14 junio 2015

tuiteroteca y la velocidad de la investigación en caliente

Twitter es una plataforma digital. Así que cualquier referencia a su pasado debe señalar la situación tecnológica en que se encontraba. Es bien conocido que nos acostumbramos con facilidad a los prototipos en beta. Pero en los primeros años la ballena de los tuits se ponía a volar (quedaba colgada por horas o incluso por días) con cualquier globalización de la atención. Empezamos a considerar el tuit algo más estable desde que se mantuvo durante las primeras elecciones de Obama. La red de esos años era Facebook y tuitear en esos años, por ejemplo, no estaba a la altura de la primera red social. Aunque la verdad es que ninguna de las dos tenía un buen buscador interno y tampoco parecía que les hiciera mucha falta. Tecnologías para el LifeStreaming se decían. Nadie pensaba en el LifeRemaining.

Pegado a lo digital según su estado de desarrollo está que una plataforma es tecnosocial. Los usuarios determinamos con nuestros usos masivos las formas, que en este caso adquiere Twitter. Al principio el chorro de tuits cantaba en el frikismo del bloguerío tecnológico, y los probadores más viejos veíamos un chat raro. Son años en los que no le dimos importancia a un inmenso discurso heterogéneo que se desvanecía sólo. Cuando años después llegó la muchada procedente de Tuenti en su migración hacia WhatsApp, Instagram, Snapchat.... El aluvión se convirtió en patio, multipatio, patio global o como se quiera. Citar un tuit no se nos planteó en estos tiempos, al menos con inminente urgencia académica.

Casi cada dos años han cambiado los usos masivos de Facebook desde el desconocido anuario de universitarios pijos, la red social de la juventud, la plataforma internacional, el archivador de páginas de grupos o empresas o, desde su salida a bolsa la canalización recomendada de ofertas y noticias, las acciones y eventos locales, etc. Twitter no ha tenido unas oleadas sociales tan marcadas, pero un tuit de hace cuatro años era menos público y visible; se dirigía a un grupo  -en general conocido- también menor a los seguidores actuales de las cuentas personales. Tuiterotequea si quieres, pero recuerda las pocas peras del árbol de ayer que pones hoy junto a la montaña de manzanas transgénicas.

Como lo cortés no quita lo valiente y reconociendo la valiosa juventud de las redes sociales en internet, es palmario que en cuanto se socializan del todo, antes de llegar Facebook a ser el primer país del mundo, reproducen masivamente los discursos sociales también más conocidos y dominantes. Las redes sociales somos personas y en nosotros han incidido la escuela y las demás industrias culturales para socializarnos en los  colores ideológicos aceptados del momento. Esto permite pasar de la calle a Twitter o a un programa de televisión generalista sin percibir casi cambios de umbral. Los discursos institucionales de las grandes burocracias, los de las modas globales como los discursos conservadores y socialdemócratas de los turnismos gobernantes no nacieron en Twitter. De eso no tiene la culpa. Al gusto del protocolo electoral se tuitea basura aunque haya que rebuscarla en la Tuiteroteca de un Twitter que ya se fué.

@pedripol
Ahora que Twitter ha mejorado su buscador (¡con búsqueda avanzada podemos encontrar el tuit más estúpido en el pajar! ) cabe sumarse a Trending Topics tan bobos y viscerales como los de la batalla de los viejos discursos sin atender ni aceptar las reglas que el otro quiere imponer. Carpe Diem!

Estoy muy sinceramente convencido de que en un futuro mejoraremos nuestra apertura mental y la capacidad de conversar y comunicarnos. Las redes sociales ya nos han servido para algo de eso. En ese nuevo estadío investigaremos en la tuiteroteca de dónde procedían las mejores ideas, los mejores proyectos que facilitaron la sustancial mejora y renovación desde las pirámides jerárquicas monocromáticas hasta formas societarias mas abiertas, transparentes, procomunes y extitucionales.

06 mayo 2015

y por la noche criticar (la misión que cambia empleos)

Hemos leído que uno de cada dos jóvenes españoles no encuentra su primer empleo. El limbo laboral me trae a la cabeza una de esas citas hechas meme: "por la mañana, cazador, por la tarde, pescador y por la noche, crítico".  Al final, ¿habrán acertado con el vaticinio?

