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03 mayo 2013

la vuelta al blog

Ayer tuve que entrar en una peleita en comentarios en FB. Desde que dejamos la costumbre de los foros nos aporreamos en cualquier lista de chat.
Tenía su enjundia que desde la emigración y desde el paro local se soportaran más o menos las lamentaciones del otrx. Discutimos por formas, pero el cabreo puede estar en el fondo.
Cuando tenemos trabajo, olvidamos dejar semillas de lo que hacemos. Al dejar de trabajar la vuelta al blog, a veces, se parece demasiado a las bitácoras de lamentos y emociones de hace 10 años. En el trabajo, en el que todavía sobrevive, queda poco espacio para el sentimiento.

Un blog, es tiempo, diario de vida, y por eso enlaces; que no le falten raíces y sueños.
El clima en que vivimos por años, lo que comimos.... como lo que amamos de nuestra cultura, viviendo entre otras o en la distancia. El medioambiente y la historia no son de libro, vienen en nuestros códigos. Desde luego que no somos exclusivamente un perfil profesional en una red social de contratables.

tecno - identidad
Los entornos radicales son el extremo del blog, representado por los analíticos como una flecha. Pues bien, en su punta tiene los sueños, los proyectos que también forman parte de nosotros por el aire y las ganas que nos dan de vivir intensamente. Apuntamos a un contexto que se puede hacer y desde luego está más cerca con nuestras palabras y atenciones.

En el eje sincrónico -para los cartesianos- puedes poner tus competencias, pero sin olvidar que "tu marca" son tus cualidades como persona, lo que te hacen amable y por lo que te enamoras de lxs demxs. Aunque destaquemos en una cualidad comunicativa también necesitamos de las demás: expresividad, análisis, intuición, conexión. Un porfolio profesional debe parecer equilibrado. En nuestro trabajo es conveniente tener condiciones creativas, maña con el análisis, experiencia en gestión y cualidad directiva, orientadora. Para prestar un servicio coherente y no sólo especializado a una organización o grupo. Y lo más importante, porque como personas es más difícil vivir a gusto y en armonía con los demás y la naturaleza sin raíces ni esperanzas. No sigo, que los blogs son agua, nunca quisieron ser depositarios de una antropología del blog.

05 mayo 2008

colonizando el aula (antropología para fin de curso)

Empiezo mi último mes de un curso, y... no me quiero levantar. Si no fuera el profesor...
Me desalienta que tantos festivos han roto el ritmo de un curso (no de los más "interactivos"). Así que ando filosofando sobre el movimiento. Mejor, a la busca de aquel atractivo ajeno que empuje, que anime. Algo que admirar, ¿qué? Con lo bien que se acaba cuesta abajo, a espaldas de lo sabido. Una imagen cultural enlazaría con lo que hablamos hace semanas.
No se me va de la cabeza que intentamos conocer más lo que amamos, así como amamos más fácilmente lo que conocemos. Pero ¿dónde anda, esta primavera (además) , el corazón perdío de mi centenar de jóvenes oyentes? Con tanta gente en el aula me siento como un colonizador de indígenas.

Me sirve la descripción del poeta quichua, antropólogo kitchwa y no sé si ministro ecuatoriano de educación, Ariruma Kowi (artículo, en “Ecuador: los desafíos éticos del presente”, editado por el Proyecto Etica Cívica y Cultura Democrática, del PNUD, el año 2000). Lo común y lo diverso, es uno de esos títulos cogidos (usado), un viejo conocido en navegación generalista. Buscando te lo topas, el tópico. ¿Se reproducen en el aula los errores de la colonización?

Los estudiantes aportan a un curso sus rutinas digitales, que normalmente carecen de fines o éstas se guían por sencillas reglas de juego y de netiqueta. Pero los profesores intentamos desplazar esas rutinas a otros usos, a pruebas de experimentación y descubrimiento. Nos encontramos con usos homogeneizados, colonizados por el ocio y los juegos. Para cambiar el sentido de estas prácticas hace falta una descolonización, recuperar los dispositivos y los soportes para nuevos sentidos.

En seguida nos encontramos con la diversidad cultural, no todos somos de la misma etnia, raza, etc. Sin diferencias, pobre era la unidad conseguida. Para que las minorías puedan recuperar su autoestima, han de caber en un Estado plurinacional, en el aula, con respeto y reconocimiento de la actividad educativa. Y así nos vemos en un nuevo vaivén pendular, de vuelta hacia la unidad, a la homogeneización, al menos en el anillo o el grupo enlazado. Sólo que más reducido, fragmentado.

Esta analítica de la sociedad y del sentido simplifica las clases, reduce las aulas. Pero en el proceso se nos escapa dónde está lo común, qué era lo que compartíamos antes de que nos impusieran un viejo o nuevo orden. Y ya que estamos con antropólogos, ¿dónde están las imágenes ancestrales, las raíces de la asociación en los grupos digitales? El uso de tecnologías en red con aprendizaje presencial y relación interpersonal lo tiene todo, para lo bueno y para lo malo del pre- y también del post-digital.

08 noviembre 2007

colonos digitales (mutaciones en la vida digital)

Seguimos a vueltas con los "nativos digitales". Hemos llegado hasta aquí con un concepto del siglo pasado, el de generación psicodemográfica. Y hemos intentado definir a aquellos naturales de la Red en ese contexto mental, es decir, por su edad y sus rasgos más o menos comunes, lo que llamamos generaciones digitales. Antes y después de Don Taspcott hemos querido simplificar los cambios que se pueden estar produciendo en un corte social casi global. Esta simplificación tiene interés para reducir la incertidumbre económica, política...

Una aportación de Juan Freire de hace unos días recoge y detalla los rasgos generales de los nativos digitales. Pero más que los aspectos generales, quiero fijar la atención en una parte de su glosa. Se deben considerar nativos digital, no sólo los nacidos digitales (Born Digital) sin los que además son usuarios digitales naturales (Living Digital, como ha propuesto Dave Weinberger Digital Settlers). La ventaja de hablar de colonos digitales, destruye la simplificación conseguida con los nativos digitales. Sólo una parte, pequeña o grande de los nativos digitales, se habitúan e integran rutinas digitales. Si volvemos al escenario de los usos, como a mi entender se han desarrollado las propuestas de aplicaciones e innovaciones en la web, nos volvemos a un escenario que se complica en pocos años. No parece sencillo distinguir en los nativos digitales unas aficiones digitales muy generalizadas. Y el número de aplicaciones y de modalidades de uso es de una extensión que difumina aún más las clasificaciones sociales.

Entre los que son aficionados iniciales (early adopters) tampoco es dónde más constancia se da, precisamente por su afán de probar cada novedad que salta a la Red. Creo que no es mal camino éste de enfocar la experiencia y la constancia digital. Pero entonces se nos mezclan las generaciones. Hay muchos veteranos, inmigrantes o separados digitales con un sentido más constante en sus rutinas. Es "en estos usuarios digitales de larga duración" donde debería ser más fácil distinguir la "nueva brecha digital" que mencionaba J. Freire. Aún perteneciendo a una generación digitalmente capaz y a un mundo que económicamente te lo permita, siguen dándose "jóvenes apocalípticos". No son anti-tecnológicos. Tienen sus mp3, móviles y cámaras. Pero con un consumo accesorio que no marca su experiencia ni sus rutinas.

La industria tecnológica nos viene acostumbrando a la obsolescencia de nuestros aparatos, y cada Navidad sacan en nuevo artilugio que manda al desván el regalo de Reyes, la estrella del consumo de las fiestas anteriores. Con una planificación, de moda, de temporada, el mercado tecnológico limita estos salvavidas conceptuales como las generaciones o los nativos digitales.

Hablar de eficiencia y satisfacción de los usuarios digitales (usabilidad) nos está llevando a tratar del valor y del capital inmaterial que se construye en digital. Las virtudes educativas y sociales sólo se pueden observar si algo resulta o queda de los usos digitales y se puede comparar y reconocer como mejor que lo que teníamos antes y en otras formas de comunicación y de aprendizaje.

Deberemos atender a "esos que han venido con intención de quedarse", a los colonos digitales, para comparar su trabajo y logros con el resto de miembros de su "generación". Aunque no tienen porqué pertenecer a la misma generación, ni ser reconocidos por los de su generación como "uno de los suyos".

Los rasgos comunes, incluso en el colono digital ocultan de cada un@ somos un nodo en muchas redes diferentes y que no representamos patrones similares en todas ellas. La identidad, la comunicación y el desarrollos personal viviendo también con las redes, pasan a ser polimóficas o facetadas y las caracterizaciones generales sólo describen las "apariencias externas", las formas nodales y no la variedad de usos y costumbres que cada un@ desarrollamos. No me alargo más en esta entrada, pero tendremos que seguirle dando vueltas.

