08 octubre 2007

Estudiar ¿para qué?

¿Por qué estudiamos menos de lo que deberíamos?

Porque con poco codo apruebas la mayoría de cursos.
Porque hemos venido a otras cosas, y en las aulas está mal visto seguir el diálogo del profesor, sugerir, saber preguntar. ¡Como te caigan las gafas de repelente ligas menos que la fea de la tele!
Porque los mejores trabajos no se ofrecen a los que saben, sino a quienes lucen moda y dan el pego.
Porque en esta sociedad hasta la apariencia de saber algo, lleva a sospechas.

Hay razones similares en la entrada y en los comentarios de ¿estudiamos? en el blog de Roberto Carballo.

Y por encima del qué dirán que es moneda corriente, para mí la más cruel de las razones culturales de nuestra vagancia intelectual creo que es la falta de experiencia.
No se cuántos han disfrutado del gustazo de admirarse, descubrir, sentir que recuperas la orientación cuando te encontrabas dando vueltas, perdido.
A veces no dura mucho, pero más largo que un orgasmo sí es.

2 comentarios:

Roberto Carballo dijo...

Gracias por tu comentario y referencia. Estoy en la línea de tus aportaciones, y además, he publicado otras dos entradas recientemente sobre el mismo tema, la última "Mammones..." sobre los jóvenes que siguen en casa de los padres después de los 30, que están vinculadas a las tesis de esa entrada que comentas. Un abrazo, Roberto Carballo (http://www.robertocarballo.com/)

Noemi dijo...

¿Por qué estudiamos menos de lo que debemos?
Porque solo con sentarnos frente a un libro un promedio de diez minutos nuestra imaginación se desborda y ya se nos ocurren cien cosas "mejores", o al menos más divertidas, que hacer.
Porque no tenemos el hábito de estudiar tan desarrollado como otros, por ejemplo el de salir un sábado, que no dejamos de hacer aunque tengamos fiebre, porque sabemos que es nuestra obligación.
Porque por una extraña razón, incluida en el apartado de misterios sin resolver, en cuanto nos ponemos a estudiar nos entra un hambre atroz, y claro, tenemos que rendirnos ante tal necesidad biológica, dejar el libro y ponernos a jalar un bocata. Además, una vez terminado el tentempié y retomada la lectura se apodera de nosotros una necesidad sobrenatural de ir al baño. Y para cuando volvemos al estudio, miramos el reloj, y sorprendidos vemos que llevamos cuatro horas "estudiando", así que nos merecemos un descanso no? Y ala, tararí que te ví, mañana es otro día.