17 enero 2007

autoridades sin montera

Esperaré a que el maestro Antonio Fumero (suerte con las elecciones) termine su lectura de Vida Líquida. En sus páginas el mártir se convierte en héroe para acabar en nuestros días como celebridad. Esperaré a que resuelva más dudas de lectura sobre si la cultura es un escenario parado, si sólo está hecha de las grande obras de arte (haute culture) o si la gestión tiene papel en la construcción cultural. Escribe sus notas para seguir pensando cual prima ¿autoridad o notoriedad? En días pasados me refería al dineral de la atención, así que no insistiré en lo que llena los medios y los bolsillos.

Me quedo, y encantado, con el autor del libro. Otro colega humano que no ve lo cotidiano desde la acera o el coche. Compañero de especie pero especialista en ángulos no practicados.
De Wikipedia,
en su último libro "Vidas desperdiciadas", Bauman nos habla sobre la producción de 'residuos humanos' —más concretamente de las poblaciones 'superfluas' de emigrantes, refugiados y demás parias— como una consecuencia inevitable de la modernización.

Cómo convivir con los otros ha sido un problema omnipresente de la sociedad occidental, y Bauman nos presenta las principales estrategias utilizadas: la separación del otro excluyéndolo (estrategia émica), la asimilación del otro despojándole de su otredad (estrategia fágica), y la invisibilización del otro que desaparece del mapa mental.

El resto de la entrada en wikipedia de Zygmunt Bauman

Aunque no le guste la etiqueta postmoderna, Bauman define la vida social como el anuncio de Bruce Lee. Una convivencia urgida, apresurada y maleada por las circunstancias, imprevisible y angustiándonos por prever y planificar un futuro azaroso (libro Vida Líquida). Pero aunque no le guste el nombre, de esta fluidez e inaprensión hablan, hasta la saciedad, los tardomodernos o postmodernos. Un tono que casi está en la explosión de los grandes relatos, en el informe sobre el saber de Jean-François Lyotard (1979). No sé si Bauman acepta o rechaza el utopismo moderno, que puede ser piedra de toque para sacar del equipo de pensadores de la postmodernidad.

A Bauman tampoco le gusta ser considerado uno de los líderes de la antiglobalización o de la alterglobalización. Pero su discurso sobre la identidad desvanecida, sus lecciones sobre los otros, no son casos aislados cuando cuenta cómo ve la sociedad. Parece muy alejado de la herencia del personalismo (Buber) o de la fenomenología (Lèvinas) en los primeros filósofos postmodernos franceses. Sus palabras, aunque le pese, suenan a deconstrucción (Derrida) o desenmascaran los simulacros de realidad (Baudrillard), por si no recuerdas, aquella hiperrealidad que se montan los medios de comunicación (las guerras televisadas), la ficción que nos cuenta lo que pasa según la conversación pública (con las máscaras del cotilleo y el rumor).
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