24 enero 2007

Ryszard Kapuscinski (1932-2007) In Memoriam

Con 74 años termina su vida el mejor periodista polaco del siglo XX, premiado en otros muchos países, como el mio. Cuatro veces condenado a ser fusilado, es maestro en carne propia de las virtudes: luchar por decir la verdad, por ser libre, por mantenerse honrado, por ejercer la sinceridad, por ayudar a los que no tienen voz ni imagen. Heredero del humanismo y del amor al lenguaje como arma de comunicación es un gran constructor de convivencia.

Imagen del periodista contemporáneo, queda como gran cronista de guerra y de la realidad cotidiana. Aprendió de su carrera de historia, pero desde muy joven ejerció el periodismo. En sus ideas, por dar testimonio de una realidad que se acelera y se desvanece cada vez más deprisa. Hoy, quizá habría escogido otra profesión sobre las tecnologías sociales de la información y de la comunicación, pero lo importante no es el medio sino el espíritu.

No hay balances de una vida fuera de la propia conciencia. Pero pocos encontraron palabras como esculturas en el tiempo del presente ante nuestros ojos. Y más que por su arte, seguimos sus líneas por la sinceridad, el atrevimiento, la exactitud realista que no desanima. Las radios y los diarios informan de su muerte y la blogosfera recita los versos de una vida digna labrados por
Ryszard Kapuściński:

"Es muy importante qué lenguaje usamos. Si es el de la comprensión y la amistad, o si es el que fomenta el odio y la agresión frente al otro. La guerra empieza antes de las bombas. Empieza con el lenguaje del odio". (en El Borrador)

«Nuestra profesión siempre se basó en la búsqueda de la verdad. Muchas veces la información funcionó como un arma en la lucha política, por la influencia y por el poder. Pero hoy, tras el ingreso del gran capital a los medios masivos, ese valor fue remplazado por la búsqueda de lo interesante o lo que se puede vender. Por verdadera que sea una información, carecerá de valor si no está en condiciones de interesar a un público que, por otro lado, es crecientemente caprichoso» [...] «Hoy el soldado de nuestro oficio no investiga en busca de la verdad, sino con el fin de hallar acontecimientos sensacionales que puedan aparecer entre los títulos principales de su medio». (en por si las moscas)

Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se denomina ‘empatía’. Mediante la empatía, se puede comprender el carácter propio del interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás.

En este sentido, el único modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia. Existimos solamente como individuos que existen para los demás, que comparten con ellos sus problemas e intentan resolverlos, o al menos describirlos.

El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible. Hablo, obviamente, del buen periodismo”. (...) (de tomashotel)

"En nuestro oficio hay algunos elementos especificos muy importantes. El primer elemento es una cierta disposición a aceptar el sacrificio de una parte de nosotros mismos. Es ésta una profesión muy exigente. Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. El motivo es que nosotros convivios con ella veinticuatro horas al día. No podemos cerrar nuestra oficina a las cuatro de la tarde y ocuparnos de otras actividades. Éste es un trabajo que ocupa nuestra vida, no hay otro modo de ejercitarlo. O, al menos, de hacerlo de un modo perfecto.

Hay que decir, naturalmente, que puede desempeñarse de forma plena en dos niveles muy distintos.
A nivel artesanal, como sucede en el noventa por ciento de los periodistas, no se diferencia en nada del trabajo común de un zapatero o de un jardinero. Es el nivel más bajo.
Pero luego hay un nivel más elevado, que es el más creativo: es aquel en que, en el trabajo, ponemos un poco de nuestra individualidad y de nuestras ambiciones. Y eso requiere verdaderamente toda nuestra alma, nuestra dedicación, nuestro tiempo.
El segundo elemento de nuestra profesión es la constante profundización en nuestros conocimientos. Hay profesión para las que, normalmente, se va a la universidad, se obtiene un diploma y ahí acaba el estudio. Durante el resto de la vida se debe, simplemente, administrar lo que se ha aprendido. En el periodismo, en cambio, la actualización y el estudio constantes son la condición sine qua non. Nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo, profundo, dinámico y revolucionario. Día tras día, tenemos que estar pendientes de todo esto y en condiciones de prever el futuro. Por es necesario estudiar y aprender constantemente. Tengo muchos amigos de una gran calidad junto a los que empecé a ejercer el periodismo y que a los pocos años desaparecieron en la nada. Creían mucho en sus dotes naturales, pero esas capacidades se agotan en poco tiempo; de manera que se quedaron sin recursos y dejaron de trabajar.
Hay una tercera cualidad importante nuestra profesión, y es la de no considerarla como un medio para hacerse rico. Para eso ya hay otras profesiones que permiten ganar mucho más y más rápidamente. Al empezar, el periodismo no da muchos frutos. De hecho, casi todos los periodistas principiantes son gente pobre y durante bastantes años no gozan de una situación económica muy boyante. Se trata de una profesión con una precisa estructura feudal: se sube de nivel solo con la edad y se requiere mucho tiempo. Podemos encontrar muchos periodistas jóvenes llenos de frustraciones, porque trabajan mucho por un salario muy bajo, luego pierden su empleo y a lo mejor no consiguen encontrar otro. Todo eso forma parte de nuestra profesión. Por tanto, tened paciencia y trabajad. Nuestro lectores, oyentes, telespectadores son personas muy justas, que reconocen la calidad de nuestro trabajo y, con la misma rapidez, empiezan a asociarla a nuestro nombre; saben que de ese nombre van a recibir un buen producto. Ése es el momento en que se convierte uno en periodista estable. No será nuestro director quien lo decida, sino nuestros lectores. Para llegar hasta aquí, sin embargo, son necesarías esas cualidades de las que he hablado al principio: sacrificio y estudio."

Ryszard Kapuściński, Los cínicos no sirven para este oficio (de guerra y paz)

Tres breves artículos más en español enlazados en Infoamérica. Vía Libro de Notas.
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