Puesta al día esta cita quedaría algo así como: por la mañana, creativa, por la tarde, relaciones públicas, y por la noche, crítica. Sí, porque crítica siempre hace falta, y hoy más. Que cada una/uno cambie mañana o tarde por sus mejores horas para esa ocupación / pasión / dedicación. Que luego la casa y familia tienen que ir por medio.

Con un empleo en caída libre, más acelerada que el cambio climático, sólo se encuentran multitareas, minijobs, infrasalarios... Entre los vapores del futuro laboral me topo con la cita DE MEDIADOS DEL SIGLO XIX,
... en la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.
Los jóvenes Engels y Marx (1845/46) soñaban dedicaciones lúdicas, casi puro entretenimiento, una vez que la sociedad se tecnificara para la producción de los bienes básicos de consumo para toda la humanidad. Sus palabras se pueden leer en el primer capítulo de La ideología alemana.

El texto escrito entre los humos de los telares en suburbios londinenses donde trabajaban niños y mujeres, tiene siglo y medio. Pasando todo el industrialismo, lo volvemos a leer en una situación parecida en mitad del tsunami digital. ¿Llegamos a ajustar salarios para todos en el apogeo de la sociedad de consumo del siglo XX? ¿Cómo queda el trabajo para todas/os en la sociedad digital que da otra vuelta de tuerca a la automatización globalizando comercio y servicios interplanetarios?

origen y referencia del diagrama que la red Inusual utilizaba hace unos años 
Trabajo, producción, consumo, servicios han cambiado tanto de sentido en estas décadas...
No sé cómo experimentan su cambio de valor la generación que se hizo mayor con el milenio.
Para conservar la identidad, manteniendo en lo posible una dirección personal de un proyecto tenemos hay que superar marca personal, tendencia hipster (y sucesivas) y el resto de oleadas digitales que nos vibran en el móvil a la primera de cambio.

La tecnología en el bolsillo... sólo es una parte del plano a nuestro alrededor. La profesión está cambiando de significado. Más parece cambiar la misión y la pasión. Miro atónito proyectos como el deJacobo G. F. en Verkami. Seguro que muchos de ellos encontrarán vía. Porque esa vuelta a la comunidad parece ahora mejor camino que el título y esperar de los contactos familiares. El vídeo cuando menos es inspirador. No dejes de apoyar y de imitarlo.

Una casa patera en Bristol, centro de coworking para una veintena de personas, y una lanzadera de proyectos en su entorno. Son dos minutos, no dejes de echarle un vistazo, y algo más.

 

28 abril 2015

#GeneracionPontevedra


Pasan por la Facultad de Comunicación colegas que cursaron hace años y cuentan su experiencia, lo que hacen para profesionalizarse en el decreciente mercado de trabajo. La voz de una de las nuestras llega más clara, reconocen. ¿Los mejores seminarios o talleres? No dudan: el formato speed dating; unos minutos para preguntar por salidas y posibles especializaciones a los de la generación anterior.

Generación Pontevedra ha sido un hashtag casual que quiere recoger para otros algunas de esas recomendaciones. Para uso y disfrute público si se quiere.

Aunque por edad son Millennials o Generación Y dirigiéndose a Generación Z, aclaro que no nos valen estas etiquetas globales con las que la publicidad busca pastorear segmentos universales de población en corralitos mentales. Estos "millennials gallegos" tienen una carga cultural reconocible. Sin desconocer para nada vanguardias y modas. Pero cultivan una personalidad propia distinguible. Quizá ese salirse del guión sea otro de los rasgos de una Generación Pontevedra que no encaja en tableros por edades.



Post sobre generaciones digitales

20 abril 2015

empeñados en reinventarse (y 3/3): innovación confirmada y acompañada

En dos notas anteriores aviso que retocar tu identidad digital no es un asunto estético o de diseño y que tampoco basta con sentirse tranquilo en el propio patio de cultura local de cada una/o. Te puedes encontrar muy una/o misma/o cuanto más asimilados y naturalizados llevas el discurso dominante sobre cómo hay que ser hoy o los tópicos de tu territorio cultural. Si las modas googleras y el machismo xenofobo de mi pueblo no bastan para hacer nuevo un perfil, cierro esta serie con otro límite del reinventarse: las propias obsesiones.

