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28 febrero 2015

Las partes de la tesis, del TFG, del paper (pistas para no tan dummies)

1. Lo que la academia o las revistas llaman introducción, planteamiento teórico... en mi humilde debería incluir los motivos, la situación problemática y las perspectivas que preferimos a la hora de resolver o avanzar en el asunto. Prescindir en concreto de contexto teórico explícito reduce el trabajo intelectual a operador de categorías, y tampoco beneficia la carrera personal que no se conozcan las motivaciones, experiencias y conocimientos en torno a nuestros trabajos. Que tus prioridades y las necesidades de tu entorno no cedan a "tareas de aliño", más fáciles y resultonas.

2. La tradicional segunda parte, el método, análisis y resultados que llenan nuestras publicaciones universitarias, siendo sinceros dependen del foco en la introducción. Cuando se reclama para un formulario de un proyecto o paper de impacto explícitamente piden el detalle de la parte analítica, del campo, del periodo y de las técnicas aplicadas, buscando eficiencia, concisión. Pero que no se nos escape que las importantes y citadas conclusiones, proceden de este territorio intermedio dónde las diferentes escuelas de la Academia deciden si verdaderamente eres "una/o de los nuestros". Intenta no ser simplemente un/a continuador/a más a la hora de seguir formas de investigar.

3. Cuando se pide interpretación de resultados, conclusiones, discusión y aplicaciones abandonamos la mente explicativa del análisis a lo largo de la investigación. Volvemos a la inteligencia interpretativa con la que se desbrozan al inicio los discursos en los complejos contextos sociales. De nuevo la reflexión que cierra el ciclo intelectual, no sólo contable, y finalmente devolvemos a la sociedad y a la comunidad científica nuestra  idea de cómo se limitan o mejoran teorías y perspectivas, métodos y técnicas, incluso desde las mismas discusiones y aplicaciones de lo investigado. Un buen epílogo investigador redefine los proyectos y/o ajusta algo la orientación personal en la carrera profesional. Amplío algo estas fases y orientaciones de la investigación, con algún detalle de aplicaciones visuales que cada una puede incluir. Ya es hora que la universidad recupere el audio y la visualidad que le ha impuesto el paréntesis gutembergiano a nuestras aulas de educación superior.


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1. En la motivación de investigaciones y proyectos de comunicación late cuando menos un problema o una necesidad (o parte de ambas). El arranque y el impulso investigador hacia soluciones y/o alternativas de comunicación puede complicarse en cuestiones identitarias y de sus relaciones centrípetas. O bien, más referida a asuntos contextuales desde la comunicación y las relaciones en uno o más entornos.
En el planteamiento inicial, los problemas o necesidades internas destacan las debilidades de una comunicación ineficiente. Si le proyecto es de comunicación externa destaca las amenazas externas actuales (siguiendo la visualización convencional del SWOT / DAFO).
En la visualización de la situación comunicativa de un fenómeno problemático en una organización o entorno, además de las notas de un briefing resulta ilustrativo un mapa de perspectivas diferentes. En los casos más sencillos se podrá simplificar con un diagrama de estrella, según la difusión reconocible de los rasgos o atributos del fenómeno o problema más interno a la marca corporativa (o personal) o de comunicaciones externas con tantos brazos como grupos de interés. El mapa o árbol de contenidos con estos entornos internos y externos es una digna forma de presentación de los materiales trabajados en un TFG, TFM... o para una comunicación a un congreso. Veréis  cómo algún día llegamos a eso.
Para representar una situación centrífuga y analizar problemas relacionales, en la educación primaria se utilizan sociogramas y mapas de públicos que ya le gustarían a la universidad. En redes sociales contamos con aplicaciones gratuitas de visualización, pero comprobemos en cada caso que no hacen la visualización que les apetece, y en vez de eso muestran precisamente las categorías de análisis que investigamos.

En cuanto se plantea el fenómeno o problema pasamos a un primer nivel de inmersión fenomenológica, que en un buen trabajo científico debería aclarar en la introducción. Se trata de seleccionar la perspectiva teórica menos mala o de mejor aproximación para enfocar el conjunto de materiales comunicados que forman la base de un campo de estudio. Tenemos que dar cuenta de las opciones intelectuales que preferimos, de modo que se entienda la descripción con la que se figuran y completan unos datos formales y visuales (eje Y) que realzan los diferentes niveles del foco investigador seleccionado. En el eje X se puede representar el alcance de la enunciación y de la recepción según, p. e., atractivo, capacidad significativa, cita intertextual, comentarios, compartidos, etc. Abrir la estrella de los rasgos de marca o relaciones con los grupos de interés a un eje de coordenadas de contenidos (Y) y otro con los enunciadores y los públicos (Y) permite visualizar la investigación que abarca un cierto periodo de tiempo.

