16 noviembre 2006

y 5. Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación (Jacinto Choza)

Existen los nuevos ricos, los nuevos demócratas, los nuevos europeos, los nuevos americanos, en el sentido un tanto peyorativo de quienes no saben serlo o no lo son realmente, de un modo genuino o adecuado.

Anualmente los nuevos europeos cruzan Francia y España y hacen enormes colas en Algeciras para volver a sus casas. Anualmente los irlandeses desfilan por las avenidas de Manhattan celebrando el Saint Patrik Day, y los italianos hacen lo mismo celebrando el Columbus Day. Unas cuantas veces en la vida los americanos oriundos de Turquía peregrinan a su tierra de origen, lo mismo que los escandinavos, eslavos, anglosajones, latinos, musulmanes, etc. Y basta con presenciar los desfiles de los diferentes días nacionales, y festejar unas cuantas veces el Thanks Giving Day para percibir que todos ellos se sienten muy latinos, o eslavos, o escandinavos o islámicos, sintiéndose a la vez muy americanos. Esos no son los “nuevos” americanos, sino los americanos de verdad. Sin embargo, no es demasiado extraño oírle a alguno de ellos “si yo empezara a vivir otra vez, no abandonaría Sicilia”.

Se puede ser nuevo y “falso” europeo y americano, y se puede ser nuevo y verdadero africano, como quizá lo fueron Lawrence de Arabia e Isak Dinensen. Pero estos dos son casos aislados. Lo más importante y relevante para el momento actual es si ahora Abraham, Ulises, Eneas, y Abderramán pueden ser buenos europeos y buenos americanos, sintiéndose y siendo también buenos iraquíes, buenos griegos, buenos turcos y buenos sirios. Sintiendo que sus dioses no se quedaron lejos, antes del origen y después del futuro, sino que les acompañaron a los nuevos mundos, y, como los padres de los cuentos de Grimm, se reunieron con sus hijos al terminar las aventuras en el bosque.

El problema es que no hay identidad sin incomunicabilidad, sin diferencia radical, sin origen exclusivo, sin raíces únicas. Y no hay comunidad y comunicación en un mundo como el nuestro sin igualdad, sin una cierta unidad de sentido común, sin una cierta participación concorde en formas de valoración económica, ética, jurídica y política.

Hay diversos modos de afirmar la propia exclusividad, como las peregrinaciones al lugar de origen, a los santuarios de los antepasados, y la celebración de las fiestas propias en territorios ajenos, que acaban así colonizándose para lo propio y abriendose a lo ajeno. Hay también modelos diferentes de integración intercultural. Algunos de ellos implican una intensa comunicación intercultural, y otro no, pero todos implican la participación en sistemas simbólicos comunes.

En todos los modelos se pueden alcanzar niveles satisfactorios de identidad personal y grupal, aunque en todos los modelos se producen también alienaciones y degradaciones intensas.

En toda tarea política, educativa o comunicativa, el objetivo es minimizar el daño, individualizando los puntos por donde más se producen, y los puntos por donde se alcanzan los mayores beneficios en términos de integridad humana.

Junto a eso, el gran factor importante en la comunicación y en la integración de las comunidades, y en la realización de la identidad personal y grupal es el tiempo.

Los españoles necesitaron más de cien años y cuatro guerra civiles para pasar de una forma de vida tradicionalista y grupal, a una forma de vida democrática e individual. Si esa es la trayectoria evolutiva de las sociedades humanas a corto y medio plazo, puede ser que los argelinos necesiten también un tiempo prolongado, aunque, por el momento, está siendo menos cruento que el que necesitaron los españoles.


Fuente (pro manuscripto): Jacinto Choza Armenta, comunicación intercultural, sevilla 2006

1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.

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