No por muy convencida/o que estés, sales de tus manías o ves lo hay. Han sido costumbres, y malas, las que nos han traído a una situación de insatisfacción, cambiemos por tanto el chip; pero desde abajo. Reinventarse es más descubrirse. Estar en un proceso de renovación hacia algo que mejore el servicio a los demás, al tiempo que nos enorgullece por ejercer tareas para las que nos sentimos capacitados. Lo decía muy bien Tiempos de Orión  (Alvaro López Vicente @alopezvicente), El verdadero significado de la zona de comfort:
Salir de la zona de confort significa ver las cosas desde una perspectiva mental diferente. Dejando a un lado las quejas e intentar sentirse bien con lo que a uno le rodea y con lo que uno puede aportar al contexto.
Salir de la zona de confort requiere, por tanto, sentirse bien. He estado equivocado durante mucho tiempo. Es cierto que cuando a uno se le plantan nuevos retos y los comienza, las cosas se hacen cuesta arriba. Pero no vale la pena pasarlo mal.
Reinventarse tiene toques de diseño, y estéticos. Es intercultural y redescubre la olvidada identidad comarcal. Pero sobre todo es instaurar a los pocos un estilo de vida ajustado por lo que podemos servir a otros, en algo que valoran y, a veces, agradecen. Las raíces de una nueva identidad, la marca en una nueva fase, es una ruptura a partir de acciones que desde los demás nos confirman lo interesante y oportuno de nuestra cooperación.

17 abril 2015

Publicidad infantil: Juegos online más saturados que la televisión navideña

Con la Dra. Pâmela Saunders Uchôa-Craveiro estudiamos las formas y el peso de los anuncios en juegos usados por niñas y niños entre 9 y 11 años observados y entrevistados durante una hora libre en un centro en Ceará (Fortaleza, Brasil) y otro en Pontevedra (España) con autorización de sus tutores y de los centros.

Queríamos que la orientación de este trabajo la llevaran las niñas al escoger qué juegos analizar. En su muestra seleccionaron en ambos países juegos reconocidos en la lista de preferidos del momento. Sin diferencias ni líderes en los grupos que orientaran hacia otra elección. Un primer éxito de la publicidad infantil. En las entrevistas encontramos quejas repetidas que constituyen los focos para nuestro análisis. 

Publicamos en este artículo algunos resultados para destacar que la publicidad infantil está siendo mal gestionada por portales de juegos a los que se puede acceder sólo con registro en ambos países. Nuestra revisión encuentra superado el advertising saturation point por encima de las peores programaciones publicitarias televisivas en campañas navideñas sufridas en nuestros respectivos países.

Nos parece importante señalar que una saturación publicitaria del canal de videojuego acorta su ciclo de vida y cercena aplicaciones comunicativas y educativas que pueden ser más eficientes que el texto escrito y la animación o el vídeo.

Tampoco resulta profesional la gestión publicitaria: efectivamente las inserciones y los formatos escogidos entorpecen y estropean la experiencia lúdica, en una abusiva invasión del tiempo de ocio de personas completando fases de asentamiento de su personalidad. Anuncios en absoluto relacionados con la infancia, ni siquiera como prescriptores, aparecen desmostrando una gestión cortoplacista de unas cuentas de anunciantes que justificadamente pueden abandonar agencias publicitarias interesadas e incompetentes. 
Desde un punto de vista formal la creatividad publicitaria invade parcelas del espacio de juego como si se tratara de medios impresos. Son excepcionales los usos adecuadamente localizados y con formas interactivas entretenidas. 

El criterio de nuestros pequeños jugadores coincide con el análisis de los anuncios que llevamos a cabo. Si los profesores y los padres queremos gamificar nuestras tareas, debemos ir pensando que el campo ya esta sembrado y no por las mejores simientes. La comunicación y la educación en el juego tienen importantes oportunidades. Mientras legisladores, empresas, agencias, profesores y padres no cambiemos el panorama, sigue siendo otra niñera electrónica como la televisión infantil, pero según nuestras cuentas con más número y aún mas molestos anuncios todavía.