Como la  palabra, también la imagen tiene una mayor o menor relación con el tiempo. Una iconografía ocasional como muestra la publicidad, la que repite el marketing de contenido o esa otra construcción más lenta a través del periodismo de marca forman los tipos de ejes de ejes de coordenadas de visualización más comunes utilizados para representar los discursos institucionales y corporativos más fácilmente reconocibles en los contextos de los estudios.  Sin embargo una aproximación fenomenológica, aunque sólo sea iconología de los discursos más visualizados y perceptibles implica sensaciones y sentidos diferentes según opciones personales, generación de pertenencia, tipo de cultura local. No sólo es necesario visibilizar los resultados. Mapas y gráficos de contextos y de situación son declaraciones abiertas de principios, que rara vez expone la ciencia universitaria, si no es desde sinceras propuestas divulgativas.

2. En otro plano, ya en la metodología públicamente reconocida se descompone y analiza un problema complejo de comunicación siguiendo ejemplos de la biología o la física que separan partes medibles. Las categorías o elementos extendidos en una situación problemática no valen para otros casos y duran el tiempo que tarden en cambiar de sentido por el grupo o sociedad que los usa. Una analítica de una estructura de textos durante un periodo estable de una sociedad es claramente más sencilla que el análisis de comunicaciones inconexas en un momento convulso con varios frentes. El análisis formal es parte inicial del análisis de contenido. Establece los términos mínimos y los datos según los cuales algo puede considerarse comunicado, y con cierta  imagen, un asunto de una organización en cierto público. Problemas compositivos, de expresión o de tono son mínimas faltas en un proyecto estratégico bien planteado y suficiente.  La aproximación retórica de discursos diferentes es más un programa, o al menos un plan de comunicación para  cierto tiempo, que una solución o resultado a corto plazo. Además de competencias analíticas, los proyectos más metodológicos exigen competencias comunicativas y negociadoras para explotar y reformar la visualización y la representación de  los datos construidos ante los distintos grupos de interés según se van desarrollando los proyectos. Claro que no es necesario el acuerdo con los grupos de interés, pero un analítica abierta debería recoger las iconologías distintas según sensibilidades y diferencias entre grupos en comunicación.


3. El final de un trabajo académico, aunque sea en un proyecto operativo (cada día más recomendables), debe culminar en reflexión y dialéctica que ejercita la interpretación. Como puente de salida de la investigación de fenómenos o problemas de comunicación hacia otras ciencias y disciplinas y aplicaciones sociales en los entornos más inmediatos y los que puedan servirse reproduciendo experiencias. Comprender las facetas complejas de la comunicación incluye al menos la capacidad de interpretar los distintos discursos en conflicto, penetrando desde los resultados del análisis, hasta sus contextos generacionales y culturales diversos. Si el cómputo analítico es, en sus categorías y en su fondo algo cualitativo; la interpretación lo debe ser aún más desde su mismo inicio. Exige procesos de autocrítica y de desaprendizaje, para respetar las diferencias aprendidas por la comunicación. El trabajo hermenéutico parte de documentaciones exhaustivas, pero no termina sin grupos focales o entrevistas a expertos, que luego cuestiona, para aportar las innovaciones que puedan ser necesarias a nuestras necesidades y entornos. Desde las iconologías y los modos de ver el mundo de cada grupo, un trabajo académico completo proyecta y propone símbolos capaces de animar y reunir cooperaciones en torno al fenómeno o problema de comunicación tratado.

Claro que las tres partes de un TFG, de un artículo o de una tesis se pueden subdividir según la importancia de lo que encontremos o de acuerdo con las secciones fijadas por la industria editorial universitaria correspondiente. Pero los ejes dialécticos, retórico y poiético prestan un buen apoyo para orientarnos y saber lo que nos falta. La dialéctica boceta en iconografía como el diagrama de estrella o en ejes de coordenadas temporales. Para las fases analíticas de los trabajos más retóricos hay un amplio repertorio de visualizaciones de diálogos o diferencias entre comunidades o públicos. La poiética de las conclusiones y las aplicaciones no debería seguir representaciones lineales porque la historia siempre incluyó saltos. Así que cortando líneas donde corresponda representaciones temporales y cronogramas pueden ser compañeros del viaje académico multiplataforma que no puede quedar, como en los cincos siglos pasados, encerrado en los alfabetos y los teclados de la escritura.