26 octubre 2007

Fronteras (Jacinto Choza 2007)

Distribuyo en cinco entradas un artículo del catedrático de antropología filosófica Jacinto Choza pendiente de edición impresa. Me parece un texto de importancia.
1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados

Fronteras geográficas, sociológicas y metafísicas de
Jacinto Choza, Director del Seminario de las Tres Culturas, Universidad de Sevilla
fué presentado en Fundación CIDOB, Barcelona el jueves 20 septiembre de 2007.

Sé que la extensión supera un tiempo convencional de lectura en blog. También creo que su contenido merece esta excepción. Jacinto es amigo personal, pero creo que eso no merma un ápice lo que aquí afirma y critica. Para que a otros resulte más sencilla la lectura o situación en sus afirmaciones también he dedicado bastantes horas más a esta tarea, que a la selección y redacción diaria que acostumbro.

El año pasado, el profesor Choza me sugirió postear otro artículo titulado Comunicación Intercultural.

En algún otro blog hay textos suyos como este Elogio de los grandes sinvergüenzas, fragmento de su libro La supresión del pudor (1980).

Redes (Fronteras, 5, J. Choza)

1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados (Jacinto Choza 2007)

Si el derecho administrativo global puede hacerse cargo de las barreras y nudos de comunicación oficiales, y la historia cultural tanto de los oficiales como de los privados, la antropología cultural, y más específicamente la antropología urbana, se ocupa de las agrupaciones que no tienen ningún carácter oficial ni público, y que vertebran la sociedad del siglo XXI, mayoritariamente urbana, mediante esos canales de comunicación y de circulación de bienes y servicios, también con importantes funciones identitarias, que son la redes.
Las redes son las bandas urbanas de jóvenes latinos o europeos, las organizaciones de chinos y senegaleses que se ocupan de acoger a los inmigrantes, las ONGs de la más variada índole, los traficantes de droga, de blancas o de inmigrantes que carecen de redes propias. Pero también son redes los clubes de fútbol o de filatelia, los amigos del seat 600, o los de los dólmenes, los apóstoles del magnesio o los del yoga.
Las redes están incomunicadas entre sí. Por supuesto, las conocen las ONGs, el ministerio del interior, etc. pero están incomunicadas. Constituyen universos culturales incomunicados por unas fronteras más impenetrables que las nacionales, y que es la heterogeneidad.
Pero dentro de las redes hay sistemas de comunicación incontrolables: un gay puede ser del club del 600 y apóstol del magnesio, y, desde esta perspectiva, cada individuo es un nudo de comunicación (cfr Cucó Giner 2004). Con todo, hay individuos que son nudos más poderosos que otros, hay individuos networking , que son ellos mismos nudos de comunicaciones y profesionales de las conexiones, y otros muchos, la gran mayoría, que no tienen conciencia del potencial comunicativo de su interconexión y constituyen nudos sordos y ciegos, o nudos desactivados.
Los individuos con conciencia de su carácter nodal operan traspasando continuamente fronteras, o salvando el abismo de heterogeneidad que hay entre mundos incomunicados, tanto privada como pública y oficialmente, tanto en niveles cotidianos y domésticos, como en misiones oficiales de representación. Y tanto ellos como los que no tienen conciencia de su carácter nodal están continuamente expuestos a unas crisis de identidad que se salvan reconstruyendo la esencia humana en unos niveles inéditos, es decir, reelaborando práctica y teóricamente unos modelos de humanismo que se consolidan precariamente.

Si de nuevo Estrabón hiciera su periplo sobre ese territorio que describe como extendido en forma de piel de toro y con el enfoque propio de un geógrafo buscara dónde y cómo vive la gente, no adoptaría el criterio antiguo de dividir el espacio según los ríos y los valles separados por cordilleras, sino según los modos de vivir de los diferentes grupos humanos, lo cual ahora no se determina de modo relevante en términos de ríos,valles y montes. Podría decir que en una zona de esa piel de toro que los lugareños denominan Madrid, hay: 1) especuladores, 2) madridistas, 3) “sudacas” 4) mujeres, 5) aragoneses, 6) homosexuales, 7) pobres, 8) mayores de 65 años, 9) que se enfadan mucho cuando conducen, 10) macarras, 11) “personas normales”, 12) diabéticos, 13) funcionarios, 14) que no los quieren en ninguna parte, 15) inclasificables, 16) etcétera.
Como expuse en otro lugar (Choza 2002, pp 175 ss) , cada individuo vive en una pluralidad de escenarios sociales que comparten un espacio físico común. Esos escenarios pueden no estar relacionados entre sí y en cada uno puede representar a un personaje diferente. Los autores de esos papeles pueden ser, con diferente grado de participación, el individuo mismo, los símbolos que forman el campo de fuerzas escénico.
Y esta nueva situación plantea nuevos problemas a las representaciones del sí mismo: cuál de los personajes concuerda mejor con el actor, independientemente del autor que los haya generado, qué posibilidades y qué necesidades hay de unificación de los diferentes personajes, qué tipo de experiencia de sí mismo, de su ser, y qué modos de nombrarse a sí mismo, de autoidentificación, tiene el actor en esa refracción múltiple de su existencia, y otros de no menor relevancia (Berger - Luckmann, pp 216-227).
Pues, en efecto, a lo largo del día y de la semana un hombre puede vivir como padre de familia cuando desayuna, como empleado de banca en su ocupación habitual, como experto del billar o del poker en el café, como profesor de contabilidad en una academia, como comprometido socialista algunas tardes, como católico activo en la parroquia otras, como bético fervoroso algunos fines de semana, como cultivador de lechugas y tomates en su trozo de campo algunos otros, como diabético permanentemente, como marido celoso con frecuencia, etc.
Todo eso en el caso de un individuo socialmente integrado, en el supuesto de que se mantenga constante la definición y la realidad jurídica y sociológica de lo que actualmente se denomina “empleo”, en el supuesto de que la movilidad laboral o el desempleo no le fuercen a cambiar el repertorio de personajes que desempeña cada varios años, en el supuesto de que no cambie de cónyuge una o más veces en su vida y en el de que no cambie de padres o de hijos otras tantas. A su vez, una mujer puede tener un repertorio de papeles todavía más heterogéneos y más numerosos, y el conjunto de todas las mujeres puede ser igual de determinante que los hombres en la interpretación pública de la realidad.
Esos papeles pueden no ser contradictorios, sino simplemente heterogéneos, o bien ser culturalmente opuestos entre sí, y pueden ser estables durante largos periodos de la vida o cambiantes. En el caso de que la velocidad de alteración de esas panoplias de papeles supere un determinado umbral, que ciertamente en el paleolítico y en el neolítico era más bajo que en la posmodernidad, las categorías de sustancia, causa y tiempo interno pueden dejar de ser adecuadas para codificar la subjetividad humana y la dinámica social, y pasar a serlo más otras como las de función, juego o sistema.
La comunicación entre los individuos de distintos grupos se establece en base al conjunto de conocimientos que se denomina sentido común, pero ese sentido común es una tópica sometida a una creciente velocidad de cambio.
“Para vivir en esos suburbios llamados física, o Islam, o derecho, o música o socialismo, uno debe cumplir con ciertos requisitos específicos, pues no todas las viviendas tienen la misma majestuosidad. Pero para vivir en ese semi-suburbio llamado sentido común, donde las cosas están sans façon, uno sólo necesita poseer una conciencia lógica y práctica, como dice la vieja frase, a pesar de que esas respetables virtudes queden definidas en la ciudad particular del pensamiento y del lenguaje de la que uno es ciudadano” (Geertz, p114).
El ser humano posmoderno, postneolítico o postaxial no puede seguir comprendiéndose a sí mismo según la unidad y linealidad de las categorías de sustancia y causa, porque cada cultura tiene un tiempo interno diferente, porque cada una tiene su propio futuro y ya no sabemos quién es contemporáneo de quién. Todas las tribus no van en el mismo barco (Sloterdijk)
La diferencia entre comportamiento bueno y malo, que permitía en el planteamiento de Aristóteles alcanzar la unidad consigo mismo, ha dejado paso a una pluralidad de dimensiones heterogéneas de una misma biografía individual cuya integración no es simplemente asunto de la praxis ética. Por otra parte, la diferencia entre burgueses y proletarios, cuya superación daba lugar en el planteamiento de Marx a la unidad de la sociedad consigo misma, ha dejado paso a una pluralidad formada por mujeres, inmigrantes, homosexuales, pensionistas, etc., cuya integración tampoco es asunto del proceso dialéctico de supresión de clases sociales.
No se trata de que el individuo no tenga que construir su biografía, ni de que esa construcción no tenga carácter ético, sino de que el modo de construirla ha de hacerse cargo unitariamente de papeles heterogéneos y distantes, y de que la ética que entra en juego no es una sino múltiple (Cfr Charles Taylor 1996). Por otra parte, tampoco se trata de que la aspiración a superar las alienaciones no siga siendo un objetivo, o que el esquema marxista no sea aplicable a las alienaciones de algunos grupos (cfr A Valcárcel 1991), sino de que la heterogeneidad de grupos y sus alienaciones respectivas no puede ser resuelta en su conjunto según el esquema dialéctico.
La imposibilidad de hacerse cargo de los problemas nuevos con el sistema categorial antiguo es lo que se vivencia como quiebra de la modernidad y advenimiento de la era postaxial. Ello se expresa en la novela de Joyce y Kafka, en el teatro de Pirandello o en la poesía de Pessoa y Rilke (Choza 1991), elaboradas mientras el pensamiento filosófico tematizaba el mismo fenómeno en las obras de Weber, Husserl, Jaspers y Heidegger, y, Adorno y Horkheimer. Y posteriormente, la imposibilidad de proseguir el esquema dialéctico, en el que se habían integrado esquemas freudianos y estructuralistas, es lo que se ha vivenciado no menos aguda y dolorosamente y se ha expresado no menos brillantemente en el pensamiento postestructuralista y posmoderno.

