23 junio 2008

googleando o sabiendo

No puedes dejar de lado a Google. Aunque un motor de búsqueda, por potente que fuera, jamás será toda la información.
Y menos aún la cultura (entrevista a Bárbara Cassin en La Nación, adn: es peligroso confundir cultura con información).
Las raíces griegas de la filósofa resuenan cuando clama por un saber integrado, armónico. Una amalgama, claro, no es conocimiento.
Pero Cassin no es famosa por obviedades. La directora del centro parisino de traducción lideró un equipo que sondeó los equívocos y las incomprensiones entre textos europeos de filosofía. Su diccionario de lo intraducible, viene a ser la frontera para una filosofía europea, y como otros límites, no deja de ser una posibilidad. Pero lo que no han unido los poetas, y los filósofos, menos aún lo unirán las máquinas, parece afirmar.
En los últimos meses se repiten entrevistas y comentarios en blogs sobre los riesgos de Google. No digo que no pueda meterse en la política o en la economía del calzado, por citar uno de sus ejemplos. Probablemente lo habrá hecho en alguna ocasión más que las conocidas (hablo de memoria Googleando y otros artículos, y no me preocupa la exactitud. Ya me corregirán si no era éste el ejemplo)
Me estimula que la Cassin, como otros intelectuales de su generación, extienda la Red en el inexacto mundo de la opinión (la doxa de los griegos). Podría decir comentarios, conversación y no ganarían valor nuestras redes y comunicaciones.
Navegamos, parece, por distintas redes. En las mías hay crítica diferencia, cuando pregunto a buscadores como en otras navegaciones y lecturas digitales.
Si saltamos al pasado, el filtro al saber era aún más estrecho. Y sin llegar a conocer muchas veces al mecenas, al patrocinador. Hoy nuestros enlaces, al menos en parte, están subrayados, la información comercial de pago viene en su color junto a nuestra pregunta, al correo, a mi red social. También se nota a quienes hacen de portavoces o les gusta la promoción.
Seguro que hoy es más difícil integrar, coordinar los sentidos de tanta información. Desde luego parece imposible si el filtrado y la coherencia ha de quedar sólo en las manos ("en la cabeza") de unas cuantas autoridades.

Llevo decenas de horas en las últimas semanas discutiendo sobre el valor de las humanidades y las ciencias sociales, en los actuales grados europeos, en los perfiles profesionales de la futura universidad.
Además de cansado, cada día estoy más lejos del mito de la cultura unitaria y abordable; pero no más cerca de la "cultura profesional" de la experiencia. De ningún modo me voy a quedar con lo que me dé Google, pero a quién se le puede ocurrir que resucitando a Protágoras o a cualquier otro, arreglamos.
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