16 septiembre 2014

leer, construir y explicar imágenes (iconografías)

Una especialidad en la dirección de comunicación -y en cualquier otro ejercicio de la competencia dialéctica- consiste en "saber leer imágenes": encontrar la relación entre alusiones gráficas o motivos visuales con ideas y conceptos que, en la intención de los autores y en el acabado de la pieza, forman parte "explicita" de una composición visual.

En la escuela de Panofsky, dedicada a la interpretación de obras de arte singulares, la iconografía reúne operaciones que ya superan ese estadio precientífico de la imagen que no ve más allá de una fenomenología o descripción amateurs, resultado de una simple observación declarativa. La iconografía es, en cambio, un auxiliar científico; se apoya en textos de autores, mecenas, críticos,... para destacar el valor o el peso singular de algunos componentes semánticos en una obra de arte.

Con la multiplicación de fotos, vídeos y gráficos en la actual cultura de la imagen no sólo disponemos de repositorios de imágenes inmensos como instagram o you tube. Contamos además con cierta "iconografía automática" con la información meta (fecha, cámara, tarjeta, programa, lugar...) que acompaña a cada texto visual en estas plataformas. Dando importantes datos técnicos y de situación, la "iconografía directa" de imágenes digitales necesita un complemento contextual  para alcanzar el estatuto iconográfico.

En discursos mayoritarios y en el ejercicio profesional de una dirección de comunicación completa el contexto de tantas imágenes el evento o hashtag que las convoca y agrupa. En el caso de flujos de muchas imágenes se pueden tratar como análisis de discurso sin necesidad de una atención pormenorizada a comentarios, salvo la repetición de temas y etiquetas que justifica reunirlas. Tal iconografía ampliada reduce el valor documental de las declaraciones sobre las imágenes, usando su misma cantidad y seriación como refuerzo de perspectiva, manifestación de una tendencia emergente o una moda, etc.

Una iconografía particular o crítica se fija en números de imágenes, en general menores, y los relaciona con unos determinados grupos y comunidades locales, de interé o simples particulares, que las producen, transforman y distribuyen. Estas iconografías reducidas se parecen más a la interpretación contextual de las piezas al estilo que Panofsky parece explicar la iconología. Ver las opiniones sobre imágenes en grupos permite encontrar encargos, intenciones, ocasiones... como en las cartas de la iconografía histórica sobre artistas clásicos. Con este tipo de "pruebas" y testimonios se pueden sugerir o concluir interpretaciones de imágenes personales o colectivas en comunidades en redes sociales. Las más destacadas merecen la atención y el tratamiento iconológico que los historiadores han dado a algunas obras de arte. Pero en el caso digital como propuestas visuales con sentidos explicitados en su mismas producción y distribución.


Ampliación con una antología de citas sobre contextos y teorías en torno a la imagen

leer, construir y explicar imágenes (iconografías)

Una especialidad en la dirección de comunicación -y en cualquier otro ejercicio de la competencia dialéctica- consiste en "saber leer imágenes": encontrar la relación entre alusiones gráficas o motivos visuales con ideas y conceptos que, en la intención de los autores y en el acabado de la pieza, forman parte "explicita" de una composición visual.

En la escuela de Panofsky, dedicada a la interpretación de obras de arte singulares, la iconografía reúne operaciones que ya superan ese estadio precientífico de la imagen que no ve más allá de una fenomenología o descripción amateurs, resultado de una simple observación declarativa. La iconografía es, en cambio, un auxiliar científico; se apoya en textos de autores, mecenas, críticos,... para destacar el valor o el peso singular de algunos componentes semánticos en una obra de arte.

Con la multiplicación de fotos, vídeos y gráficos en la actual cultura de la imagen no sólo disponemos de repositorios de imágenes inmensos como instagram o you tube. Contamos además con cierta "iconografía automática" con la información meta (fecha, cámara, tarjeta, programa, lugar...) que acompaña a cada texto visual en estas plataformas. Dando importantes datos técnicos y de situación, la "iconografía directa" de imágenes digitales necesita un complemento contextual  para alcanzar el estatuto iconográfico.