Las redes constituyen una auténtica maraña en la que los individuos y los grupos luchan por constituirse, identificarse y sobrevivir, atravesando fronteras e integrando en ellos mismos elementos y factores que pertenecen a ámbitos heterogéneos.
Las identidades colectivas y las individuales requieren, en no pocos casos, y en no pocos niveles, redefinición, y, correlativamente también lo requieren las fronteras, pero a su vez, esas fronteras es preciso que sean sumamente porosas y transitables para no destruir a los individuos, a las familias (cualesquiera que sean los modelos a los que respondan) y a los grupos.

La mirada cosmopolita y la voluntad de fronteras abordan, en último término, la tarea de definir un nuevo humanismo, de establecer quiénes somos humanos y cuántos lo somos, en qué consiste serlo y qué medios se proveen para que todos los miembros de la especie lo alcancen.
Hay al menos dos niveles que requieren una atención de la máxima urgencia. El nivel estatal, en el que, mediante la ciudadanía, se garantizan y tutelan los derechos humanos para todos los individuos situados en un territorio, y el nivel doméstico, en el que, mediante la comunicación íntima se garantiza y se tutela la convivencia en la que los seres humanos se constituyen mediante los vínculos de certidumbre, confianza y dependencia.
De la ciudadanía se ocupan los estados, como se ha señalado en las ponencias anteriores, según pautas que han de ser renovadas respecto de las usadas en la modernidad, y de la intimidad doméstica se ocupan los propios individuos en las agrupaciones más elementales, familiares, flanqueados por redes privadas y redes publicas como empresas, municipios, iglesias, etc. también renovadas respecto de las provenientes de la modernidad.
De la consistencia y de la flexibilidad de esas fronteras depende que el hombre quede destruido, o que se logre la realización práctica y la formulación teórica de un nuevo humanismo.

Administración (fronteras, 4, J. Choza)

1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos. (Jacinto Choza 2007)
5.- Las redes. Barreras y nudos privados

En cierta ocasión John von Neumann, creador de la teoría de juegos entre otras aportaciones, declaró que había podido desarrollar esa investigación y publicar su Theory of games and economic behavior ('Teoría de juegos y comportamiento económico'), junto a Oskar Morgenstern, en 1944, gracias a que estaba colaborando con la IBM y trabajando en sus laboratorios, porque si hubiera estado solamente en la Universidad (en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, que es dónde estaba) no hubiera podido. Y no hubiera podido -continuaba- porque la delimitación administrativa de las disciplinas y los departamentos de investigación hace muy difícil, y a veces imposible, tomar elementos de la investigación y de los investigadores de otros departamentos para desarrollar los propios estudios.
Si esa afirmación la hace un profesor de una universidad americana, y, más en concreto, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, un profesor europeo la puede elevar al cubo. La organización de cualquier tipo de actividad, y la creación de los sistemas de administración, despliega capilarmente las potencialidades humanas y las especializa en aras de una eficacia imprescindible para el funcionamiento de las sociedades modernas. Como es sabido, el análisis de la génesis, desarrollo e implicaciones de la burocracia es la gran aportación de Max Weber a la sociología., y como él mismo señalara, el proceso se despliega en los mismos términos para la administración pública, el ejército, la iglesia, la empresa capitalista y el mundo académico ( Weber 2005, p. 716 y ss).
Pues bien, dentro de cada uno de esos ámbitos, la burocracia genera barreras insalvables a la vez que crea unos nudos de comunicación, a los que se le puede dar el nombre de públicos en la medida en que pertenecen a entidades con existencia oficialmente reconocida. Las barreras vienen dadas simplemente por las diferencias de ámbitos y, en su caso, de fueros, y los nudos de comunicación vienen dados mediante entidades e instituciones que comunican a esos ámbitos entre sí, como los sindicatos, las nunciaturas, los consejos sociales de los centros académicos, los consejos de administración de las empresas, etc.
Por otra parte, los ámbitos oficiales sancionados por la administración, son reforzados en sus fronteras por elaboraciones culturales que desde los ámbitos académicos, artísticos, deportivos, etc., van invadiendo el lenguaje ordinario y conformando el sentido común, hasta construir nuevas fronteras culturales particularmente espesas. Esas fronteras metales son las que separan a unos grupos humanos de los "otros", siendo los "otros" los orientales, los negros, los inmigrantes, las mujeres, los homosexuales, los malhechores, las masas, etc. El mundo académico, desde Foucault (2004) a Said (1999) y a Elias (1989) ha levantado acta de la constitución y la fuerza de tales fronteras.
La proliferación, a lo largo del siglo XX, de entidades oficiales a la que los individuos pertenecen, ha dado lugar a que la vinculación del individuo a la administración estatal sea poco determinante de sus actividades y de su identidad, y se haya producido una "deslocalización" de la actividad y la identidad individual.
La coexistencia en espacios geográficos comunes, y en espacios sociológicos heterogéneos, de diferentes agrupaciones de individuos y de diferentes grupos culturales, genera un tipo de barreras y un tipo de comunicaciones entre ellos, que unas veces da lugar a conflictos y otras a la constitución de comunidades prósperas.
En el ámbito religioso, la unidad de un espacio físico común a espacios sociológicos heterogéneos, induce a un diálogo interreligioso o a un ecumenismo pacífico, unas veces, y a nuevos conflictos de religión, otras (vid P Berger 1974, Gilles Kepel 1991, R Lauth 2004 y 2005). En el ámbito civil, igualmente se dan situaciones de marginación o comunidades multiculturales verdaderamete ejemplares (como Cerritos).
Además, el hecho de que las agrupaciones de individuos y el hecho de que las instituciones en las que se incardinan, como las iglesias, las empresas, las universidades, etc., tengan un carácter cada vez más supranacional, da lugar a que el principio de territorialidad con el que se inaugura la modernidad, el estado moderno y la nación moderna, entre en fase de obsolescencia. No es que se produzca una "deslocalización" de las empresas, del ejercito o de la banca, es que el principio moderno de territorialidad nacional va perdiendo vigencia paulatinamente.
En este sentido, la Unión Europa de los 27 países en el siglo XXI empieza a tener más semejanzas con la Europa pre-renacentista y pre-estatal que con la Europa moderna, y quizá más aún con las poblaciones pre-imperiales anteriores al segundo milenio aC.
En este sentido, los modelos americano, francés y británico de organización y gestión de la pluralidad cultural, son formulas de utilidad y eficacia diversa a la hora de gestionar la relación entre las culturas existentes en un territorio unificado bajo una misma administración estatal. Pero la diversidad y la dinámica de esas culturas otras veces hace saltar la unidad administrativa estatal, como ocurrió en la última década del siglo XX con la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia, y en la primera del siglo XXI con Bélgica.
En esta perspectiva la dinámica de la vida da lugar a la emergencia de nuevos campos de conocimiento como es el Derecho Administrativo Global, que se ocupa de las numerosas organizaciones supraestatales que regulan la actividad de entidades e individuos de diferentes localizaciones nacionales (Javier Barnés 2006).
El nuevo derecho administrativo estudia los cauces para regular relaciones globales entre grupos que no quedan suficientemente determinados por su localización nacional, y cuyas relaciones tampoco pertenecen al ámbito de las llamadas relaciones internacionales. Pero a pesar de que intenta la más fluida comunicación posible entre los individuos y los sistemas administrativos estatales y supraestatales, y a pesar de que intenta superar las formas antiguas de organización piramidal mediante las formas de organización reticular, por una parte, no siempre puede lograrlo, y, por otra, también genera barreras que oficialmente no pueden ser salvadas cuando sería conveniente hacerlo.
Por eso se da también una proliferación de barreras y nudos privados dentro del ámbito general de las redes.

