10 abril 2008

claves de este mundo en el pasado

Con el catarro en el cuerpo el ordenador me cansa más y vuelvo al olor, al tacto y a las emociones del papel. Estoy con el primero de cuatro volúmenes de un compañero. La edición facsímil de una revista de agricultores del siglo pasado. Mi amigo y colega Benigno Fernández Salgado ha conseguido que la Xunta de Galicia publique El Agricultor, revista de agricultura, editada en Riotorto y la comarca entre 1907 y 1919 (en wikipedia en galego).
¿Por qué un buen profesor e investigador puede irse a otro país a trabajar durante muchos meses con una revista de agricultores? ¿Cuáles son las intuiciones de sentido y las claves de futuro que justificarían semejante entrega de tiempo y de vida?
Si conociéramos algo más de Thomas Jefferson o de Emiliano Zapata, del que casi sólo queda su grito: ¡Tierra y libertad!, si nos quedara vivo algo más de pasado, no resultaría tan extraño que alguien vuelva los ojos al agrarismo esperando encontrar respuestas.

Desde que salieron las leyes del sufragio universal masculino a finales del XIX, los políticos buscaron sucursales en el rural. Pero en unas décadas, algunas personas del rural tenían formación y posición como para dar estatutos a asociaciones campesinas. Si querían votos tendría que ser por unas condiciones de vida más dignas.
Las asociaciones ganaderas y agrarias crearon las comunidades locales en el interior de Galicia. Los grupos se fueron relacionando. Según cuenta Fernández Salgado, en torno a los comienzos de esta revista se nota una necesidad de información y de formación para realizar sus tareas agrícolas y sostener sus villas, aldeas, pueblos. La acción colectiva se debatió, como en otros agrarismos por el mundo, entre la reforma y la revolución, el dilema de décadas anteriores.
Con fuerte oposición de los partidos, de la iglesia y de las burguesías o simplemente caciques locales acarreadores de votos y de prebendas.
En esta sociedad de labradores y agricultores de Riotorto triunfó la moderación y las soluciones locales, pero ¿qué se ganó? Viajar a asambleas y mitines, conocer los del norte el sur y los de la costa el interior. En esta década nace la comunicación de masas en Galicia y probablemente también la idea más colectiva de pueblo que se había alcanzado hasta entonces.

En las páginas de esta obra, tan peligrosa ideología no es sino una propuesta de vida razonable en un entorno duro y bello, pero habitable si se respeta como fuente de salud y de riqueza. Poco rouseaunianismo, poca elegía, convencer unos pocos al resto de ensimismados ganaderos y labradores que se van abriendo y asociando tras muchos textos y esfuerzos. La medida de su poder en elecciones municipales, impulsora de las alianzas, será a fin de cuentas la que acabará con la aventura política de esta propuesta de vida a la altura del entorno y de las posibilidades.
Aquel fracaso asociativo es menor que el desastre derivado de la especialización y la industrialización desmesurada que ha cambiado tanto la vida del campo como la de la ciudad con un modelo ineficiente e insostenible de agricultura y de alimentación.
El urbanismo como filosofía se ha merendado el agrarismo pero no tiene mejores respuestas que estos modos de vida que fueron las mejores soluciones para su momento.
Hoy por cierto ni sabemos que existieron.
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