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21 agosto 2008

Lo mejor del verano

Tener tiempo. Dedicarlo cómo y cuándo quieres.
Lo que me ha dejado un placer más duradero ha sido un libro, un ensayo.
En el mundo interior del capital de

No soy objetivo porque me gusta el autor, con frases de excelente bloguero.
Puede que en algunos párrafos tengas que volver atrás, leer algo de nuevo.
No caes en la cuenta y casi no te crees lo que has leído.
Dejo el libro mirando los árboles junto al río Avia.Peter Sloterdijk.
Cuando coincido, más o menos, puedo seguir leyendo.
Pero esperando qué nuevas consecuencias derivarán de cada descubrimiento.

No encontré lo que buscaba, el subtítulo: una teoría filosófica de la globalización.Tampoco debe ser posible una filosofía del presente-futuro. Ni siquiera en un ensayo.
Lo que sí es: una excelente filosofía de la modernidad, del embarrancamiento postmoderno. Una filosofía de la historia, del espacio. Desde las idealizaciones bajomedievales y las conquistas renacentistas. Una teoría de los mundos, de los Estados, de las propiedades. No sólo recupera la mejor crítica neofrankfurtiana o los toques existencialistas y nihilistas. Se planta en la experiencia, la coherencia y la sinceridad. Una fenomenología sin miedo a expresarse.

Aunque me gustan algunas cosas de las que escribe de Sloterdijk el colega Adolfo Vásquez Roca creo que la visión académica yerra. No me parece un recuperador del cinismo. Más cínico soy yo. Sloterdijk no deja de desenmascarar el cinisomo escondido en el conformismo, en la pragmática falsa de la ideologías que encarnan nuestras instituciones y corporaciones. No lo supone. Mira, comprueba y sin reparos lo dice. Menos descarnado que un bloguero caliente. Pero con la misma contundencia y calado.

Además leí posts, buenos y malos. Nada comparable con la colección de relatos breves que engarza la inteligencia comprometida en el mundo interior del capital, en ese mundo en que vivimos casi sin darnos cuenta.
En próximos días, tras cuatro días en La costa de la muerte intentaré comentar algunos de esos buenos momentos y recuerdos de este libro. (Foto Delvis, CC Flickr)

23 junio 2008

googleando o sabiendo

No puedes dejar de lado a Google. Aunque un motor de búsqueda, por potente que fuera, jamás será toda la información.
Y menos aún la cultura (entrevista a Bárbara Cassin en La Nación, adn: es peligroso confundir cultura con información).
Las raíces griegas de la filósofa resuenan cuando clama por un saber integrado, armónico. Una amalgama, claro, no es conocimiento.
Pero Cassin no es famosa por obviedades. La directora del centro parisino de traducción lideró un equipo que sondeó los equívocos y las incomprensiones entre textos europeos de filosofía. Su diccionario de lo intraducible, viene a ser la frontera para una filosofía europea, y como otros límites, no deja de ser una posibilidad. Pero lo que no han unido los poetas, y los filósofos, menos aún lo unirán las máquinas, parece afirmar.
En los últimos meses se repiten entrevistas y comentarios en blogs sobre los riesgos de Google. No digo que no pueda meterse en la política o en la economía del calzado, por citar uno de sus ejemplos. Probablemente lo habrá hecho en alguna ocasión más que las conocidas (hablo de memoria Googleando y otros artículos, y no me preocupa la exactitud. Ya me corregirán si no era éste el ejemplo)
Me estimula que la Cassin, como otros intelectuales de su generación, extienda la Red en el inexacto mundo de la opinión (la doxa de los griegos). Podría decir comentarios, conversación y no ganarían valor nuestras redes y comunicaciones.
Navegamos, parece, por distintas redes. En las mías hay crítica diferencia, cuando pregunto a buscadores como en otras navegaciones y lecturas digitales.
Si saltamos al pasado, el filtro al saber era aún más estrecho. Y sin llegar a conocer muchas veces al mecenas, al patrocinador. Hoy nuestros enlaces, al menos en parte, están subrayados, la información comercial de pago viene en su color junto a nuestra pregunta, al correo, a mi red social. También se nota a quienes hacen de portavoces o les gusta la promoción.
Seguro que hoy es más difícil integrar, coordinar los sentidos de tanta información. Desde luego parece imposible si el filtrado y la coherencia ha de quedar sólo en las manos ("en la cabeza") de unas cuantas autoridades.

Llevo decenas de horas en las últimas semanas discutiendo sobre el valor de las humanidades y las ciencias sociales, en los actuales grados europeos, en los perfiles profesionales de la futura universidad.
Además de cansado, cada día estoy más lejos del mito de la cultura unitaria y abordable; pero no más cerca de la "cultura profesional" de la experiencia. De ningún modo me voy a quedar con lo que me dé Google, pero a quién se le puede ocurrir que resucitando a Protágoras o a cualquier otro, arreglamos.

29 abril 2008

más perlas de André Gorz

  • Uno de los temas recurrentes en sus obras, es la desaparición de la noción de trabajo como valor. Usted dice que eso es bueno. -Potencialmente.

  • -Para los que buscan trabajo, resulta difícil comprender esa desaparición. ¿Cómo se les explica que el trabajo no es tan importante? -No es la manera acertada de abordar la cuestión. Lo que está en vías de desaparición es el trabajo asalariado a nivel de tiempo completo y garantía de larga duración. Eso es un hecho. Ya hemos avanzado mucho en esa abolición del trabajo-empleo. No digo del trabajo en sentido filosófico, en el sentido de transformación del medio ambiente, de realización de uno mismo, de producción de cosas con la mano y la cabeza. Eso existirá siempre.

  • -¿Nos convertiremos todos en trabajadores temporarios?

  • -El trabajo asalariado está en vías de desaparición como base principal para construir la propia vida, una identidad social, un futuro personal. Pero tomar conciencia de este hecho tiene un alcance esencialmente subversivo, pues mientras a la gente se le diga: su trabajo es la base de la vida, es el fundamento de la sociedad, es el principio de la cohesión social, no hay más sociedad posible que ésa, con lo cual la gente se vuelve psicológica, política y socialmente dependiente del empleo. Por lo tanto, se fuerza a los individuos a tratar de conseguir a toda costa uno de esos empleos cada vez menos frecuentes. Y cuanto más lo hacen, mayor poder ganan los empleadores sobre ellos. El discurso sobre el carácter central del trabajo, sobre la perpetuidad de la sociedad laboral, de la sociedad salarial, tiene una función de estrategia de poder de parte de la burguesía, del capital y de los empleadores.

    (...)
    • Sólo que, como usted señala, ese saber evoluciona tan rápido que se devalúa en un santiamén.
    -Espere, espere. Ese capital saber no tiene propiedad privada posible. Decir que el capital fijo es principalmente el capital humano, el capital saber, significa decir que los verdaderos dueños de la riqueza de la empresa son los que tienen el saber, pero no el capital materia, el capital maquinaria. Según la lógica de la evolución actual, de la revolución de la información, hay una desmaterialización cada vez más rápida del capital. También se da, forzosamente, por parte de los dueños del capital material, los que hasta ahora se denominaban capitalistas, un intento de captar para ellos ese capital saber que no es susceptible de apropiación privada.
    • ¿Cómo?
    -La mejor manera de captarlo, es recortarlo en franjas y mantener a los que actualmente tienen una parte de ese capital- saber en una dependencia, recortando ese saber en rodajas e impidiéndoles renovarlo tan rápido como para que se vuelva obsoleto. Normalmente, si miramos la economía de la información, la economía inmaterial desde el punto de vista de su totalidad, la prioridad debería ser permitir que todos adquieran el máximo de capacidades intelectuales, idiomáticas, comunicativas, de relación; poner a todos en condiciones de renovar y asimilar permanentemente aspectos cada vez más amplios, cada vez más cambiantes del saber que se desarrolla.


    Entrevista a André Gorz, fundador de la ecología política, en Antroposmoderno (reproducción d el diario Clarín, descarga del texto completo traducido)

    Referencia provocada por el artículo nos amaremos después de la muerte (en El País) sugerido por Tíscar.

    10 abril 2008

    claves de este mundo en el pasado

    Con el catarro en el cuerpo el ordenador me cansa más y vuelvo al olor, al tacto y a las emociones del papel. Estoy con el primero de cuatro volúmenes de un compañero. La edición facsímil de una revista de agricultores del siglo pasado. Mi amigo y colega Benigno Fernández Salgado ha conseguido que la Xunta de Galicia publique El Agricultor, revista de agricultura, editada en Riotorto y la comarca entre 1907 y 1919 (en wikipedia en galego).
    ¿Por qué un buen profesor e investigador puede irse a otro país a trabajar durante muchos meses con una revista de agricultores? ¿Cuáles son las intuiciones de sentido y las claves de futuro que justificarían semejante entrega de tiempo y de vida?
    Si conociéramos algo más de Thomas Jefferson o de Emiliano Zapata, del que casi sólo queda su grito: ¡Tierra y libertad!, si nos quedara vivo algo más de pasado, no resultaría tan extraño que alguien vuelva los ojos al agrarismo esperando encontrar respuestas.