identidades modernas (fronteras, 3, J. Choza)

1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas. (Jacinto Choza 2007)
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados

La determinación espacial de "Europa" coincide con la determinación temporal "Modernidad", de manera que ambos términos se constituyen como solidarios en virtud de la rigidez de las fronteras espaciales y temporales que se establecen en el siglo XV y XVI.. Con el nacimiento de la modernidad tiene lugar, también, la construcción de una gigantesca frontera temporal, que es la consolidación de la categoría “Renacimiento”, como una especie de telón de acero hacia tiempos anteriores.
La modernidad marca también el comienzo de la "edad oscura" islámica, el periodo de decadencia después del esplendor de los califatos de Bagdad y Córdoba durante el medievo. La islamización de Asia y la cristianización de América a partir del siglo XV, en cierta medida es percibida desde occidente como estancamiento económico, científico, técnico y cultural del Asia budista y confuciana, y del Asia islamizada, y como desarrollo económico y cultural de la América cristianizada.
Por eso puede decirse que hay una racionalidad moderna, o sea, europea, una racionalidad islámica y una racionalidad judía(J de Garay en Choza 2000), y, correlativamente, puede pensarse que la religión europea-occidental, la religión islámica y la religión judía, son más incomunicables culturalmente que religiosamente.
Las identidades culturales modernas contrastan fuertemente con las identidades antiguas. Sus factores constituyentes son más débiles, y por eso necesitan reforzarse más. Las identidades paleolíticas venían determinadas por la lengua y la religión, es decir, por el tótem, que determina la incardinación familiar y tribal. Las neolíticas y medievales, por los mismos factores y además por la organización política y la localidad, pero no por el país como territorio. En ese contexto, la identidad individual venía determinada genealógicamente y localmente, según el modelo romano del prenomen, nomen y cognomen, es decir, nombre, primer apellido, que denota la filiación, y segundo apellido que denota la localidad, como Gonzalo Fernández de Córdoba, es decir, Gonzalo, hijo de Fernando, de la localidad de Córdoba.
La frontera temporal que la modernidad establece respecto del pasado es correlativa del cambio a una mayor relevancia de la jurisdicción territorial, frente al papel más determinante de la jurisdicción personal en épocas precedentes, y de la constitución del modelo antropológico del self made man, del hombre que es hijo de sus obras, como el fraile mendicante que vive de lo que obtiene con su actividad de predicador (la limosna), como Don Quijote o como el sujeto cartesiano (H. Marín 1997, cap 2).
En la modernidad el hombre nuevo no se quiere definir por nada del pasado, y empieza de nuevo no solo su lengua, sino también la religión, que entonces es retrotraída al origen por los diferentes reformadores y contrarreformadores. Y precisamente una identidad nueva, en proceso de constitución y de autoafirmación, es lo suficientemente débil como para sentir la discrepancia y las diferencias permanentes como amenazas. La amenaza de la identidad es fuente de violencia en la modernidad con una virulencia muy intensa porque entonces la identidad es más débil y depende casi exclusivamente de los actos del individuo.
Las identidades nacionales y religiosas se fijan con la paz de Westfalia, pero eso no significa la consolidación de las identidades grupales e individuales, pues las matanzas entre católicos y protestantes se extienden en Francia a lo largo del siglo XVVIII, y, posteriormente, la lucha revolucionaria por la imposición del modelo del self made man se mantiene entrado el siglo XIX (N. Grimaldi en Choza 2000). Cuando la identidad individual y colectiva corta sus vínculos con el pasado y empieza desde cero, la religión o la ideología política, a veces identificadas o superpuestas, aparecen como el más importante de los factores identitarios.
No es que eso solo explique fenómenos como el de la noche de San Bartolomé, el terror de la Revolución francesa, las guerras carlistas en España o las matanzas en los Balcanes a finales del siglo XX, pero sí que representa una clave decisiva.

Las bifurcaciones y divergencias entre la cultura occidental y las restantes a partir de la frontera temporal del Renacimiento, da lugar a otro tipo de fronteras temporales, señaladas por Hegel en primer lugar y más tarde por Bloch, y que consiste en la no contemporaneidad de los grupos que viven al mismo tiempo en un mismo o en diferente territorio.
Este era, según Hegel, el caso de los españoles que rechazaron a José Bonaparte y la constitución liberal que les proponía, porque España y los españoles no estaban todavía maduros para una organización social como las que los franceses les proponían, es decir, porque la España y los españoles de 1802 no eran contemporáneos de Francia y los franceses de ese mismo tiempo.
Obviamente, el tiempo objetivo, el que se fija en cifras numéricas a partir de un punto cero, es el tiempo de una subjetividad colectiva, que determina el punto de partida y las unidades de medida, y el tiempo de las subjetividades colectivas, como el de las subjetividades individuales, varía mucho de unas a otras.
Después de haber establecido las barreras temporales del Renacimiento y de la no-contemporaneidad, la modernidad europea ideó un procedimiento para unificar mediante una clave temporal, las culturas de las agrupaciones sociales separadas por fronteras diversas. El procedimiento consistió en reducir los binomios lejos/cerca, inmorales/virtuosos, salvajes/civilizados, ellos/nosotros, al binomio antes/después, y en darle el nombre de evolución. Ellos, están lejos y son salvajes e inmorales, como éramos nosotros antes, pero con el paso del tiempo, llegarán a ser como nosotros somos ahora. Nosotros somos su después, su futuro, y significamos el progreso.
Aunque la postmodernidad ha cancelado buena parte de las suposiciones del evolucionismo cultural, no por eso deja de tener sentido hablar de la no contemporaneidad de los contemporáneos, como hace Bloch, e incluso en el sentido en que lo hacía Hegel. Cuando a finales del siglo XX Argelia rechazó, mediante referéndum, la constitución democrática que el gobierno le proponía, su situación podría describirse con las mismas palabras con que Hegel describía la de los españoles de comienzos del XIX. En la técnica, en la ciencia, en el derecho y en la administración cabe hablar de progreso, y en ese sentido hay barreras temporales entre unas culturas y otras, hay unas culturas más atrasadas que otras.
Por otra parte, hay dimensiones de la ciencia y la técnica, del derecho y la administración, no susceptibles de seriación temporal en un sentido unidireccional progresivo, y en relación con ellas, la incomunicabilidad entre las culturas es mucho más intensa que la producida por fronteras espaciales y las temporales, y es la de la heterogeneidad.
En cierto modo, los elementos separados por una barrera espacial o por una barrera temporal, pertenecen al mismo género, y por lo tanto tienen mucho en común. Los países están separados por unas fronteras que delimitan una nación de otra, pero las dos son naciones, las dos tienen estados, las dos pueden tener representación en la ONU, etc. Las barreras temporales señalan que los países más desarrollados y los menos tienen en común una misma línea histórica, pero eso significa que comparten una trayectoria tecnológica y científica, jurídica o administrativa, y eso ya indica la pertenencia a una clase común.
Pero ese no es el caso cuando se trata de grupos formados por indios, mineros, mujeres, homosexuales y terroristas, por ejemplo, y las sociedades postmodernas están formadas cada vez más por agrupaciones de tipos heterogéneos que escapan y sobrepasan a las administraciones de los estados. Entre estos grupos se da un tipo de barreras y de nudos de comunicación que son los que más estudio requieren en la sociedad del siglo XXI.

nacimiento de los Estados (fronteras, 2, Jacinto Choza 2007)