Martí-Pellón, D.; Saunders-Craveiro, P. (2015). Exposición infantil a anuncios en webs de juegos de Brasil y de España preprint pdf


[Children's Exposure to Advertising on Games Sites in Brazil and Spain] preprint pdf

Revista Comunicar, 45. (DOI: 10.3916/C45-2015-18)

El año pasado contaba aquí lo que aprendí con y de Pâmela Saturación publicitaria en juegos infantiles (post este blog ComuniSfera 29 abril 2014)

15 abril 2015

empeñados en reinventarnos II/III: recicla harapos del abrigo cultural

II. TRENDS vs CULTURE

¡Cada vez parece más tonto buscarse hoy en Google, si no eres tertuliana o futbolista! (Y si lo eres, peor)
Que si nos reinventamos, nos hacemos más libres... ¿Pareciéndonos a los populares del cole?
En el post anterior dudaba de esas marcas que más que personales parecen globales.
Un pensamiento en decadencia como el conservador cuenta mejor que un buscador lo que está pasando: "es la confluencia de tensiones socio-psicológicas, cuando faltan recursos culturales mediante los cuales se pueda dar sentido a las tensiones, lo que prepara el escenario para que aparezcan ideologías sistemáticas (políticas, morales o económicas)" (Geertz, 1990: 191).
En general, la solución fácil en una complicada crisis suele quedarse -a lo sumo- en recetilla ideológica. Por mucho que se repita no llega a teoría, ni siquiera a hipótesis.

Si la actualidad no da para más por culpa de su ruido, ¿cuánto puede aportar la propia cultura, la tierra madre, a un proyecto identitario?
Mejor seguimos con la duda sistémica del post anterior, porque la respuesta de siempre, en una crisis tan real como ésta, es probable que no solucione hoy nada de todo eso que queda disfuncional y  chirríante de la modernidad.
Como en otros cambios de ciclo, la arquitectura de nuestras instituciones se ha enredado entre burocracias económicas y políticas. Así las comunidades locales apenas sobreviven con migajas de los circuitos del poder. En semejante desierto poca contracultura se nota, salvo en el sarcasmo o la ironía. Y a algunos viñetistas les cuesta encima su vida. En los memes, por ejemplo, se nota la vuelta digital a una oralidad distribuida, amplificada. No se difunde por medios de masas, pero si llega a toda la globalidad tecnificada.

Durante siglos -sobre todo en periodos de estabilidad- acudimos a los reservorios de sabiduría en los pozos locales de las culturas. Con tanto paso de tiempo mohos machistas, fundamentalistas o aquejados del nacionalismo envidioso de quien llegó tarde al reparto de Estados... Así que los sentidos y valores locales necesitan alguna limpieza por lo que tampoco podemos seguir a la línea la falsilla cultural.
No lo tienen mejor las culturas corporativas, institucionales o empresariales en general. Además de los procesos de producción y distribución, por encima y por debajo de ellos, nuestra reinvención está cambiando el estilo de vida y todas las organizaciones se dan cuenta. No volveríamos a vieja rutinas por más que los pongan barato y sencillo.
Nos ponemos conservacionistas mirando qué aprovechar aún de tradiciones y herencias. Y les damos incluso una nueva vida, pero ya sin el secreto ni la docilidad sumisa de aquella modernidad, que sólo concedió la distinción de una marca a pocos y privilegiados.

Lo más vivo de las culturas locales queda en lo cercano, en la conversación. Tras el viaje digital volvemos a la reunión de la tribu.   Zubiri (1940, 194) insiste en enfocar el diálogo como origen de la comunidad, y la vida comunal como expresión y manifestación de la cultura viva, recordada. Podemos ponerle iconitos de geolocalización, siempre que no confundamos conexión, conectividad o app con la comunicación y las relaciones en una cultura local. La carga de valor y de orientación de los signos viene de los sentidos, de las recomendaciones. De la buena reputación que da navegación y comunicación al mapa digital de un territorio/tiempo cultural.

En un segundo sentido, ya desentendidos de la actualidad y de las modas comentadas en el post anterior, cabe fijar la reinvención las formas actualizables de nuestras culturas nativas o adoptivas. Además del networking entre perfiles modernos, está la versión local del profesional actual. Y no es local por el habla o la indumentaria. Local también significa enraizado, conectado con agentes diferentes unidos por servicios comunitarios más urgentes precisamente por la misma crisis. Son cultura ya que no la realizan individualistas marcas modernas. La reinvención es cultural porque sólo puede ser colectiva. En algunos casos como servicios cooperativos ocasionales. Y en los mejores ejemplos como colaboración abierta en proyectos de servicio local.
Queda otra dimensión más teórica, pero vale por ahora. Reinventarnos no es descubrir la estética que está mejor por lo que dicen los expertos. No puede ser abjurar del útero cultural. Así que tendrá que redescubrir y reciclar los valores con los que ganan en sentido nuevos sentidos de vida y de profesión.