    Desde que salieron las leyes del sufragio universal masculino a finales del XIX, los políticos buscaron sucursales en el rural. Pero en unas décadas, algunas personas del rural tenían formación y posición como para dar estatutos a asociaciones campesinas. Si querían votos tendría que ser por unas condiciones de vida más dignas.
    Las asociaciones ganaderas y agrarias crearon las comunidades locales en el interior de Galicia. Los grupos se fueron relacionando. Según cuenta Fernández Salgado, en torno a los comienzos de esta revista se nota una necesidad de información y de formación para realizar sus tareas agrícolas y sostener sus villas, aldeas, pueblos. La acción colectiva se debatió, como en otros agrarismos por el mundo, entre la reforma y la revolución, el dilema de décadas anteriores.
    Con fuerte oposición de los partidos, de la iglesia y de las burguesías o simplemente caciques locales acarreadores de votos y de prebendas.
    En esta sociedad de labradores y agricultores de Riotorto triunfó la moderación y las soluciones locales, pero ¿qué se ganó? Viajar a asambleas y mitines, conocer los del norte el sur y los de la costa el interior. En esta década nace la comunicación de masas en Galicia y probablemente también la idea más colectiva de pueblo que se había alcanzado hasta entonces.

    En las páginas de esta obra, tan peligrosa ideología no es sino una propuesta de vida razonable en un entorno duro y bello, pero habitable si se respeta como fuente de salud y de riqueza. Poco rouseaunianismo, poca elegía, convencer unos pocos al resto de ensimismados ganaderos y labradores que se van abriendo y asociando tras muchos textos y esfuerzos. La medida de su poder en elecciones municipales, impulsora de las alianzas, será a fin de cuentas la que acabará con la aventura política de esta propuesta de vida a la altura del entorno y de las posibilidades.
    Aquel fracaso asociativo es menor que el desastre derivado de la especialización y la industrialización desmesurada que ha cambiado tanto la vida del campo como la de la ciudad con un modelo ineficiente e insostenible de agricultura y de alimentación.
    El urbanismo como filosofía se ha merendado el agrarismo pero no tiene mejores respuestas que estos modos de vida que fueron las mejores soluciones para su momento.
    Hoy por cierto ni sabemos que existieron.

    25 marzo 2008

    Realismos fallidos

    Tengo también pendiente agradecer a Lydia Sánchez Gómez de la Univ. de Barcelona su esfuerzo por conseguir introducir un panel sobre teoría de la comunicación en el próximo congreso de la asociación europea de investigadores de la comunicación que se celebrará en Barcelona (ECREA-2008). Aunque hace tiempo que no pensaba en los realismos , como esa era la propuesta para una mesa de 6 ponentes, preparé mi resumen de 400 palabras (en castellano e inglés) sobre la confianza en el horizonte intelectual que nos sirven las tradiciones investigadoras. Finalmente no va a incluirse este panel pero ahí quedan esas líneas y mi agradecimiento.

    07 enero 2008

    ¿En qué ha cambiado tu manera de pensar?


    When thinking changes your mind, that's philosophy.
    When God changes your mind, that's faith.
    When facts change your mind, that's science.



    WHAT HAVE YOU CHANGED YOUR MIND ABOUT? WHY?



    Uno de los retos intelectuales para 2008 y se publicará al final de año.


    160 científicos ya han contestado en Edge.org sobre sus nuevas evidencias, los cambios por nuevas percepciones de datos. Un revulsivo a las rutinas intelectuales.


    Webs filosóficas y religiosas se podrían preguntar las cuestiones previas que preceden a esta tercera. Da la impresión de que algunos científicos no piensan que en estos cambios también ha cambiado mentalidad y creencia. Curiosa separación de mundos.


    Fue la inspiración inicial del año y se la debo a John Mackenzie.

    11 noviembre 2007

    Esfera pública ¿digital?

    Por lo menos entre los investigadores de comunicación, se suele plantear desde hace años si no se puede "ajustar" a la actualidad el concepto de esfera pública, propuesto por J. Habermas, y que suele salir en los medios y en las conversaciones.
    Una de las versiones más exitosas, no sé si la más general, entiende que esa esfera es el espacio social en que se forma la opinión pública por acción de los medios de comunicación y de las industrias culturales (en línea con la tradición de la Escuela de Frankfurt que estamos recordando en otro de mis cursos).
    Creo que entendemos que Howard Rheingold cambiara sus clases en Bekeley y pasara algunas horas de autopista para oir a Habermas en Stanford y plantearle la pregunta en el aire.
    Rheingold se muestra muy insatisfecho con la idea de Internet en el anciano filósofo, porque sin ajustar los rasgos digitales de la esfera pública, tampoco aplaza el debate ni ofrece líneas para seguir con la cuestión. No es el primero ni el único intelectual al que le pasa algo parecido. Pero disculpo algo más que Rheingold la evasiva. En las coordenadas en las que formula Habermas el consenso o la teoría de la acción no hay muchos paralelismo con la capacidad individual que median las tecnologías actuales de información y comunicación. Los caracteres generales que los sociólogos atribuían a grupos o colectivos no son directamente aplicables a las redes sociales o comunidades virtuales. Podemos empeñarnos en actualizar fragmentos del pensamiento anterior o preferir las nuevas terminologías para los nuevos fenómenos. Pero unos y otros deben terminar entendiéndose, por coherencia y para salvar la comunicación entre culturas diferentes. Pero la tarea es ardua y no se le puede pedir a quien no tiene experiencia del otro lado. Otros gurús de la Internet actual han quedado en experiencias anteriores a usos más actuales de las redes. Reunir destrezas en ambos mundos puede ser algo apresurado todavía. Podemos seguir usando categorías semi-nuevas como la de comunidad virtual de Rheingold manteniendo la pregunta por su parecido con los conceptos y modelos societarios anteriores. Ya sólo con la pregunta mantenemos una mínima comunicación entre los dos mundo intelectuales, el culturalista y el digital. Y en beneficio de ambos.

    26 octubre 2007

    Fronteras (Jacinto Choza 2007)

    Distribuyo en cinco entradas un artículo del catedrático de antropología filosófica Jacinto Choza pendiente de edición impresa. Me parece un texto de importancia.
    1.- Las fronteras culturales
    2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
    3.- Fronteras temporales e identidades modernas
    4.- La administración. Barreras y nudos públicos
    5.- Las redes. Barreras y nudos privados

    Fronteras geográficas, sociológicas y metafísicas de
    Jacinto Choza, Director del Seminario de las Tres Culturas, Universidad de Sevilla
    fué presentado en Fundación CIDOB, Barcelona el jueves 20 septiembre de 2007.

    Sé que la extensión supera un tiempo convencional de lectura en blog. También creo que su contenido merece esta excepción. Jacinto es amigo personal, pero creo que eso no merma un ápice lo que aquí afirma y critica. Para que a otros resulte más sencilla la lectura o situación en sus afirmaciones también he dedicado bastantes horas más a esta tarea, que a la selección y redacción diaria que acostumbro.

    El año pasado, el profesor Choza me sugirió postear otro artículo titulado Comunicación Intercultural.

    En algún otro blog hay textos suyos como este Elogio de los grandes sinvergüenzas, fragmento de su libro La supresión del pudor (1980).

    Redes (Fronteras, 5, J. Choza)

    1.- Las fronteras culturales
    2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
    3.- Fronteras temporales e identidades modernas
    4.- La administración. Barreras y nudos públicos
    5.- Las redes. Barreras y nudos privados (Jacinto Choza 2007)

    Si el derecho administrativo global puede hacerse cargo de las barreras y nudos de comunicación oficiales, y la historia cultural tanto de los oficiales como de los privados, la antropología cultural, y más específicamente la antropología urbana, se ocupa de las agrupaciones que no tienen ningún carácter oficial ni público, y que vertebran la sociedad del siglo XXI, mayoritariamente urbana, mediante esos canales de comunicación y de circulación de bienes y servicios, también con importantes funciones identitarias, que son la redes.
    Las redes son las bandas urbanas de jóvenes latinos o europeos, las organizaciones de chinos y senegaleses que se ocupan de acoger a los inmigrantes, las ONGs de la más variada índole, los traficantes de droga, de blancas o de inmigrantes que carecen de redes propias. Pero también son redes los clubes de fútbol o de filatelia, los amigos del seat 600, o los de los dólmenes, los apóstoles del magnesio o los del yoga.
    Las redes están incomunicadas entre sí. Por supuesto, las conocen las ONGs, el ministerio del interior, etc. pero están incomunicadas. Constituyen universos culturales incomunicados por unas fronteras más impenetrables que las nacionales, y que es la heterogeneidad.
    Pero dentro de las redes hay sistemas de comunicación incontrolables: un gay puede ser del club del 600 y apóstol del magnesio, y, desde esta perspectiva, cada individuo es un nudo de comunicación (cfr Cucó Giner 2004). Con todo, hay individuos que son nudos más poderosos que otros, hay individuos networking , que son ellos mismos nudos de comunicaciones y profesionales de las conexiones, y otros muchos, la gran mayoría, que no tienen conciencia del potencial comunicativo de su interconexión y constituyen nudos sordos y ciegos, o nudos desactivados.
    Los individuos con conciencia de su carácter nodal operan traspasando continuamente fronteras, o salvando el abismo de heterogeneidad que hay entre mundos incomunicados, tanto privada como pública y oficialmente, tanto en niveles cotidianos y domésticos, como en misiones oficiales de representación. Y tanto ellos como los que no tienen conciencia de su carácter nodal están continuamente expuestos a unas crisis de identidad que se salvan reconstruyendo la esencia humana en unos niveles inéditos, es decir, reelaborando práctica y teóricamente unos modelos de humanismo que se consolidan precariamente.