Jacinto Choza, 2007
1. Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados

El humanismo es la concepción del hombre propia de la cultura occidental, y desde su inicial formulación ha estado esencialmente vinculada al lenguaje primero, y al territorio después. Se inicia propiamente a partir del momento en que el hombre se define, por referencia al lenguaje, como animal que tiene lenguaje, Zoón échon lógon, animal rationalis, animal racional. Como ya se ha indicado, es por referencia a esta definición como se crea el vocablo bárbaro, que designa precisamente a los que no saben hablar y más bien balbucean, ba-ba-ba (García Gual 1998 en Thémata 23, 1999 texto no disponible)
En la época heroica, feudal, el ideal humano no se cifra en el dominio del lenguaje, sino en la fuerza física y en el valor. Ese es el héroe que ensalza Homero y el que canta Píndaro, y ese héroe puede medirse con cualquier forastero sin que se ponga en duda la igualdad de ambos. Ulises compite con los feacios en las mismas condiciones que con los pretendientes en lo que se refiere a igualdad de especie, porque en la época homérica los hombres todavía no son animales racionales, sino que son los que “suplican a los dioses y comen pan de trigo” (J. Choza y P. Choza, 1996). Correlativamente, todavía no hay bárbaros, todavía no hay “subespecies” inferiores a los hombres en cuanto que no saben hablar. De hecho, en el mundo homérico no se encuentra la palabra bárbaro y, en consonancia con ello, tampoco hay fronteras.
Pero cuando comienza el humanismo, la historia de la cultura occidental, y el hombre se define por el lenguaje, entonces empieza a haber semi-hombres o casi hombres, definidos así desde el punto de vista político y ético, y cuyo estatuto metafísico resulta problemático porque entonces las fronteras metafísicas están empezando a ser más netas que las geográficas y sociales, y más fiables.
Así Aristóteles establece una gradación de lo humano que va desde los bárbaros y esclavos (los esclavos son los bárbaros hechos prisioneros en guerra o en incursiones piratas) en la posición más lejana, pasando por los niños, que son hombres en potencia, las mujeres, que son varones frustrados, los campesinos y artesanos, hasta, finalmente, los hombres libres, que son los que hablan, es decir, los que toman los acuerdos sobre el gobierno de la ciudad, la polis.
Dentro del contexto socio-cultural de la Grecia clásica es donde Aristóteles hace su propuesta de humanismo, como despliegue de la tópica de la humanitas dentro de la polis desde el punto de vista ético educativo. Con ello no hace sino recoger reflexivamente lo que vive la sociedad ateniense y, en general, griega, y elaborarlo de un modo sistemático, y con ello sistematiza los valores éticos que tienen vigencia en su mundo. Hay una cierta correspondencia entre la tópica sociológica y política de la humanitas, tal como aparece en la Política, y tal como aparece en la Ética a Nicómaco, pero no es el momento de abundar en el tema.
En la historia de nuestra cultura, la propuesta siguiente a la griega es la de Roma. En ella es relevante el hecho de que Cicerón utilice la expresión el género humano, frente a Aristóteles, que utiliza la expresión todos los hombres. Indica que el romano tiene una idea de la unidad de la familia o de la estirpe humana, que el griego no tenía.
Por eso, “el ciudadano que es capaz de imponer a todos los demás, con el poder y la coacción de las leyes, lo que los filósofos con sus palabras, difícilmente pueden inculcar a unos pocos, debe ser más estimado que los maestros que enseñan tales cosas” (Cicerón, 1984, 37).
Pero entonces a eso ya no se le llama paideia, pedagogía ni educación. Ahora a ese proceso se le llama civilización o sencillamente humanización, al contenido y a las formas que se inventan y transmiten en su recorrido se le llama humanismo, y al ideal que se pretende alcanzar humanitas.
De este modo, en la perspectiva de Cicerón la paideia griega sufre algunas transformaciones relevantes. No es la enseñanza por la que se conduce a la excelencia a los varones nacidos libres, sino que es el proceso de la historia de Roma desde Rómulo y Numa hasta Julio Cesar y el propio Cicerón, y a lo largo del cual un grupo de salvajes es conducido hasta la forma más alta de civilización. Pero además, también a lo largo de ese proceso, todo el género humano es humanizado por el procedimiento de ser romanizado.
Grecia no tuvo una legitimación tan alta para la constitución de su imperio marítimo, porque no tenía la idea de la unidad del género humano, ni, por tanto, el ideal de una meta única para todos los hombres. Por eso helenizar, aunque era la cúspide de lo humano, no era una cúspide exigida por la naturaleza de todos los grupos sociales, ni un deber moral vinculante para los atenienses, como sí lo fue para Roma. Inicialmente el ius civile, el derecho de los ciudadanos romanos, no era el que debía reconocerse a los demás hombres, a los que se les reconocía su derecho propio, el ius gentium, pero a partir de la época imperial ambos convergieron hasta constituir uno y el mismo derecho.
Desde esta perspectiva, en la constitución de su imperio como único y universal, Roma alcanza, por primera y única vez en la historia, la congregación de todos los hombres bajo un mismo derecho y una misma lengua, y, correlativamente, la abolición de todas las fronteras. Algo que solo vuelve a intentarse en cierta manera, o sea, programáticamente, con la Declaración de Derechos Humanos de 1948.
Pero ya en otros territorios ajenos al imperio se han producido otras escisiones y han surgido otras fronteras, que vendrán a reproducirse dentro de él, y en la reconstrucción del mundo subsiguiente a la disolución del imperio.
En oriente medio, y más del mil años antes de que Grecia y Roma empezaran a existir, se produce la gran escisión entre los hijos de Abraham, Ismael hijo de Agar e Isaac hijo de Sara, que da lugar por una parte a los ismaelitas o agarenos, o sea los pueblos de cultura islámica, y los israelitas hijos de Isaac. Los primeros siempre conservaron memoria de su origen abrahámico y de sus vínculos con los descendientes de Isaac, mientras los segundos no, es decir,"Israel olvidó a Ismael" (R. Lauth 2004).
La otra gran escisión que se produce dentro del mundo israelita es la de los seguidores de Jesús, la de quienes le consideran como el Cristo. A su vez, una parte de los cristianos se despliega por el mundo romano y, sobre las ruinas del imperio, constituye el cristianismo como religión de la cultura occidental y de la naciente Europa, y como religión que a su vez se olvida de los hijos de Ismael y de las otras ramas de cristianismo no paulinas.
El modelo de la humanitas romana, con su sentido de la universalidad, es recogido por el cristianismo paulino, que reproduce la dicotomía griego-bárbaro y romano-gentil en la forma de la dicotomía fiel-infiel. La plenitud de lo humano se sigue encontrando igual que antes en la participación en lo divino, pero ahora en lo divino hay una peculiar exigencia de llevar a todos los infieles a esa plenitud, exigencia que se denomina salvación o redención, lo cual no se había dado en Grecia, y se había esbozado en Roma con un sentido más bien civil que religioso, y, por eso, menos perentorio y menos vinculante.
El nacimiento de Europa y la consolidación de la cultura occidental, es la creación de otras nuevas fronteras. Al este de Roma, en Constantinopla, están los herejes (los que pervierten la fe), al sur, en África y oriente medio, los infieles (los hijos de Ismael), dentro de Europa, pero con un estatuto jurídico diferente del de los súbdito, están los pérfidos judíos (los que rechazaron la fe), y al oeste, en América, los paganos (los que nunca supieron nada de la verdadera fe) (Choza 2000 y en prensa).
Ésta es la gradación geográfica, sociológica y política de lo humano, que los estudiosos de Aristóteles se esfuerzan por compaginar con su metafísica porque en épocas posteriores las definiciones metafísicas eran las más relevantes. Así, en la polémica del siglo XVI entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda sobre el carácter humano y personal de los indios americanos, el punto de referencia es la metafísica: si los indios son personas ontológicamente, entonces tienen un derecho de propiedad como los demás fieles, pero no si no son personas (Ginés de Sepúlveda, 1987).
Para el propio Aristóteles la definición metafísica de hombre no tenía tanta relevancia como la tuvo después (H. Marín 1997, cap 1), ni tantas implicaciones jurídico-políticas, pero a partir de siglo XVI empezaron a tenerlas. Porque entonces es cuando empiezan a constituirse de un modo férreo las fronteras espaciales, territoriales. Precisamente en el momento en que emergen nuevas fronteras lingüísticas con el nacimiento de las lenguas modernas europeas, y nuevas fronteras religiosas, con la fragmentación del cristianismo paulino resultante del cisma de occidente. Las fronteras religiosas y lingüísticas, que como observa Maquiavelo constituyen las determinaciones más fuertes de la identidad de los grupos sociales, y habían existido desde la más remota antigüedad, se reforzaron con fronteras geográficas, territoriales y administrativas, cosa que no había ocurrido antes. Ahora los límites entre lo humano, lo divino y lo satánico, entre lo real y lo irreal, entre lo bueno y lo malo, entre lo posible y lo imposible, entre lo sucio y lo limpio, se levantan como demarcaciones territoriales. Ahora los dioses y los demonios, luchan entre sí con saña.
Las fronteras entre el imperio otomano y el de los Augsburgo, y en general, entre el cristianismo y el islam, son también unas fronteras que producen divergencias y bifurcaciones en los caminos de la ciencia, el derecho, las diversas técnicas, etc., entre Europa y el resto del mundo.
Por su parte, dentro de Europa, con el nacimiento del estado moderno es cuando se produce el cambio de la jurisdicción personal, característica del medievo, a la jurisdicción territorial. La máxima consolidación de las fronteras que conoce la historia de occidente, y en general, la historia, tiene lugar en la paz de Westfalia de l648, con su aplicación del antiguo principio "cuius regis eius religio" (según la religión del rey, así la de los súbditos), y con el establecimiento del principio de no ingerencia en los asuntos internos de cada país. Dicho principio se mantiene con la excepción, en 1999, de la intervención militar de los Estados Unidos en Kosovo, con la aprobación moral de la comunidad internacional y de Kofi Annan para evitar el genocidio de los musulmanes de aquel territorio.
La modernidad es el gran periodo de las fronteras en la historia de la cultura occidental, porque el estado moderno se constituye y se desarrolla sobre un sentido muy rígido de ellas, y la modernidad en general también. Tanto es así que crea también unas fronteras temporales completamente impenetrables.