En discursos mayoritarios y en el ejercicio profesional de una dirección de comunicación completa el contexto de tantas imágenes el evento o hashtag que las convoca y agrupa. En el caso de flujos de muchas imágenes se pueden tratar como análisis de discurso sin necesidad de una atención pormenorizada a comentarios, salvo la repetición de temas y etiquetas que justifica reunirlas. Tal iconografía ampliada reduce el valor documental de las declaraciones sobre las imágenes, usando su misma cantidad y seriación como refuerzo de perspectiva, manifestación de una tendencia emergente o una moda, etc.

Una iconografía particular o crítica se fija en números de imágenes, en general menores, y los relaciona con unos determinados grupos y comunidades locales, de interé o simples particulares, que las producen, transforman y distribuyen. Estas iconografías reducidas se parecen más a la interpretación contextual de las piezas al estilo que Panofsky parece explicar la iconología. Ver las opiniones sobre imágenes en grupos permite encontrar encargos, intenciones, ocasiones... como en las cartas de la iconografía histórica sobre artistas clásicos. Con este tipo de "pruebas" y testimonios se pueden sugerir o concluir interpretaciones de imágenes personales o colectivas en comunidades en redes sociales. Las más destacadas merecen la atención y el tratamiento iconológico que los historiadores han dado a algunas obras de arte. Pero en el caso digital como propuestas visuales con sentidos explicitados en su mismas producción y distribución.


Ampliación con una antología de citas sobre contextos y teorías en torno a la imagen

12 septiembre 2014

la escritura lleva siglos delineando imágenes sociales

En la era axial de nuestra Historia, dicen los antropólogos que pasamos al Neolítico, gracias a la contabilidad, la escritura y las primeras ciudades. Cientos de siglos de culturas orales preceden a la Historia que, con la comunicación escrita fija eventos y significados. A partir de la escritura neolítica la comunicación antigua se despliega como ciencia en la dialéctica, como técnica en la retórica, y, como arte -en fin- en la poética. Destacó primero la relación entre lo escrito y lo verdadero, que centra el pensamiento dialéctico, quizá como explicación de la eficacia social que alcanza la comunicación, como razón de la potencia de la escritura para divulgar imágenes.

En el cuarto milenio antes de nuestro tiempo, el paso de las culturas de la palabra a las civilizaciones escritas constriñe las variedad de contextos y de significados de los ritos y de las narraciones orales anteriores. Los escritos remiten a una significación más cerrada, intencional, lineal. Siglos adelante, cualquier tipo de texto visual, escrito o sonoro (con sus tecnologías de registro y delimitación de los textos) remite a horizontes autorizados de interpretación y reproducción, se teje en un tiempo determinado y duradero, y alcanza un rango de recepción pública, de imagen social.

la caverna de Platón: dialéctica y retorica 
Desde variadas arquitecturas de significación los discursos tejen horizontes de interpretación autoriales o escolares, y -en definitiva- vínculos entre lo verbal y unas determinadas formas de representación. A través de estos parámetros y estructuras discurre la recepción de un público atento a las instituciones del poder de cada tiempo. Bajo uno de los significados de imagen, en comunicación se entiende el alcance social de los discursos institucionales, la expresión social de cómo hemos leído y digerido los grandes relatos nacionales, religiosos... a lo largo de la historia.

Han evolucionado sucesivas tecnologías de la escritura, desde la industria editorial, con los medios de comunicación y entretenimiento, hasta las redes sociales en el comienzo de este siglo. Parece obligado revisar aquellas dialéctica, retórica y poética neolíticas. En la Edad Media, el Trivium ya sustituyó la poética por la gramática. Con las ciencias modernas de la naturaleza y del espíritu, con  la separación de la inteligencia explicativa y la comprensiva, la comunicación volvió a su dilema entre ser ciencia y ser técnica, o ser fundamentalmente arte. Desde la crisis posmoderna y la digitalización han tomado un nuevo caríz el fundamento dialéctico del discurso, las formas retóricas de la conversación contemporánea y el alcance de la poética en construcciones socio-técnicas.

Volver a un habla hipertextualizada después de las industrias lineales permite trenzar discursos en formas horizontales, más abiertas a reconocimientos, interpolaciones. Vamos, más parecidas al habla. En estas primeras décadas de internet, en WWW relucen herederos de dialécticas anteriores, gracias a un buscador dominante, plataformas sociales globales junto a otros servicios populares que frenan la independencia de la red dejando entrever viejas dialécticas institucionales como ha ocurrido a lo largo de la Historia del poder conservada y grabada. 