    Si de nuevo Estrabón hiciera su periplo sobre ese territorio que describe como extendido en forma de piel de toro y con el enfoque propio de un geógrafo buscara dónde y cómo vive la gente, no adoptaría el criterio antiguo de dividir el espacio según los ríos y los valles separados por cordilleras, sino según los modos de vivir de los diferentes grupos humanos, lo cual ahora no se determina de modo relevante en términos de ríos,valles y montes. Podría decir que en una zona de esa piel de toro que los lugareños denominan Madrid, hay: 1) especuladores, 2) madridistas, 3) “sudacas” 4) mujeres, 5) aragoneses, 6) homosexuales, 7) pobres, 8) mayores de 65 años, 9) que se enfadan mucho cuando conducen, 10) macarras, 11) “personas normales”, 12) diabéticos, 13) funcionarios, 14) que no los quieren en ninguna parte, 15) inclasificables, 16) etcétera.
    Como expuse en otro lugar (Choza 2002, pp 175 ss) , cada individuo vive en una pluralidad de escenarios sociales que comparten un espacio físico común. Esos escenarios pueden no estar relacionados entre sí y en cada uno puede representar a un personaje diferente. Los autores de esos papeles pueden ser, con diferente grado de participación, el individuo mismo, los símbolos que forman el campo de fuerzas escénico.
    Y esta nueva situación plantea nuevos problemas a las representaciones del sí mismo: cuál de los personajes concuerda mejor con el actor, independientemente del autor que los haya generado, qué posibilidades y qué necesidades hay de unificación de los diferentes personajes, qué tipo de experiencia de sí mismo, de su ser, y qué modos de nombrarse a sí mismo, de autoidentificación, tiene el actor en esa refracción múltiple de su existencia, y otros de no menor relevancia (Berger - Luckmann, pp 216-227).
    Pues, en efecto, a lo largo del día y de la semana un hombre puede vivir como padre de familia cuando desayuna, como empleado de banca en su ocupación habitual, como experto del billar o del poker en el café, como profesor de contabilidad en una academia, como comprometido socialista algunas tardes, como católico activo en la parroquia otras, como bético fervoroso algunos fines de semana, como cultivador de lechugas y tomates en su trozo de campo algunos otros, como diabético permanentemente, como marido celoso con frecuencia, etc.
    Todo eso en el caso de un individuo socialmente integrado, en el supuesto de que se mantenga constante la definición y la realidad jurídica y sociológica de lo que actualmente se denomina “empleo”, en el supuesto de que la movilidad laboral o el desempleo no le fuercen a cambiar el repertorio de personajes que desempeña cada varios años, en el supuesto de que no cambie de cónyuge una o más veces en su vida y en el de que no cambie de padres o de hijos otras tantas. A su vez, una mujer puede tener un repertorio de papeles todavía más heterogéneos y más numerosos, y el conjunto de todas las mujeres puede ser igual de determinante que los hombres en la interpretación pública de la realidad.
    Esos papeles pueden no ser contradictorios, sino simplemente heterogéneos, o bien ser culturalmente opuestos entre sí, y pueden ser estables durante largos periodos de la vida o cambiantes. En el caso de que la velocidad de alteración de esas panoplias de papeles supere un determinado umbral, que ciertamente en el paleolítico y en el neolítico era más bajo que en la posmodernidad, las categorías de sustancia, causa y tiempo interno pueden dejar de ser adecuadas para codificar la subjetividad humana y la dinámica social, y pasar a serlo más otras como las de función, juego o sistema.
    La comunicación entre los individuos de distintos grupos se establece en base al conjunto de conocimientos que se denomina sentido común, pero ese sentido común es una tópica sometida a una creciente velocidad de cambio.
    “Para vivir en esos suburbios llamados física, o Islam, o derecho, o música o socialismo, uno debe cumplir con ciertos requisitos específicos, pues no todas las viviendas tienen la misma majestuosidad. Pero para vivir en ese semi-suburbio llamado sentido común, donde las cosas están sans façon, uno sólo necesita poseer una conciencia lógica y práctica, como dice la vieja frase, a pesar de que esas respetables virtudes queden definidas en la ciudad particular del pensamiento y del lenguaje de la que uno es ciudadano” (Geertz, p114).
    El ser humano posmoderno, postneolítico o postaxial no puede seguir comprendiéndose a sí mismo según la unidad y linealidad de las categorías de sustancia y causa, porque cada cultura tiene un tiempo interno diferente, porque cada una tiene su propio futuro y ya no sabemos quién es contemporáneo de quién. Todas las tribus no van en el mismo barco (Sloterdijk)
    La diferencia entre comportamiento bueno y malo, que permitía en el planteamiento de Aristóteles alcanzar la unidad consigo mismo, ha dejado paso a una pluralidad de dimensiones heterogéneas de una misma biografía individual cuya integración no es simplemente asunto de la praxis ética. Por otra parte, la diferencia entre burgueses y proletarios, cuya superación daba lugar en el planteamiento de Marx a la unidad de la sociedad consigo misma, ha dejado paso a una pluralidad formada por mujeres, inmigrantes, homosexuales, pensionistas, etc., cuya integración tampoco es asunto del proceso dialéctico de supresión de clases sociales.
    No se trata de que el individuo no tenga que construir su biografía, ni de que esa construcción no tenga carácter ético, sino de que el modo de construirla ha de hacerse cargo unitariamente de papeles heterogéneos y distantes, y de que la ética que entra en juego no es una sino múltiple (Cfr Charles Taylor 1996). Por otra parte, tampoco se trata de que la aspiración a superar las alienaciones no siga siendo un objetivo, o que el esquema marxista no sea aplicable a las alienaciones de algunos grupos (cfr A Valcárcel 1991), sino de que la heterogeneidad de grupos y sus alienaciones respectivas no puede ser resuelta en su conjunto según el esquema dialéctico.
    La imposibilidad de hacerse cargo de los problemas nuevos con el sistema categorial antiguo es lo que se vivencia como quiebra de la modernidad y advenimiento de la era postaxial. Ello se expresa en la novela de Joyce y Kafka, en el teatro de Pirandello o en la poesía de Pessoa y Rilke (Choza 1991), elaboradas mientras el pensamiento filosófico tematizaba el mismo fenómeno en las obras de Weber, Husserl, Jaspers y Heidegger, y, Adorno y Horkheimer. Y posteriormente, la imposibilidad de proseguir el esquema dialéctico, en el que se habían integrado esquemas freudianos y estructuralistas, es lo que se ha vivenciado no menos aguda y dolorosamente y se ha expresado no menos brillantemente en el pensamiento postestructuralista y posmoderno.

    Las redes constituyen una auténtica maraña en la que los individuos y los grupos luchan por constituirse, identificarse y sobrevivir, atravesando fronteras e integrando en ellos mismos elementos y factores que pertenecen a ámbitos heterogéneos.
    Las identidades colectivas y las individuales requieren, en no pocos casos, y en no pocos niveles, redefinición, y, correlativamente también lo requieren las fronteras, pero a su vez, esas fronteras es preciso que sean sumamente porosas y transitables para no destruir a los individuos, a las familias (cualesquiera que sean los modelos a los que respondan) y a los grupos.

    La mirada cosmopolita y la voluntad de fronteras abordan, en último término, la tarea de definir un nuevo humanismo, de establecer quiénes somos humanos y cuántos lo somos, en qué consiste serlo y qué medios se proveen para que todos los miembros de la especie lo alcancen.
    Hay al menos dos niveles que requieren una atención de la máxima urgencia. El nivel estatal, en el que, mediante la ciudadanía, se garantizan y tutelan los derechos humanos para todos los individuos situados en un territorio, y el nivel doméstico, en el que, mediante la comunicación íntima se garantiza y se tutela la convivencia en la que los seres humanos se constituyen mediante los vínculos de certidumbre, confianza y dependencia.
    De la ciudadanía se ocupan los estados, como se ha señalado en las ponencias anteriores, según pautas que han de ser renovadas respecto de las usadas en la modernidad, y de la intimidad doméstica se ocupan los propios individuos en las agrupaciones más elementales, familiares, flanqueados por redes privadas y redes publicas como empresas, municipios, iglesias, etc. también renovadas respecto de las provenientes de la modernidad.
    De la consistencia y de la flexibilidad de esas fronteras depende que el hombre quede destruido, o que se logre la realización práctica y la formulación teórica de un nuevo humanismo.

