos encontrar quienes distinguen personas en los grupos, quien da expectativas realistas de lo que se puede conseguir en un curso, maestros entusiasmantes que se fían de sus aulas, gente que se fía del aprendiz exigíendole ansioso por ver hasta dónde llega.
Con un par de páginas que se hubiera leído cualquierta de los vicerrectores de esta fiebre española vería que el libro es cualitativo, individualista, anormativo, sensiblero y grato.
Puede que a los profesores nos falte motivación. Pero lo que peor nos sienta son las normativas cerradas y poco productivas. En marcha hacia el camino de la calidad, esperando que nazca la nueva especie de los evaluadores querría un cafecíto con alguno de los 50 ejemplos que cita K. Bain; no deben ser más en ese país de 250M. A pesar de las fuertes limitaciones regionales, creo que por estos lares, los hay por lo menos tan buenos y a lo mejor son más. Y a ninguno se le ha ocurrido entonar el paradigma de la excelencia docente. Conozco alguno, que cumplió años estos días, que casi le molestan las charlas en corrillo. Como para pedirle que escriba las directrices del sistema de calidad... Y esa es la suerte de la libertad que nos permite seguirlos admirando
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