fronteras culturales (fronteras, 1, Jacinto Choza 2007)

1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados

En el seminario CIDOB del pasado 9 de marzo de 2007, bajo el tema marco Ausencia de fronteras: la mirada cosmopolita, los profesores Beck, Delanty e Innerarity presentaban el horizonte del cosmopolitismo como el más prometedor entre las estrecheces de los nacionalismos y el caos de la globalización, mientras que la doctora Švob-Ðokiæ avisaba de los riesgos de la disolución de las identidades individuales y colectivas. Por su parte, el profesor Robins, en la línea de trabajo de Ulrich Beck, señalaba las posibilidades de un cosmopolitismo metodológico.
En el presente seminario, dentro del tema marco Voluntad de frontera: consideraciones identitarias y expresiones de alteridad, esta sesión sobre fronteras geográficas, sociológicas y metafísicas, tiene como objetivo mostrar, en un pequeño recorrido histórico, momentos en los que se han constituido diversas barreras de incomunicación y diversos nudos de comunicación, con la intención de que se puedan extraer de esos cuadros alguna enseñanza, tanto para las prácticas de una política cosmopolita como para la constitución de nuevas formas de identidad.

Para empezar, es conveniente recordar ahora que la emergencia y diversificación de las lenguas marcan el nacimiento de las primeras fronteras y de las primeras determinaciones de la identidad.
En no pocas culturas paleolíticas la palabra que se usa para decir hombre es la misma que se utiliza para designar a la propia tribu. Así mundurucu y comanche significa a la vez hombre y miembro de la tribu de los mundurucu o de los comanches. Correlativamente, los que no pertenecen a la propia tribu son frecuentemente designados con una palabra que significa no ser hombreo no saber hablar como es el caso de término griego bárbaro, o con una palabra que significa a la vez extranjero y enemigo, como es el caso del vocablo latino hostes.
Al ponerse nombre, los grupos humanos se definen a sí mismos, e identifican a los que excluyen. De esta manera se define y se delimita quienes son seres humanos y quiénes no, y en qué consiste serlo. Pero ese trabajo nunca esta definitivamente concluido, pues hay que volverlo a hacer cada vez que se producen cambios culturales de máxima envergadura, como es el de comienzos del siglo XXI.
Por eso en las últimas décadas del siglo XX, cuando la conciencia del cambio de época es más viva, hay tanta Antropología filosófica, tantas descripciones de la situación del hombre y de lo humano y tanta reflexión sobre ello. El mundo moderno ha quedado atrás y el mundo nuevo aún no se ha configurado y hay que configurarlo, por lo cual vivimos en una situación de indefinición, de preludio y de cambio de una envergadura semejante a la de comienzos del neolítico o de comienzos de la edad media.
En los momentos de consolidación de la revolución neolítica, Ulises vive en un mundo poblado de dioses, ninfas, cíclopes, sirenas, magas, gigantes, antropófagos, adivinos, desconocidos, enemigos y compatriotas, en un mundo en el cual las fronteras entre lo humano y lo sobrehumano, lo natural, lo sobrenatural y lo demoníaco, lo real y lo ficticio, no están trazadas y tiene que establecerlas él.
Tras el hundimiento del mundo antiguo, en los momentos del medievo en que se gestan el mundo cristiano y el mundo moderno, Parsifal habita también en un universo repleto de arcángeles, demonios, ogros, gnomos, elfos, brujas, y almas en pena, donde la frontera entre lo humano, lo divino y lo satánico tiene que trazarla él mismo para saber quién es y dónde está.
Nosotros nos encontramos también en un escenario en el que pululan mentes electrónicas, robots, animales artificiales patentados, replicantes, clónicos, transgénicos, trasplantados, extraterrestres, hombres virtuales, y quizá emergentes espíritus de montañas y bosques, todos los cuales disuelven las fronteras cuidadosamente levantadas desde el siglo XVI o quizá desde el siglo V antes de Cristo.
Tales fronteras nos permitían distinguir entre lo natural, lo sobrenatural y lo antinatural, lo real y lo imaginario, lo humano y lo extrahumano, pero tras los cambios científicos y técnicos del último siglo se han hecho inoperantes. Se han quedado anticuadas y ya no orientan, y por eso nos vemos obligados a dibujar otras nuevas para saber quiénes somos nosotros, dónde vivimos, y quiénes son ellos, los no humanos, cómo son y dónde viven.
Las viejas fronteras mantenían un mundo bien definido y seguramente interpretado, pero cuando ese orden establecido y su correspondiente metafísica se disuelven, hay que recurrir de nuevo a los criterios inmediatos de la geografía para diferenciar entre terrestres y extraterrestres, los que están aquí y los que están allí, o a los de la sociología para distinguir a los que suplican a los dioses de los que no. Se percibe entonces que las fronteras metafísicas y las sociológicas son, en su punto de partida, fronteras geográficas.
La frontera geográfica entre lo humano y lo extrahumano estuvo un tiempo en los confines del Mediterráneo, en ese lugar que los griegos llamaron Tartesos y los árabes Al-Andalus. Donde Hércules había puesto sus dos columnas para sujetar la bóveda del cielo y donde moría cada tarde el sol devorado por las sombras e impotente para vencerlas después de su carrera olímpica por el firmamento. Allí se encontraba el paso por el que Ulises había bajado al Hades infernal.
Posteriormente estuvo en medio del Atlántico, donde los hombres del medievo decían que se abría la catarata que precipitaba en el abismo a los que osaban alejarse de las costas seguras, donde habían muerto sin que se volviera a saber de ellos todos los que habían tenido la osadía de querer saber y de creer que podían enfrentarse al caos.
En nuestros días, también nuestros relatos mitológicos que emergen en el cine y en la literatura , hablan de unos límites donde el hombre arriesga todo su ser, de ese punto en que la ciencia y la técnica hacen frontera con la moral y la religión, y que la más conocida de nuestras epopeyas, La guerra de las Galaxias, denomina el reverso tenebroso de la fuerza.
La geografía y la cosmología de cada época dibujan siempre sobre sus cartas los lugares donde la tierra se une con el cielo y con el infierno. El cielo es la suprema felicidad prometida y esperada y el infierno la inversión de todo lo noble y bueno en su más pavoroso contrario.
Las fronteras son en sus inicios, y siempre, fronteras culturales. Posteriormente es cuando se constituyen como fronteras geográficas, cuando los sistemas administrativos organizan la vida social según las decisiones políticas.

02 abril 2007

Tendencias del siglo XXI: valores abiertos (Bindé)

Daniel López Salort en Konvergencias presenta a Jérôme Bindé autor del informe mundial de la UNESCO Hacia las sociedades del conocimiento (pdf del libro, 240 págs). Bindé escribió sobre valores (recensión, francés) y ahora dirige la oficina para la prospección educación, ciencia y cultura.

El libro ¿A dónde van los valores? comienza discutiendo dos posiciones éticas postmodernas.
La postura de Gianni Vattimo y Arjun Appadurai, más bien en la línea del consenso y el acuerdo. En favor de los valores ganadores, resultantes, etc.
La otra postura, más expuesta por Jean Baudrillard y algunas sociologías previas de la cultura, mira el momento desde la vida de la cultura, la fase del ciclo en que se encuentra, para repetir que en el momento álgido, cuando la cultura se mundializa e impera, acaba de firmar su finiquito, su pase a la monumentalización. Y en ese estado no hay reactivación posible. Sólo le queda la sustitución, total o parcial por otras culturas, hasta su muerte por éxito de divulgación.

Por lo que dicen citas y referencias indirectas el texto repasa lo más granado de las teorías éticas entrando directamente a los conflictos y las propuestas divergentes. En la búsqueda de una salida parece que propone partir de una revisión del Contrato Natural para hablar de un formulación del Contrato Cultural y de respeto a la biodiversidad cultural.

Recoge L. Salort en Konvergencias sus palabras en una entrevista para el Diario La Nación. Al desdibujarse las diferencias entre infancia, juventud y madurez, conviven durante más tiempo deseos que antes se consideraban cumplidos al pasar a la siguiente edad. La comunicación además multiplica los valores y propone o informa de otros nuevos. Con un saldo en general relativizador. No podemos enterrar valores simplemente por su antigüedad. Perderíamos sentido. Tampoco podemos dejarnos llevar por los impulsos e intuiciones, a veces simples modas.