    Administración (fronteras, 4, J. Choza)

    1.- Las fronteras culturales
    2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
    3.- Fronteras temporales e identidades modernas
    4.- La administración. Barreras y nudos públicos. (Jacinto Choza 2007)
    5.- Las redes. Barreras y nudos privados

    En cierta ocasión John von Neumann, creador de la teoría de juegos entre otras aportaciones, declaró que había podido desarrollar esa investigación y publicar su Theory of games and economic behavior ('Teoría de juegos y comportamiento económico'), junto a Oskar Morgenstern, en 1944, gracias a que estaba colaborando con la IBM y trabajando en sus laboratorios, porque si hubiera estado solamente en la Universidad (en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, que es dónde estaba) no hubiera podido. Y no hubiera podido -continuaba- porque la delimitación administrativa de las disciplinas y los departamentos de investigación hace muy difícil, y a veces imposible, tomar elementos de la investigación y de los investigadores de otros departamentos para desarrollar los propios estudios.
    Si esa afirmación la hace un profesor de una universidad americana, y, más en concreto, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, un profesor europeo la puede elevar al cubo. La organización de cualquier tipo de actividad, y la creación de los sistemas de administración, despliega capilarmente las potencialidades humanas y las especializa en aras de una eficacia imprescindible para el funcionamiento de las sociedades modernas. Como es sabido, el análisis de la génesis, desarrollo e implicaciones de la burocracia es la gran aportación de Max Weber a la sociología., y como él mismo señalara, el proceso se despliega en los mismos términos para la administración pública, el ejército, la iglesia, la empresa capitalista y el mundo académico ( Weber 2005, p. 716 y ss).
    Pues bien, dentro de cada uno de esos ámbitos, la burocracia genera barreras insalvables a la vez que crea unos nudos de comunicación, a los que se le puede dar el nombre de públicos en la medida en que pertenecen a entidades con existencia oficialmente reconocida. Las barreras vienen dadas simplemente por las diferencias de ámbitos y, en su caso, de fueros, y los nudos de comunicación vienen dados mediante entidades e instituciones que comunican a esos ámbitos entre sí, como los sindicatos, las nunciaturas, los consejos sociales de los centros académicos, los consejos de administración de las empresas, etc.
    Por otra parte, los ámbitos oficiales sancionados por la administración, son reforzados en sus fronteras por elaboraciones culturales que desde los ámbitos académicos, artísticos, deportivos, etc., van invadiendo el lenguaje ordinario y conformando el sentido común, hasta construir nuevas fronteras culturales particularmente espesas. Esas fronteras metales son las que separan a unos grupos humanos de los "otros", siendo los "otros" los orientales, los negros, los inmigrantes, las mujeres, los homosexuales, los malhechores, las masas, etc. El mundo académico, desde Foucault (2004) a Said (1999) y a Elias (1989) ha levantado acta de la constitución y la fuerza de tales fronteras.
    La proliferación, a lo largo del siglo XX, de entidades oficiales a la que los individuos pertenecen, ha dado lugar a que la vinculación del individuo a la administración estatal sea poco determinante de sus actividades y de su identidad, y se haya producido una "deslocalización" de la actividad y la identidad individual.
    La coexistencia en espacios geográficos comunes, y en espacios sociológicos heterogéneos, de diferentes agrupaciones de individuos y de diferentes grupos culturales, genera un tipo de barreras y un tipo de comunicaciones entre ellos, que unas veces da lugar a conflictos y otras a la constitución de comunidades prósperas.
    En el ámbito religioso, la unidad de un espacio físico común a espacios sociológicos heterogéneos, induce a un diálogo interreligioso o a un ecumenismo pacífico, unas veces, y a nuevos conflictos de religión, otras (vid P Berger 1974, Gilles Kepel 1991, R Lauth 2004 y 2005). En el ámbito civil, igualmente se dan situaciones de marginación o comunidades multiculturales verdaderamete ejemplares (como Cerritos).
    Además, el hecho de que las agrupaciones de individuos y el hecho de que las instituciones en las que se incardinan, como las iglesias, las empresas, las universidades, etc., tengan un carácter cada vez más supranacional, da lugar a que el principio de territorialidad con el que se inaugura la modernidad, el estado moderno y la nación moderna, entre en fase de obsolescencia. No es que se produzca una "deslocalización" de las empresas, del ejercito o de la banca, es que el principio moderno de territorialidad nacional va perdiendo vigencia paulatinamente.
    En este sentido, la Unión Europa de los 27 países en el siglo XXI empieza a tener más semejanzas con la Europa pre-renacentista y pre-estatal que con la Europa moderna, y quizá más aún con las poblaciones pre-imperiales anteriores al segundo milenio aC.
    En este sentido, los modelos americano, francés y británico de organización y gestión de la pluralidad cultural, son formulas de utilidad y eficacia diversa a la hora de gestionar la relación entre las culturas existentes en un territorio unificado bajo una misma administración estatal. Pero la diversidad y la dinámica de esas culturas otras veces hace saltar la unidad administrativa estatal, como ocurrió en la última década del siglo XX con la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia, y en la primera del siglo XXI con Bélgica.
    En esta perspectiva la dinámica de la vida da lugar a la emergencia de nuevos campos de conocimiento como es el Derecho Administrativo Global, que se ocupa de las numerosas organizaciones supraestatales que regulan la actividad de entidades e individuos de diferentes localizaciones nacionales (Javier Barnés 2006).
    El nuevo derecho administrativo estudia los cauces para regular relaciones globales entre grupos que no quedan suficientemente determinados por su localización nacional, y cuyas relaciones tampoco pertenecen al ámbito de las llamadas relaciones internacionales. Pero a pesar de que intenta la más fluida comunicación posible entre los individuos y los sistemas administrativos estatales y supraestatales, y a pesar de que intenta superar las formas antiguas de organización piramidal mediante las formas de organización reticular, por una parte, no siempre puede lograrlo, y, por otra, también genera barreras que oficialmente no pueden ser salvadas cuando sería conveniente hacerlo.
    Por eso se da también una proliferación de barreras y nudos privados dentro del ámbito general de las redes.

    identidades modernas (fronteras, 3, J. Choza)

    1.- Las fronteras culturales
    2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
    3.- Fronteras temporales e identidades modernas. (Jacinto Choza 2007)
    4.- La administración. Barreras y nudos públicos
    5.- Las redes. Barreras y nudos privados

    La determinación espacial de "Europa" coincide con la determinación temporal "Modernidad", de manera que ambos términos se constituyen como solidarios en virtud de la rigidez de las fronteras espaciales y temporales que se establecen en el siglo XV y XVI.. Con el nacimiento de la modernidad tiene lugar, también, la construcción de una gigantesca frontera temporal, que es la consolidación de la categoría “Renacimiento”, como una especie de telón de acero hacia tiempos anteriores.
    La modernidad marca también el comienzo de la "edad oscura" islámica, el periodo de decadencia después del esplendor de los califatos de Bagdad y Córdoba durante el medievo. La islamización de Asia y la cristianización de América a partir del siglo XV, en cierta medida es percibida desde occidente como estancamiento económico, científico, técnico y cultural del Asia budista y confuciana, y del Asia islamizada, y como desarrollo económico y cultural de la América cristianizada.
    Por eso puede decirse que hay una racionalidad moderna, o sea, europea, una racionalidad islámica y una racionalidad judía(J de Garay en Choza 2000), y, correlativamente, puede pensarse que la religión europea-occidental, la religión islámica y la religión judía, son más incomunicables culturalmente que religiosamente.
    Las identidades culturales modernas contrastan fuertemente con las identidades antiguas. Sus factores constituyentes son más débiles, y por eso necesitan reforzarse más. Las identidades paleolíticas venían determinadas por la lengua y la religión, es decir, por el tótem, que determina la incardinación familiar y tribal. Las neolíticas y medievales, por los mismos factores y además por la organización política y la localidad, pero no por el país como territorio. En ese contexto, la identidad individual venía determinada genealógicamente y localmente, según el modelo romano del prenomen, nomen y cognomen, es decir, nombre, primer apellido, que denota la filiación, y segundo apellido que denota la localidad, como Gonzalo Fernández de Córdoba, es decir, Gonzalo, hijo de Fernando, de la localidad de Córdoba.
    La frontera temporal que la modernidad establece respecto del pasado es correlativa del cambio a una mayor relevancia de la jurisdicción territorial, frente al papel más determinante de la jurisdicción personal en épocas precedentes, y de la constitución del modelo antropológico del self made man, del hombre que es hijo de sus obras, como el fraile mendicante que vive de lo que obtiene con su actividad de predicador (la limosna), como Don Quijote o como el sujeto cartesiano (H. Marín 1997, cap 2).
    En la modernidad el hombre nuevo no se quiere definir por nada del pasado, y empieza de nuevo no solo su lengua, sino también la religión, que entonces es retrotraída al origen por los diferentes reformadores y contrarreformadores. Y precisamente una identidad nueva, en proceso de constitución y de autoafirmación, es lo suficientemente débil como para sentir la discrepancia y las diferencias permanentes como amenazas. La amenaza de la identidad es fuente de violencia en la modernidad con una virulencia muy intensa porque entonces la identidad es más débil y depende casi exclusivamente de los actos del individuo.
    Las identidades nacionales y religiosas se fijan con la paz de Westfalia, pero eso no significa la consolidación de las identidades grupales e individuales, pues las matanzas entre católicos y protestantes se extienden en Francia a lo largo del siglo XVVIII, y, posteriormente, la lucha revolucionaria por la imposición del modelo del self made man se mantiene entrado el siglo XIX (N. Grimaldi en Choza 2000). Cuando la identidad individual y colectiva corta sus vínculos con el pasado y empieza desde cero, la religión o la ideología política, a veces identificadas o superpuestas, aparecen como el más importante de los factores identitarios.
    No es que eso solo explique fenómenos como el de la noche de San Bartolomé, el terror de la Revolución francesa, las guerras carlistas en España o las matanzas en los Balcanes a finales del siglo XX, pero sí que representa una clave decisiva.