14 abril 2015

empeñados en reinventarnos I/III: cuando la marca personal parece global

Al desaparecer profesiones -y muchos puestos de trabajo en sus formas tradicionales- nos piden: ¡cambia de rutinas, sal del sofá del confort y piensa en futuros a la vuelta de la esquina!  Y yo que estudiaba para devolver a la sociedad la educación recibida... ¿No se estará agostando el conservadurismo educativo con la sequía de la crisis sistémica? Si oyes los tuits diarios se predica el evangelio de la reinvención. Con la tecnología parece que ya nada puede hacerse como antes. Vale. ¿Y hacernos a nosotras/os? ¿También se hace en el móvil?

Acercándonos a los diez años de crisis, son menos conspiraciones y más ideas fundadas la situación climática y energética, el disparo de deudas soberanas y un futuro con decrecimiento económico y laboral. Si hay que reinventarse, no valen ni modas de ayer ni principios modernos de toda la vida.

El lastre de las marcas sobre la identidad personal ¿En cuánto te sale el "porque yo lo valgo"? 

Interesante el último libro de Victor Lenore (2014), donde nos tacha a los baby-boomers de ser la primera generación educada para el consumismo. Que dicho sea de paso, debe alcanzar cotas históricas en nuestros vástagos al considerarnos, a su vez, espartanos y agarrados. Bien. Antes de fijar como culpable o insolidaria a una de las últimas generaciones sociales, abramos el foco sobre los hipsters de Lenore mirando otras coincidencias generacionales en las últimas décadas.

Un individualismo crece hasta su globalización actual desde que la modernidad impuso "la superioridad incuestionable de nuestros propios gustos, evidente por la sencilla razón de que los hemos pagado", frase magistral en el blog de César Rendueles (18 nov 014). Dispara la distinción de Bourdieu como un falso paradeigma. Una especie de totem global que se alza como ejemplo de humanidad para cada generación. En sano ejercicio cartesiano con esta crisis podemos dudar si reinventarnos no nos dejará más chafados al perder el ritmo de estereotipos diseñados para unificar estas últimas generaciones y convertirlas en públicos de maquinarias mediáticas.

Puede que a los babyboomers nos vistieran productos de consumo, tras colarles coches y lavadoras a nuestros padres. Pero más se nos idealizó al currante, ahora en casa tras la emigración de nuestros mayores. Para la generación X, los yuppies se convirtieron en ídolos con más brillo que las estrellas del rock. Lenore ya con los millennials rechaza que la subcultura indie sea original; también ella, como todas las edades sociales anteriores, repite consumo, estética y meritocracia como la serie de características en los modelos humanos de la renqueante modernidad que nos queda.

"Mi propio criterio", ese afán de construirnos desde cada inviolable intimidad, esconde inquilinos incómodos, como las infecciones de modas globales. Se nos notan en las ropas y juegos desde la infancia y la adolescencia, en cada una de las últimas generaciones. No sólo se dirigen a los pudientes usuarios y compradores.

Cuánto más crece la comunicación más lejos puede llegar una imagen universal. Así que el paradeigma apunta y dibuja en el horizonte la sombra de un modelo humano "adecuado a estos tiempos". Desde los medios y tecnologías de masas las instituciones vienen devorando una vanguardia tras otra, como Saturno a sus hijos, con todo tipo de sketches de tendencias. El perfilado funciona cuando retrata mayorías "democraticas". Quizá nos conformamos con ser representados y "mejor parecer del montón".

Pobre y hueca suena la "propia opinión" cuando coincide con el "bien pensar", políticamente correcto, sancionado por las primeras industrias culturales de nuestro entretenimiento (que en ocasiones informan). El totem se pudre al madurar, cuando surgen otras dudas más internas: ¿"seguro que soy de los míos"? La más personal de las marcas es aquella que no se nos marca en el cuerpo como un tatuaje. O sí, porque es el que queremos llevar en adelante. Con la identidad lo que no podemos es salir de una educación caducada a cantos de sirena neurocientíficos entre gurús del coaching. Reinventarse no es conseguir seguir esa moda elitista de alta cultura que sólo unos pocos, la tribu global en definitiva, hemos conseguido alcanzar.