En ese difícil equilibrio de conservación, restauración, apertura e innovación, la familia y la escuela deben actualizarse. Cada vez debemos responder de más cosas, no sólo de nuestras influencias y adopciones, de lo que hacemos y del presente. Además debemos anticipar escenarios de futuro, incluir las consecuencias posibles, de las que de algún modo también podamos ser responsables. No hay un final de etapa de aprendiz, de informado, competente. La ética acoge una actitud y convencimiento central en las personas, pero también un diálogo, una información y una apertura que no puede cerrar capítulos como resueltos para siempre y para cualquiera.

Parece que desde los griegos hemos racionalizado casi todo y que la ética no es un ejercicio más sencillo que otras ciencias. A pesar de su complejidad, la ética se considera en la base de las orientaciones: de la educación, de la ciencia, de la cultura, pero también de la tecnología, de las costumbres, de la vida social y personal. No sé valorar el peso del racionalismo filosófico u otras implicaciones y sinergias que afecten a la cúpula de la UNESCO.

Bindé señala los principales problemas y las tendencias más notables en estos comienzos del siglo XXI: Diez tendencias del Siglo XXI a partir del consejo ejecutivo en el grupo de la UNESCO, 159 ex/39, mayo junio 2000, 55 pags, pdf castellano)

14 marzo 2007

La tiranía de la técnica

El catedrático de antropología Pedro Gomez García habla sobre el sinsentido de la técnica y nuestras obligaciones con ella, en uno de sus temas de doctorado en la U. Granada.
Génesis y apocalipsis de la técnica: de la hominización a la tecnocracia destructiva.

Expone que el homo faber no está biológicamente determinado. Son la técnica y la cultura quienes nos educan y nos integran en una sociedad. Después repasa las tesis clásicas de la evolución y el impacto de la técnología desde la revolución neolítica a la revolución industrial. En este última revolución primero fue la tecnología semimecanizada (la época del vapor de 1750 a 1830), luego la técnología mecanizada (de 1850 a 1919 el acero y los motores con la química) y desde 1945, la tecnología automatizada con la energía nuclear, la automatización y la teleinformática.

No es muy preciso hablar de una etapa pre-técnica, porque todo en una cultura tiene algo de artificial, de elaborado por la capacidad simbólica de los seres humanos.
También puede darse una relación desequilibrada, podemos ser dominados por la técnología en principio hecha por nosotros y para nosotros. Sigue a Max Horkheimer (1969:22) en su definición de tecnocrácia: cuando en el desarrollo de nuestro poder con ampliaciones tecnológicas hemos perdido el alma, el fin, la orientación. Quedamos alienados, separados del sentido utilizando nuestros mismos logros.

La critica de los frankfurtianos a la razón instrumental nos avisa de que naturaleza, sociedad y personas pueden quedar reducidas a objetos a meras cosas con el devenir irracional de la tecnología.

Quizá suscribamos también otras citas de Gómez García. Como la de R. Garaudy (1979: 49) cuando describe la barbarie de la civilización occidental, el racionalismo cientista tecnocrático que embrute a la persona y desnaturaliza el mundo. O como acaba Mitológicas de Lévy-Strauss, "antepongamos «el mundo antes que la vida, la vida antes que el hombre, el respeto a los otros antes que el amor propio».

En esta antropología la tarea es integrar el conocimiento en una más amplia y congruente sabiduría. Subordinar nuestras urgencias y pasiones a fines generales, a los sentidos comunes que deberían orientar nuestro conocimiento y nuestros actos.

17 enero 2007

autoridades sin montera

Esperaré a que el maestro Antonio Fumero (suerte con las elecciones) termine su lectura de Vida Líquida. En sus páginas el mártir se convierte en héroe para acabar en nuestros días como celebridad. Esperaré a que resuelva más dudas de lectura sobre si la cultura es un escenario parado, si sólo está hecha de las grande obras de arte (haute culture) o si la gestión tiene papel en la construcción cultural. Escribe sus notas para seguir pensando cual prima ¿autoridad o notoriedad? En días pasados me refería al dineral de la atención, así que no insistiré en lo que llena los medios y los bolsillos.

Me quedo, y encantado, con el autor del libro. Otro colega humano que no ve lo cotidiano desde la acera o el coche. Compañero de especie pero especialista en ángulos no practicados.
De Wikipedia,
en su último libro "Vidas desperdiciadas", Bauman nos habla sobre la producción de 'residuos humanos' —más concretamente de las poblaciones 'superfluas' de emigrantes, refugiados y demás parias— como una consecuencia inevitable de la modernización.

Cómo convivir con los otros ha sido un problema omnipresente de la sociedad occidental, y Bauman nos presenta las principales estrategias utilizadas: la separación del otro excluyéndolo (estrategia émica), la asimilación del otro despojándole de su otredad (estrategia fágica), y la invisibilización del otro que desaparece del mapa mental.

El resto de la entrada en wikipedia de Zygmunt Bauman

Aunque no le guste la etiqueta postmoderna, Bauman define la vida social como el anuncio de Bruce Lee. Una convivencia urgida, apresurada y maleada por las circunstancias, imprevisible y angustiándonos por prever y planificar un futuro azaroso (libro Vida Líquida). Pero aunque no le guste el nombre, de esta fluidez e inaprensión hablan, hasta la saciedad, los tardomodernos o postmodernos. Un tono que casi está en la explosión de los grandes relatos, en el informe sobre el saber de Jean-François Lyotard (1979). No sé si Bauman acepta o rechaza el utopismo moderno, que puede ser piedra de toque para sacar del equipo de pensadores de la postmodernidad.

A Bauman tampoco le gusta ser considerado uno de los líderes de la antiglobalización o de la alterglobalización. Pero su discurso sobre la identidad desvanecida, sus lecciones sobre los otros, no son casos aislados cuando cuenta cómo ve la sociedad. Parece muy alejado de la herencia del personalismo (Buber) o de la fenomenología (Lèvinas) en los primeros filósofos postmodernos franceses. Sus palabras, aunque le pese, suenan a deconstrucción (Derrida) o desenmascaran los simulacros de realidad (Baudrillard), por si no recuerdas, aquella hiperrealidad que se montan los medios de comunicación (las guerras televisadas), la ficción que nos cuenta lo que pasa según la conversación pública (con las máscaras del cotilleo y el rumor).

04 enero 2007

Nomos contra Logos (al hilo de Ph. Quéau)

El teórico de la realidad virtual y otros asuntos antropológicos que nos afectan, Philippe Quéau, tiene un último artículo en su blog Metaxu para ejemplificar la complicada política contemporánea del poder. Deconstruyo su texto Le nomos contre le logos a partir del mismo binomio etimológico:

Nomos, es raíz griega de la ley la costumbre. Pero junto a otros muchos derivados, también es orígen de nómada, los que toman posesión de la tierra.

Logos extiende el legado ateniense de la lengua y de la razón. Llega a relación, religión, lugar...

Entender los conflictos de poder y de culturas en términos legales o de tradiciones, es trabajar con los restos modernos de nuestra antigüedad griega. Pero la lucha por el territorio ya no sirve como clave explicativa. Perdió su fuerza semántica tras el colonialismo y las guerras mundiales. Y desapareción como imperio de la norma (norma para imperios) cuando se rompió la frontera USA / CCCP, al desaparecer la Unión Soviética.

Parece más acertado enfocar la nueva geopolítica hacia los territorios simbólicos. El mundo de los medios y el mercado son campos de enfrentamiento de cosmovisiones, y de religiones... Quizá porque nuestras creencias venían abusando del racionalismo moderno cada vez menos creíble, ahora en las industrias de la palabra se desdibujan los mapas normativos, los territorios anteriores de poder.

No doy particular valor al péndulo o al binómio Nomos / Logos, pero aporta una imagen, un escenario para un nuevo periodo de comunicación, en el que se han de tender los puentes para distribuir y controlar las formas de poder que se van gestando.

No he deconstruido tanto a Ph. Quéau. Coincido con él en que el Nomos se defiende y se revuelve en sus privilegios sintiendo su pérdida de poder. Cada tiene menos capacidad de convicción, de razón frente a otros Logos.

16 noviembre 2006

Comunicación intercultural (Jacinto Choza)

Mi maestro y amigo Jacinto Choza (ficha en SISIUS de la U. de Sevilla) me cartea este texto, en sus palabras, "porque a lo mejor va bien y le sirve a otros."

Me encanta, y mi cabeza le encandila por nuevos derroteros, como con muchos otros escritos suyos. Pero yo ya estaba ganado de antemano, vosotras/os diréis.

(Lo fragmento en cinco partes para facilitar la lectura en pantalla, el texto es lineal, sucesivo y queda enlazado al final de cada apartado)

1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.