    Las bifurcaciones y divergencias entre la cultura occidental y las restantes a partir de la frontera temporal del Renacimiento, da lugar a otro tipo de fronteras temporales, señaladas por Hegel en primer lugar y más tarde por Bloch, y que consiste en la no contemporaneidad de los grupos que viven al mismo tiempo en un mismo o en diferente territorio.
    Este era, según Hegel, el caso de los españoles que rechazaron a José Bonaparte y la constitución liberal que les proponía, porque España y los españoles no estaban todavía maduros para una organización social como las que los franceses les proponían, es decir, porque la España y los españoles de 1802 no eran contemporáneos de Francia y los franceses de ese mismo tiempo.
    Obviamente, el tiempo objetivo, el que se fija en cifras numéricas a partir de un punto cero, es el tiempo de una subjetividad colectiva, que determina el punto de partida y las unidades de medida, y el tiempo de las subjetividades colectivas, como el de las subjetividades individuales, varía mucho de unas a otras.
    Después de haber establecido las barreras temporales del Renacimiento y de la no-contemporaneidad, la modernidad europea ideó un procedimiento para unificar mediante una clave temporal, las culturas de las agrupaciones sociales separadas por fronteras diversas. El procedimiento consistió en reducir los binomios lejos/cerca, inmorales/virtuosos, salvajes/civilizados, ellos/nosotros, al binomio antes/después, y en darle el nombre de evolución. Ellos, están lejos y son salvajes e inmorales, como éramos nosotros antes, pero con el paso del tiempo, llegarán a ser como nosotros somos ahora. Nosotros somos su después, su futuro, y significamos el progreso.
    Aunque la postmodernidad ha cancelado buena parte de las suposiciones del evolucionismo cultural, no por eso deja de tener sentido hablar de la no contemporaneidad de los contemporáneos, como hace Bloch, e incluso en el sentido en que lo hacía Hegel. Cuando a finales del siglo XX Argelia rechazó, mediante referéndum, la constitución democrática que el gobierno le proponía, su situación podría describirse con las mismas palabras con que Hegel describía la de los españoles de comienzos del XIX. En la técnica, en la ciencia, en el derecho y en la administración cabe hablar de progreso, y en ese sentido hay barreras temporales entre unas culturas y otras, hay unas culturas más atrasadas que otras.
    Por otra parte, hay dimensiones de la ciencia y la técnica, del derecho y la administración, no susceptibles de seriación temporal en un sentido unidireccional progresivo, y en relación con ellas, la incomunicabilidad entre las culturas es mucho más intensa que la producida por fronteras espaciales y las temporales, y es la de la heterogeneidad.
    En cierto modo, los elementos separados por una barrera espacial o por una barrera temporal, pertenecen al mismo género, y por lo tanto tienen mucho en común. Los países están separados por unas fronteras que delimitan una nación de otra, pero las dos son naciones, las dos tienen estados, las dos pueden tener representación en la ONU, etc. Las barreras temporales señalan que los países más desarrollados y los menos tienen en común una misma línea histórica, pero eso significa que comparten una trayectoria tecnológica y científica, jurídica o administrativa, y eso ya indica la pertenencia a una clase común.
    Pero ese no es el caso cuando se trata de grupos formados por indios, mineros, mujeres, homosexuales y terroristas, por ejemplo, y las sociedades postmodernas están formadas cada vez más por agrupaciones de tipos heterogéneos que escapan y sobrepasan a las administraciones de los estados. Entre estos grupos se da un tipo de barreras y de nudos de comunicación que son los que más estudio requieren en la sociedad del siglo XXI.

    nacimiento de los Estados (fronteras, 2, Jacinto Choza 2007)

    Jacinto Choza, 2007
    1. Las fronteras culturales
    2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
    3.- Fronteras temporales e identidades modernas
    4.- La administración. Barreras y nudos públicos
    5.- Las redes. Barreras y nudos privados

    El humanismo es la concepción del hombre propia de la cultura occidental, y desde su inicial formulación ha estado esencialmente vinculada al lenguaje primero, y al territorio después. Se inicia propiamente a partir del momento en que el hombre se define, por referencia al lenguaje, como animal que tiene lenguaje, Zoón échon lógon, animal rationalis, animal racional. Como ya se ha indicado, es por referencia a esta definición como se crea el vocablo bárbaro, que designa precisamente a los que no saben hablar y más bien balbucean, ba-ba-ba (García Gual 1998 en Thémata 23, 1999 texto no disponible)
    En la época heroica, feudal, el ideal humano no se cifra en el dominio del lenguaje, sino en la fuerza física y en el valor. Ese es el héroe que ensalza Homero y el que canta Píndaro, y ese héroe puede medirse con cualquier forastero sin que se ponga en duda la igualdad de ambos. Ulises compite con los feacios en las mismas condiciones que con los pretendientes en lo que se refiere a igualdad de especie, porque en la época homérica los hombres todavía no son animales racionales, sino que son los que “suplican a los dioses y comen pan de trigo” (J. Choza y P. Choza, 1996). Correlativamente, todavía no hay bárbaros, todavía no hay “subespecies” inferiores a los hombres en cuanto que no saben hablar. De hecho, en el mundo homérico no se encuentra la palabra bárbaro y, en consonancia con ello, tampoco hay fronteras.
    Pero cuando comienza el humanismo, la historia de la cultura occidental, y el hombre se define por el lenguaje, entonces empieza a haber semi-hombres o casi hombres, definidos así desde el punto de vista político y ético, y cuyo estatuto metafísico resulta problemático porque entonces las fronteras metafísicas están empezando a ser más netas que las geográficas y sociales, y más fiables.
    Así Aristóteles establece una gradación de lo humano que va desde los bárbaros y esclavos (los esclavos son los bárbaros hechos prisioneros en guerra o en incursiones piratas) en la posición más lejana, pasando por los niños, que son hombres en potencia, las mujeres, que son varones frustrados, los campesinos y artesanos, hasta, finalmente, los hombres libres, que son los que hablan, es decir, los que toman los acuerdos sobre el gobierno de la ciudad, la polis.
    Dentro del contexto socio-cultural de la Grecia clásica es donde Aristóteles hace su propuesta de humanismo, como despliegue de la tópica de la humanitas dentro de la polis desde el punto de vista ético educativo. Con ello no hace sino recoger reflexivamente lo que vive la sociedad ateniense y, en general, griega, y elaborarlo de un modo sistemático, y con ello sistematiza los valores éticos que tienen vigencia en su mundo. Hay una cierta correspondencia entre la tópica sociológica y política de la humanitas, tal como aparece en la Política, y tal como aparece en la Ética a Nicómaco, pero no es el momento de abundar en el tema.
    En la historia de nuestra cultura, la propuesta siguiente a la griega es la de Roma. En ella es relevante el hecho de que Cicerón utilice la expresión el género humano, frente a Aristóteles, que utiliza la expresión todos los hombres. Indica que el romano tiene una idea de la unidad de la familia o de la estirpe humana, que el griego no tenía.
    Por eso, “el ciudadano que es capaz de imponer a todos los demás, con el poder y la coacción de las leyes, lo que los filósofos con sus palabras, difícilmente pueden inculcar a unos pocos, debe ser más estimado que los maestros que enseñan tales cosas” (Cicerón, 1984, 37).
    Pero entonces a eso ya no se le llama paideia, pedagogía ni educación. Ahora a ese proceso se le llama civilización o sencillamente humanización, al contenido y a las formas que se inventan y transmiten en su recorrido se le llama humanismo, y al ideal que se pretende alcanzar humanitas.
    De este modo, en la perspectiva de Cicerón la paideia griega sufre algunas transformaciones relevantes. No es la enseñanza por la que se conduce a la excelencia a los varones nacidos libres, sino que es el proceso de la historia de Roma desde Rómulo y Numa hasta Julio Cesar y el propio Cicerón, y a lo largo del cual un grupo de salvajes es conducido hasta la forma más alta de civilización. Pero además, también a lo largo de ese proceso, todo el género humano es humanizado por el procedimiento de ser romanizado.
    Grecia no tuvo una legitimación tan alta para la constitución de su imperio marítimo, porque no tenía la idea de la unidad del género humano, ni, por tanto, el ideal de una meta única para todos los hombres. Por eso helenizar, aunque era la cúspide de lo humano, no era una cúspide exigida por la naturaleza de todos los grupos sociales, ni un deber moral vinculante para los atenienses, como sí lo fue para Roma. Inicialmente el ius civile, el derecho de los ciudadanos romanos, no era el que debía reconocerse a los demás hombres, a los que se les reconocía su derecho propio, el ius gentium, pero a partir de la época imperial ambos convergieron hasta constituir uno y el mismo derecho.
    Desde esta perspectiva, en la constitución de su imperio como único y universal, Roma alcanza, por primera y única vez en la historia, la congregación de todos los hombres bajo un mismo derecho y una misma lengua, y, correlativamente, la abolición de todas las fronteras. Algo que solo vuelve a intentarse en cierta manera, o sea, programáticamente, con la Declaración de Derechos Humanos de 1948.
    Pero ya en otros territorios ajenos al imperio se han producido otras escisiones y han surgido otras fronteras, que vendrán a reproducirse dentro de él, y en la reconstrucción del mundo subsiguiente a la disolución del imperio.
    En oriente medio, y más del mil años antes de que Grecia y Roma empezaran a existir, se produce la gran escisión entre los hijos de Abraham, Ismael hijo de Agar e Isaac hijo de Sara, que da lugar por una parte a los ismaelitas o agarenos, o sea los pueblos de cultura islámica, y los israelitas hijos de Isaac. Los primeros siempre conservaron memoria de su origen abrahámico y de sus vínculos con los descendientes de Isaac, mientras los segundos no, es decir,"Israel olvidó a Ismael" (R. Lauth 2004).
    La otra gran escisión que se produce dentro del mundo israelita es la de los seguidores de Jesús, la de quienes le consideran como el Cristo. A su vez, una parte de los cristianos se despliega por el mundo romano y, sobre las ruinas del imperio, constituye el cristianismo como religión de la cultura occidental y de la naciente Europa, y como religión que a su vez se olvida de los hijos de Ismael y de las otras ramas de cristianismo no paulinas.
    El modelo de la humanitas romana, con su sentido de la universalidad, es recogido por el cristianismo paulino, que reproduce la dicotomía griego-bárbaro y romano-gentil en la forma de la dicotomía fiel-infiel. La plenitud de lo humano se sigue encontrando igual que antes en la participación en lo divino, pero ahora en lo divino hay una peculiar exigencia de llevar a todos los infieles a esa plenitud, exigencia que se denomina salvación o redención, lo cual no se había dado en Grecia, y se había esbozado en Roma con un sentido más bien civil que religioso, y, por eso, menos perentorio y menos vinculante.
    El nacimiento de Europa y la consolidación de la cultura occidental, es la creación de otras nuevas fronteras. Al este de Roma, en Constantinopla, están los herejes (los que pervierten la fe), al sur, en África y oriente medio, los infieles (los hijos de Ismael), dentro de Europa, pero con un estatuto jurídico diferente del de los súbdito, están los pérfidos judíos (los que rechazaron la fe), y al oeste, en América, los paganos (los que nunca supieron nada de la verdadera fe) (Choza 2000 y en prensa).
    Ésta es la gradación geográfica, sociológica y política de lo humano, que los estudiosos de Aristóteles se esfuerzan por compaginar con su metafísica porque en épocas posteriores las definiciones metafísicas eran las más relevantes. Así, en la polémica del siglo XVI entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda sobre el carácter humano y personal de los indios americanos, el punto de referencia es la metafísica: si los indios son personas ontológicamente, entonces tienen un derecho de propiedad como los demás fieles, pero no si no son personas (Ginés de Sepúlveda, 1987).
    Para el propio Aristóteles la definición metafísica de hombre no tenía tanta relevancia como la tuvo después (H. Marín 1997, cap 1), ni tantas implicaciones jurídico-políticas, pero a partir de siglo XVI empezaron a tenerlas. Porque entonces es cuando empiezan a constituirse de un modo férreo las fronteras espaciales, territoriales. Precisamente en el momento en que emergen nuevas fronteras lingüísticas con el nacimiento de las lenguas modernas europeas, y nuevas fronteras religiosas, con la fragmentación del cristianismo paulino resultante del cisma de occidente. Las fronteras religiosas y lingüísticas, que como observa Maquiavelo constituyen las determinaciones más fuertes de la identidad de los grupos sociales, y habían existido desde la más remota antigüedad, se reforzaron con fronteras geográficas, territoriales y administrativas, cosa que no había ocurrido antes. Ahora los límites entre lo humano, lo divino y lo satánico, entre lo real y lo irreal, entre lo bueno y lo malo, entre lo posible y lo imposible, entre lo sucio y lo limpio, se levantan como demarcaciones territoriales. Ahora los dioses y los demonios, luchan entre sí con saña.
    Las fronteras entre el imperio otomano y el de los Augsburgo, y en general, entre el cristianismo y el islam, son también unas fronteras que producen divergencias y bifurcaciones en los caminos de la ciencia, el derecho, las diversas técnicas, etc., entre Europa y el resto del mundo.
    Por su parte, dentro de Europa, con el nacimiento del estado moderno es cuando se produce el cambio de la jurisdicción personal, característica del medievo, a la jurisdicción territorial. La máxima consolidación de las fronteras que conoce la historia de occidente, y en general, la historia, tiene lugar en la paz de Westfalia de l648, con su aplicación del antiguo principio "cuius regis eius religio" (según la religión del rey, así la de los súbditos), y con el establecimiento del principio de no ingerencia en los asuntos internos de cada país. Dicho principio se mantiene con la excepción, en 1999, de la intervención militar de los Estados Unidos en Kosovo, con la aprobación moral de la comunidad internacional y de Kofi Annan para evitar el genocidio de los musulmanes de aquel territorio.
    La modernidad es el gran periodo de las fronteras en la historia de la cultura occidental, porque el estado moderno se constituye y se desarrolla sobre un sentido muy rígido de ellas, y la modernidad en general también. Tanto es así que crea también unas fronteras temporales completamente impenetrables.

    fronteras culturales (fronteras, 1, Jacinto Choza 2007)

    1.- Las fronteras culturales
    2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
    3.- Fronteras temporales e identidades modernas
    4.- La administración. Barreras y nudos públicos
    5.- Las redes. Barreras y nudos privados

    En el seminario CIDOB del pasado 9 de marzo de 2007, bajo el tema marco Ausencia de fronteras: la mirada cosmopolita, los profesores Beck, Delanty e Innerarity presentaban el horizonte del cosmopolitismo como el más prometedor entre las estrecheces de los nacionalismos y el caos de la globalización, mientras que la doctora Švob-Ðokiæ avisaba de los riesgos de la disolución de las identidades individuales y colectivas. Por su parte, el profesor Robins, en la línea de trabajo de Ulrich Beck, señalaba las posibilidades de un cosmopolitismo metodológico.
    En el presente seminario, dentro del tema marco Voluntad de frontera: consideraciones identitarias y expresiones de alteridad, esta sesión sobre fronteras geográficas, sociológicas y metafísicas, tiene como objetivo mostrar, en un pequeño recorrido histórico, momentos en los que se han constituido diversas barreras de incomunicación y diversos nudos de comunicación, con la intención de que se puedan extraer de esos cuadros alguna enseñanza, tanto para las prácticas de una política cosmopolita como para la constitución de nuevas formas de identidad.