1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria (Jacinto Choza)

La cultura es el conjunto de acciones y expresiones mediante las cuales damos sentido a la realidad, mediante las cuales la nombramos, la utilizamos y la transformamos. Por eso cultura es “mundo”. La adquisición de la cultura, en este sentido del término, que también se denomina “socialización primaria”, es la salida del estado “natural” para acceder al estado propiamente humano. Sin esa socialización primaria las “crías” de humanos permanecerían en estado “animal”, o en estado “salvaje”, como es el caso de los niños criados por animales y crecidos lejos de los cuidados humanos.

En esa primera fase de la educación se vive en la cultura propia como si fuera la única, la absoluta, de manera que lo diferente se experimenta como extraño, hostil, peligroso y malo. Por otra parte, en ese periodo se vivencia el mundo, el lenguaje, el sentido de las cosas, como evidente, inmediato y, por eso, indudable. En ella se comparte el mundo casi al 100% con los del mismo grupo, y entonces la comunicación, la comprensión del sentido de las acciones y expresiones, es transparente. En esa fase la cultura es el medio específico de la comunicación.
Se comparten los mismos valores, el mismo sentido común, las mismas apreciaciones estéticas y éticas, una buena parte de las aspiraciones económicas y políticas, y se establece la propia identidad, individual y colectiva, mediante el mismo repertorio de símbolos. Símbolos religiosos, patrióticos, económicos.

La segunda etapa del proceso formativo es lo que se denomina socialización secundaria. En ella no se trata ya de aprender a hablar, a valorar y a comportarse como los demás, como “todo el mundo”. Se inician entonces procesos de formación diferenciados, que requieren ya una profesionalidad de los formadores. Uno de esos procesos es el de la formación humanística. La formación humanística, conduce a vivir lo propio particular como particular, y no como universal, que es como la socialización primaria lo transmite. A la vez, conduce a vivir lo ajeno como propio, mediante el aprendizaje de lenguas y culturas de otros pueblos. Eso es lo que propiamente se llama “formación” en la tradición de la filosofía alemana desde Kant hasta Hegel.

Se hace así posible el paso desde una pluralidad de culturas particulares a un ámbito universal de comunicación, y con eso se llega a la universalidad y amplitud propia del espíritu humano. Esta amplitud en cierto modo supera la pluralidad de las culturas particulares y permite mediar entre ellas a través de traducciones, interpretaciones, acuerdos, pactos, intercambios, etc.

A su vez, el acceso a la universalidad del espíritu humano es el resultado de un cierto cosmopolitismo que arranca a los individuos de su matriz, de sus raíces culturales, y los coloca en una cierta situación de desarraigo.
Fuente (pro manuscrito): Jacinto Choza Armenta, comunicación intercultural, sevilla 2006

1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.

2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo (Jacinto Choza)

El acceso del individuo particular a la universalidad y al espíritu, ¿tiene que pasar necesariamente por el desarraigo? Podría decirse y pensarse que la formación humanística puede no ser traumática, o que no tiene por qué serlo. Pero, de hecho, los que conocemos en la cultura occidental como humanistas fueron disidentes en su propia cultura. Querían abrirse a otras culturas y no tuvieron más remedio que hacerlo porque vivían en otras culturas, y vivían en otras porque las suyas le resultaban estrechas u hostiles, o ambas cosas, porque les exiliaron. Con todo, la formación humanística podría no ser traumática, sino placentera y reconfortante.

En cualquier caso, siempre hay que salir de lo propio, porque lo propio siempre se queda pequeño. La infancia se le queda pequeña al adolescente, la adolescencia se le queda pequeña al joven, la juventud se le queda pequeña al adulto maduro, y la madurez se le queda pequeña al anciano.

Pero también puede ocurrir que lo propio se quede pequeño porque la estrecha relación entre las culturas ponga de manifiesto que la propia cultura es inferior las vecinas en el orden técnico, económico y científico, y que el espíritu que crece necesita para ampliarse el trasplante a ellas, el tránsito a una tierra de promisión, donde las posibilidades humanas propias y de los familiares se expanda.

Entonces se produce el éxodo, las migraciones, con grave riesgo de la propia vida, como ocurrió con Abraham y los suyos, Ulises y sus hombres, Eneas y sus acompañantes, y recientemente a Elia Kazan, “El rebelde de la anatolia”, a Fátima Mernisi y a Amin Maalouf y sus compatriotas.

Por diferentes y distantes que puedan parecer estos seis casos, hay similitudes entre todos ellos.¿Quiénes son esos fugitivos? ¿A donde van?

En épocas y culturas donde la identidad se establece por la ascendencia genealógica (apellidos) y por el lugar de nacimiento y residencia, un emigrante no es nadie, es un vagabundo, un pordiosero, un mendigo.

Los inmigrantes no son nadie. Nadie les espera en el sitio al que van, nadie puede dar razón de ellos. Tampoco saben si van a quedarse o van de paso. Son sombras, casi fantasmas.

Ulises dice de sí mismo que es nadie, y tiene que ganarse una identidad en el sitio al que llega, aunque sea un sitio al que vuelve. Y mientras tanto, habita en la desesperación del desarraigo.

Su mente se ha dilatado, es un hombre universal, su espíritu lo ha visto todo y, ¿lo ha comprendido todo? Comprende lo que son los humanos, pero ¿es eso lo que el hombre necesita máximamente, saber, conocerlo todo, recorrer el mundo, bajar a los infiernos y subir a hablar con los dioses? ¿No necesita más volver a casa?, pero ¿donde podría encontrar ahora su casa? Ulises la encuentra donde estaba, pero ¿y Abraham?, ¿y Eneas?, ¿y Abderraman?




Fuente (pro manuscrito): Jacinto Choza Armenta, comunicación intercultural, sevilla 2006

1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.

3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo (Jacinto Choza)

Cuando no se es nadie y se está desesperado, por lo menos hay un punto de referencia al que se puede volver. A la antigua casa del padre, a los antiguos dioses, a la antigua lengua, al antiguo mundo. Pero cuando tampoco se puede porque todo eso no existe en el mundo real, sino solamente en el recuerdo, se es una mente sin hogar[1],

Ulises, mientras es vagabundo, sabe quién es porque la diosa Atenea le acompaña y le habla, Eneas sabe quien es porque lleva consigo a su padre Anquises y tiene presente que nació de Venus, el pueblo elegido sabe quién es en la cautividad de Babilonia porque los profetas les ayudan a rezar lejos de su templo y de su monte santo mediante su predicación.

La religión es el refugio de los vagabundos porque los dioses no viven en territorio amurallado, guardado por soldados fronterizos. Son la referencia segura porque están en el origen, más allá, están donde nace el origen, donde nace la luz, como se le repite a Job una y otra vez. Cuando los hombres se quedan suspendidos entre el cielo y la tierra, sin ningún punto de apoyo, no pueden recurrir a nadie:

“...y ya saben los astutos animales que no nos sentimos muy seguros en casa, dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días; nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció, y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento lleno de espacio cósmico nos roe la cara.”[2]

No hay mundo, no hay lenguaje, no hay comunicación . ¿De qué mundo va a hablar, y con quienes?, ¿qué sentido tienen las acciones, las cosas, las palabras? ¿quiénes se lo dieron?, ¿cómo? Entonces los dioses brindan un refugio pobre, estrecho, casi inhóspito. Como los padres de los cuentos de Grimm que abandonan a los niños en el bosque porque no pueden alimentarlos, los dioses arrojan al mundo a unos hijos porque tampoco pueden darles de vivir, darles futuro.

El hombre, pobre, se crispa contra sus dioses, y quiere ser nada con ellos en un amor desesperado, deseando a veces la muerte, como en tantas ocasiones le ocurría a Ulises, o a los profetas. Una referencia desesperada a los dioses.

Yo no se quien soy, no soy nada, no soy nadie, pero el Dios de antes del origen y de después del futuro es mi Dios, y yo ahí soy yo.

El hombre entonces ensaya acciones que se refieren a más allá del origen y a más allá del futuro, en las que se juega la vida y con frecuencia la pierde.

Porque el futuro no es el territorio de los dioses propios. Es el territorio de los dioses ajenos, de las otras culturas, y es donde quiero y tengo que realizarme como hombre, en un mundo por completo ajeno a mi identidad.

Para ser yo mismo tengo que realizar acciones en un mundo en el que no soy nadie como siendo nadie, y a la vez tengo que mantenerme como elegido de los dioses de antes del origen y de después del futuro, como elegido de unos dioses completamente desconocidos y como incognoscibles en el mundo en que tengo que actuar.

¿A quién le puedo contar quién soy?, ¿quién me puede comprender?, ¿quién soy realmente? No se trata solo de una incomunicación con los demás, se trata, sobre todo, de una incomunicación con uno mismo, de estar incomunicado de sí mismo.



[1] P. Berger, Un mundo sin hogar (modernización y conciencia), Sal Terrae, Santander, 1979.

[2] R.M. Rilke, Elegías de Duino, Primera Elegía, versión de Jaime Ferrero Alemparte