    Para empezar, es conveniente recordar ahora que la emergencia y diversificación de las lenguas marcan el nacimiento de las primeras fronteras y de las primeras determinaciones de la identidad.
    En no pocas culturas paleolíticas la palabra que se usa para decir hombre es la misma que se utiliza para designar a la propia tribu. Así mundurucu y comanche significa a la vez hombre y miembro de la tribu de los mundurucu o de los comanches. Correlativamente, los que no pertenecen a la propia tribu son frecuentemente designados con una palabra que significa no ser hombreo no saber hablar como es el caso de término griego bárbaro, o con una palabra que significa a la vez extranjero y enemigo, como es el caso del vocablo latino hostes.
    Al ponerse nombre, los grupos humanos se definen a sí mismos, e identifican a los que excluyen. De esta manera se define y se delimita quienes son seres humanos y quiénes no, y en qué consiste serlo. Pero ese trabajo nunca esta definitivamente concluido, pues hay que volverlo a hacer cada vez que se producen cambios culturales de máxima envergadura, como es el de comienzos del siglo XXI.
    Por eso en las últimas décadas del siglo XX, cuando la conciencia del cambio de época es más viva, hay tanta Antropología filosófica, tantas descripciones de la situación del hombre y de lo humano y tanta reflexión sobre ello. El mundo moderno ha quedado atrás y el mundo nuevo aún no se ha configurado y hay que configurarlo, por lo cual vivimos en una situación de indefinición, de preludio y de cambio de una envergadura semejante a la de comienzos del neolítico o de comienzos de la edad media.
    En los momentos de consolidación de la revolución neolítica, Ulises vive en un mundo poblado de dioses, ninfas, cíclopes, sirenas, magas, gigantes, antropófagos, adivinos, desconocidos, enemigos y compatriotas, en un mundo en el cual las fronteras entre lo humano y lo sobrehumano, lo natural, lo sobrenatural y lo demoníaco, lo real y lo ficticio, no están trazadas y tiene que establecerlas él.
    Tras el hundimiento del mundo antiguo, en los momentos del medievo en que se gestan el mundo cristiano y el mundo moderno, Parsifal habita también en un universo repleto de arcángeles, demonios, ogros, gnomos, elfos, brujas, y almas en pena, donde la frontera entre lo humano, lo divino y lo satánico tiene que trazarla él mismo para saber quién es y dónde está.
    Nosotros nos encontramos también en un escenario en el que pululan mentes electrónicas, robots, animales artificiales patentados, replicantes, clónicos, transgénicos, trasplantados, extraterrestres, hombres virtuales, y quizá emergentes espíritus de montañas y bosques, todos los cuales disuelven las fronteras cuidadosamente levantadas desde el siglo XVI o quizá desde el siglo V antes de Cristo.
    Tales fronteras nos permitían distinguir entre lo natural, lo sobrenatural y lo antinatural, lo real y lo imaginario, lo humano y lo extrahumano, pero tras los cambios científicos y técnicos del último siglo se han hecho inoperantes. Se han quedado anticuadas y ya no orientan, y por eso nos vemos obligados a dibujar otras nuevas para saber quiénes somos nosotros, dónde vivimos, y quiénes son ellos, los no humanos, cómo son y dónde viven.
    Las viejas fronteras mantenían un mundo bien definido y seguramente interpretado, pero cuando ese orden establecido y su correspondiente metafísica se disuelven, hay que recurrir de nuevo a los criterios inmediatos de la geografía para diferenciar entre terrestres y extraterrestres, los que están aquí y los que están allí, o a los de la sociología para distinguir a los que suplican a los dioses de los que no. Se percibe entonces que las fronteras metafísicas y las sociológicas son, en su punto de partida, fronteras geográficas.
    La frontera geográfica entre lo humano y lo extrahumano estuvo un tiempo en los confines del Mediterráneo, en ese lugar que los griegos llamaron Tartesos y los árabes Al-Andalus. Donde Hércules había puesto sus dos columnas para sujetar la bóveda del cielo y donde moría cada tarde el sol devorado por las sombras e impotente para vencerlas después de su carrera olímpica por el firmamento. Allí se encontraba el paso por el que Ulises había bajado al Hades infernal.
    Posteriormente estuvo en medio del Atlántico, donde los hombres del medievo decían que se abría la catarata que precipitaba en el abismo a los que osaban alejarse de las costas seguras, donde habían muerto sin que se volviera a saber de ellos todos los que habían tenido la osadía de querer saber y de creer que podían enfrentarse al caos.
    En nuestros días, también nuestros relatos mitológicos que emergen en el cine y en la literatura , hablan de unos límites donde el hombre arriesga todo su ser, de ese punto en que la ciencia y la técnica hacen frontera con la moral y la religión, y que la más conocida de nuestras epopeyas, La guerra de las Galaxias, denomina el reverso tenebroso de la fuerza.
    La geografía y la cosmología de cada época dibujan siempre sobre sus cartas los lugares donde la tierra se une con el cielo y con el infierno. El cielo es la suprema felicidad prometida y esperada y el infierno la inversión de todo lo noble y bueno en su más pavoroso contrario.
    Las fronteras son en sus inicios, y siempre, fronteras culturales. Posteriormente es cuando se constituyen como fronteras geográficas, cuando los sistemas administrativos organizan la vida social según las decisiones políticas.

    06 febrero 2007

    recortes del acto de creación (deleuze)

    No conocía la conferencia ¿Qué es el acto de creación? de Gilles Deleuze en La Femis 1987 (vídeo, francés); la traducción en Dialógica e Inmanencia al menos.

    Entresaco algunas de las definiciones someras que se pueden recortar en sus palabras:
    • el filósofo (él) intenta inventar conceptos
    • el cineasta intenta crear bloques de movimiento-duración (libro El cine 2: la imagen-tiempo, 1985)
    • el científico inventa funciones, una correspondencia exacta entre dos conjuntos
    la creación, la invención en cada uno, no es una opción, es una necesidad inherente.
    las ideas no pertenecen al orden de la comunicación.
    la comunicación en un primer sentido es propagación y transmisión de una información.
    una información es un conjunto de palabras en orden. en otras palabras, hacer circular un sistema de órdenes y de control.
    hoy en entramos en una sociedad que podemos llamar sociedad de control (Burroughs).
    la contra-información sólo es eficaz cuando se vuelve un acto de resistencia.
    la obra de arte no es un instrumento de comunicación.
    estrictamente, la obra de arte no contiene ni una ínfima parte de información.
    el arte sobrevive, perdura, porque es un acto de resistencia, resistencia contra la separación de lo sagrado y lo profano.
    no hay obra de arte que no convoque a un pueblo que aún no existe.


    En fin, ahora está muy bien, estoy profundamente feliz por su gran gentileza de haberme escuchado y les agradezco infinitamente...

    16 noviembre 2006

    Comunicación intercultural (Jacinto Choza)

    Mi maestro y amigo Jacinto Choza (ficha en SISIUS de la U. de Sevilla) me cartea este texto, en sus palabras, "porque a lo mejor va bien y le sirve a otros."

    Me encanta, y mi cabeza le encandila por nuevos derroteros, como con muchos otros escritos suyos. Pero yo ya estaba ganado de antemano, vosotras/os diréis.

    (Lo fragmento en cinco partes para facilitar la lectura en pantalla, el texto es lineal, sucesivo y queda enlazado al final de cada apartado)

    1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

    2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

    3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

    4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

    5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.

    1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria (Jacinto Choza)

    La cultura es el conjunto de acciones y expresiones mediante las cuales damos sentido a la realidad, mediante las cuales la nombramos, la utilizamos y la transformamos. Por eso cultura es “mundo”. La adquisición de la cultura, en este sentido del término, que también se denomina “socialización primaria”, es la salida del estado “natural” para acceder al estado propiamente humano. Sin esa socialización primaria las “crías” de humanos permanecerían en estado “animal”, o en estado “salvaje”, como es el caso de los niños criados por animales y crecidos lejos de los cuidados humanos.

    En esa primera fase de la educación se vive en la cultura propia como si fuera la única, la absoluta, de manera que lo diferente se experimenta como extraño, hostil, peligroso y malo. Por otra parte, en ese periodo se vivencia el mundo, el lenguaje, el sentido de las cosas, como evidente, inmediato y, por eso, indudable. En ella se comparte el mundo casi al 100% con los del mismo grupo, y entonces la comunicación, la comprensión del sentido de las acciones y expresiones, es transparente. En esa fase la cultura es el medio específico de la comunicación.
    Se comparten los mismos valores, el mismo sentido común, las mismas apreciaciones estéticas y éticas, una buena parte de las aspiraciones económicas y políticas, y se establece la propia identidad, individual y colectiva, mediante el mismo repertorio de símbolos. Símbolos religiosos, patrióticos, económicos.

    La segunda etapa del proceso formativo es lo que se denomina socialización secundaria. En ella no se trata ya de aprender a hablar, a valorar y a comportarse como los demás, como “todo el mundo”. Se inician entonces procesos de formación diferenciados, que requieren ya una profesionalidad de los formadores. Uno de esos procesos es el de la formación humanística. La formación humanística, conduce a vivir lo propio particular como particular, y no como universal, que es como la socialización primaria lo transmite. A la vez, conduce a vivir lo ajeno como propio, mediante el aprendizaje de lenguas y culturas de otros pueblos. Eso es lo que propiamente se llama “formación” en la tradición de la filosofía alemana desde Kant hasta Hegel.

    Se hace así posible el paso desde una pluralidad de culturas particulares a un ámbito universal de comunicación, y con eso se llega a la universalidad y amplitud propia del espíritu humano. Esta amplitud en cierto modo supera la pluralidad de las culturas particulares y permite mediar entre ellas a través de traducciones, interpretaciones, acuerdos, pactos, intercambios, etc.

    A su vez, el acceso a la universalidad del espíritu humano es el resultado de un cierto cosmopolitismo que arranca a los individuos de su matriz, de sus raíces culturales, y los coloca en una cierta situación de desarraigo.
    Fuente (pro manuscrito): Jacinto Choza Armenta, comunicación intercultural, sevilla 2006

    1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

    2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

    3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

    4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

    5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.

    2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo (Jacinto Choza)

    El acceso del individuo particular a la universalidad y al espíritu, ¿tiene que pasar necesariamente por el desarraigo? Podría decirse y pensarse que la formación humanística puede no ser traumática, o que no tiene por qué serlo. Pero, de hecho, los que conocemos en la cultura occidental como humanistas fueron disidentes en su propia cultura. Querían abrirse a otras culturas y no tuvieron más remedio que hacerlo porque vivían en otras culturas, y vivían en otras porque las suyas le resultaban estrechas u hostiles, o ambas cosas, porque les exiliaron. Con todo, la formación humanística podría no ser traumática, sino placentera y reconfortante.

    En cualquier caso, siempre hay que salir de lo propio, porque lo propio siempre se queda pequeño. La infancia se le queda pequeña al adolescente, la adolescencia se le queda pequeña al joven, la juventud se le queda pequeña al adulto maduro, y la madurez se le queda pequeña al anciano.

    Pero también puede ocurrir que lo propio se quede pequeño porque la estrecha relación entre las culturas ponga de manifiesto que la propia cultura es inferior las vecinas en el orden técnico, económico y científico, y que el espíritu que crece necesita para ampliarse el trasplante a ellas, el tránsito a una tierra de promisión, donde las posibilidades humanas propias y de los familiares se expanda.

    Entonces se produce el éxodo, las migraciones, con grave riesgo de la propia vida, como ocurrió con Abraham y los suyos, Ulises y sus hombres, Eneas y sus acompañantes, y recientemente a Elia Kazan, “El rebelde de la anatolia”, a Fátima Mernisi y a Amin Maalouf y sus compatriotas.

    Por diferentes y distantes que puedan parecer estos seis casos, hay similitudes entre todos ellos.¿Quiénes son esos fugitivos? ¿A donde van?

    En épocas y culturas donde la identidad se establece por la ascendencia genealógica (apellidos) y por el lugar de nacimiento y residencia, un emigrante no es nadie, es un vagabundo, un pordiosero, un mendigo.

    Los inmigrantes no son nadie. Nadie les espera en el sitio al que van, nadie puede dar razón de ellos. Tampoco saben si van a quedarse o van de paso. Son sombras, casi fantasmas.

    Ulises dice de sí mismo que es nadie, y tiene que ganarse una identidad en el sitio al que llega, aunque sea un sitio al que vuelve. Y mientras tanto, habita en la desesperación del desarraigo.

    Su mente se ha dilatado, es un hombre universal, su espíritu lo ha visto todo y, ¿lo ha comprendido todo? Comprende lo que son los humanos, pero ¿es eso lo que el hombre necesita máximamente, saber, conocerlo todo, recorrer el mundo, bajar a los infiernos y subir a hablar con los dioses? ¿No necesita más volver a casa?, pero ¿donde podría encontrar ahora su casa? Ulises la encuentra donde estaba, pero ¿y Abraham?, ¿y Eneas?, ¿y Abderraman?




    Fuente (pro manuscrito): Jacinto Choza Armenta, comunicación intercultural, sevilla 2006

    1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

    2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

    3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

    4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

    5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.

    3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo (Jacinto Choza)

    Cuando no se es nadie y se está desesperado, por lo menos hay un punto de referencia al que se puede volver. A la antigua casa del padre, a los antiguos dioses, a la antigua lengua, al antiguo mundo. Pero cuando tampoco se puede porque todo eso no existe en el mundo real, sino solamente en el recuerdo, se es una mente sin hogar[1],

    Ulises, mientras es vagabundo, sabe quién es porque la diosa Atenea le acompaña y le habla, Eneas sabe quien es porque lleva consigo a su padre Anquises y tiene presente que nació de Venus, el pueblo elegido sabe quién es en la cautividad de Babilonia porque los profetas les ayudan a rezar lejos de su templo y de su monte santo mediante su predicación.

    La religión es el refugio de los vagabundos porque los dioses no viven en territorio amurallado, guardado por soldados fronterizos. Son la referencia segura porque están en el origen, más allá, están donde nace el origen, donde nace la luz, como se le repite a Job una y otra vez. Cuando los hombres se quedan suspendidos entre el cielo y la tierra, sin ningún punto de apoyo, no pueden recurrir a nadie:

    “...y ya saben los astutos animales que no nos sentimos muy seguros en casa, dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días; nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció, y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento lleno de espacio cósmico nos roe la cara.”[2]

    No hay mundo, no hay lenguaje, no hay comunicación . ¿De qué mundo va a hablar, y con quienes?, ¿qué sentido tienen las acciones, las cosas, las palabras? ¿quiénes se lo dieron?, ¿cómo? Entonces los dioses brindan un refugio pobre, estrecho, casi inhóspito. Como los padres de los cuentos de Grimm que abandonan a los niños en el bosque porque no pueden alimentarlos, los dioses arrojan al mundo a unos hijos porque tampoco pueden darles de vivir, darles futuro.

    El hombre, pobre, se crispa contra sus dioses, y quiere ser nada con ellos en un amor desesperado, deseando a veces la muerte, como en tantas ocasiones le ocurría a Ulises, o a los profetas. Una referencia desesperada a los dioses.

    Yo no se quien soy, no soy nada, no soy nadie, pero el Dios de antes del origen y de después del futuro es mi Dios, y yo ahí soy yo.

    El hombre entonces ensaya acciones que se refieren a más allá del origen y a más allá del futuro, en las que se juega la vida y con frecuencia la pierde.

    Porque el futuro no es el territorio de los dioses propios. Es el territorio de los dioses ajenos, de las otras culturas, y es donde quiero y tengo que realizarme como hombre, en un mundo por completo ajeno a mi identidad.

    Para ser yo mismo tengo que realizar acciones en un mundo en el que no soy nadie como siendo nadie, y a la vez tengo que mantenerme como elegido de los dioses de antes del origen y de después del futuro, como elegido de unos dioses completamente desconocidos y como incognoscibles en el mundo en que tengo que actuar.

    ¿A quién le puedo contar quién soy?, ¿quién me puede comprender?, ¿quién soy realmente? No se trata solo de una incomunicación con los demás, se trata, sobre todo, de una incomunicación con uno mismo, de estar incomunicado de sí mismo.



    [1] P. Berger, Un mundo sin hogar (modernización y conciencia), Sal Terrae, Santander, 1979.

    [2] R.M. Rilke, Elegías de Duino, Primera Elegía, versión de Jaime Ferrero Alemparte

    4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos (Jacinto Choza)

    Cuando Abraham llega a Egipto y a Canaán, cuando Ulises llega a la isla de los Feacios, cuando Eneas llega a Italia, cuando Abderraman llega a Al-Andalus, se abre una esperanza y pueden sobrevivir, pero al principio lo hacen como indigentes, como suplicantes, como sirvientes, hasta que llega el momento de mostrar sus capacidades, sus talentos, su poder, y cuando lo hacen, poco a poco empiezan a ser percibidos como alguien, empiezan a ser apreciados, valorados, hasta que llegan a sobresalir.

    Cuando sobresalen son alguien, llegan a tener las mismas prerrogativas que los demás, o incluso más, si han obtenido más reconocimiento. Pero entonces... ¿siguen siendo ellos mismos o son ya otros? ¿Se trata de una formación humanística realmente o de una transformación en la que han perdido aquella referencia por medio de la cual sabían quienes eran?

    Cuando José Bonaparte quiso imponerle a los españoles una constitución democrática y éstos se rebelaron, como pueblo espontáneo, sin jefes legítimos, lo hicieron porque defendían su identidad. Hegel comenta que no estaban maduros para una democracia, y que su espíritu no estaba en condiciones de construir y percibir la unidad como resultado de la diversidad. Algo muy parecido ocurrió en Argelia a finales del siglo XX cuando el pueblo rechazó democráticamente una constitución democrática.

    Una constitución democrática es el diseño de un mundo donde todos los hombres tienen los mismos derechos, los derechos humanos, las mismas posibilidades formales, donde todos son iguales... ante la burocracia, como Weber señaló[1], o sea, un mundo racionalizado y desencantado, en el que el ideal es el hombre que se hace a sí mismo, el individuo como abstracción, la muchedumbre de individuos solitarios.

    En ese mundo los advenedizos indigentes pueden ser de nuevo sí mismo, pero, ¿en calidad de qué, de quienes? Para ser sí mismos, ¿tienen que renunciar para siempre a lo que era para ellos casa, hogar, familia, clan y tribu, gremio e iglesia? ¿Se encuentran de veras a sí mismo en su DNI, en su cuenta corriente, en su carnet de conducir, en su tarjeta de la Seguridad Social?

    Esos documentos, ¿valen realmente más que Ur, más que Ítaca, más que Troya, más que Damasco? Pagar todo aquello por estos documentos, ¿es un precio que compensa?



    [1] Cfr. I. Aymerich, Sociología de los derechos humanos. Un modelo weberiano Contrastado con investigaciones empíricas, Universidad de Valencia, Valencia, 2001.

    Fuente (pro manuscrito): Jacinto Choza Armenta, comunicación intercultural, sevilla 2006

    1. La cultura como medio comunicativo en la socialización primaria.

    2.- Formación humanística y éxodo. Universalismo y desarraigo.

    3.- Alienación, incomunicación y fundamentalismo.

    4.- La recuperación de sí mismo en los derechos democráticos.

    5- Nueva identidad verdadera y falsa. La realización del sí mismo en la comunicación.