Una mirada más ecológica, cultural y evolutiva debe corregir los escalones culturales y las separaciones disciplinares que atenazan al conocimiento institucionalizado y las ordenadas y regladas academias universitarias contemporáneas

06 mayo 2014

dilemas de la imagen: representación, transparencia o espectáculo

Si eres iconoclasta no escribas un libro sobre la imagen, y menos en la cultura digital... Pero tampoco soy Byung-Chul Han, filósofo de ascendencia coreana con una completa formación en el pensamiento alemán. La Sociedad de la transparencia (2013, tuiteos sobre el libro) es un ensayo de 100 páginas que incluso traducido se lee muy bien.

Situar el discurso de Han del lado de los anti-imagen es solo poner en antecedentes. No vas a leer un ensayo realista sobre el poder de la representación en las imágenes, uno de la Sontag, pongamos por caso. Así es que nuestro autor no encuentra visibilidad en la actualidad ni en las catástrofes que nos traen al móvil Twitter, Instagram y demás.

Su entrevista en Babelia (diario ElPaís) lo etiqueta claramente del lado de los críticos de la imagen mediatizada. Arremete contra la sociedad y la política del espectáculo: un inmenso escaparate del tener, que acabó con el ser; incluso diluyó el tener en el parecer o casi aparecer. Aunque cita más a autores como Heidegger, Simmel, Baudrillard, o incluso al teólogo Agamben o el semiótico Barthes, a mí me recuerda un montón el situacionismo de G. Debord, quizá demasiado francés para el ordenado pensamiento de Byung-Chul Han.

Atacados por el individualismo exhibicionista nos ponemos voluntariamente a tiro del Panópticon (foto 

Reichstag dome in Berlin)No hace falta que nos vigilen. Publicamos nuestra vida, dejando a un click el control. Reducimos lo mejor de la imagen a un  me gusta / no me gusta, casi sin mirar.

Entronizamos la transparencia, con lo que reducimos el sentido a mera información, o a su contaminación icónica. Y el imperativo de la transparencia nos obliga a aparecer, a la violencia de tener y gestionar una imagen. Sin esta apariencia ni existimos en el mundo digital. 

Con un sentido profundo de la visualización, el filósofo Han recuerda la pasión romántica por lo sublime. 
Oriental por el sentido trascendente que atribuye a aquellas imágenes que realmente merezcan una interpretación así, que soporten una iconología rigurosa, profunda, sugerente.
Germano y hermenéutico aparece, porque el mostrar sólo es sugerencia de lo oculto, para que uno recorra el maravilloso camino del desvelar. Este delicioso paseo por el decir de la imagen de Han nos hace suponer o incluso imaginar qué valora y a qué llama imagen este autor. Se le podrá acusar de otras cosas. Pero desde luego es contundente y clarito. 

Muy recomendable para quienes disfrutan con la reflexión en los ratos de ocio. También para recapacitar quienes no desean verse absorbidos por sus rutinas digitales.

Como diría el premio nobel Gao Xingjian, "penetras de nuevo en las tinieblas que su voz te ha traído". 

12 junio 2008

fama y representación (J. Choza, y V)

Eróstrato fue un pastor que incendió el templo de Artemisa (Diana) de Éfeso, considerado una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, el 21 de julio del año 356 adC, coincidiendo, según Plutarco, con el nacimiento de Alejandro Magno. Su único objetivo fue alcanzar la fama que por otros medios le resultaba inaccesible.
La confesión del propósito de su crimen le fue sacada bajo el suplicio de la tortura, ordenada por Artajerjes. Al descubrirse la intención del incendiario, se prohibió bajo pena de muerte el registro de su nombre para las generaciones futuras, lo cual, evidentemente, no bastó para borrar de la historia ni el nombre ni tampoco la acción.
Cuatro siglos antes de que Ovidio recreara el mito de Narciso, Eróstrato había proclamado con su muerte que el objetivo final de la vida humana para un griego era la gloria, la gloria entre los dioses y los hombres, la fama, y que la forma más alta de ser era ser en los libros, en las crónicas, en el recuerdo de los hombres.
Desde ese siglo IV adC hasta nuestros días, los hombres de la cultura occidental han sido seducidos de múltiples manera por ese modo de existencia. Narciso ama su imagen más que a sí mismo. Don Quijote traza un plano de su vida según los cánones de los héroes de las novelas de caballería, según las hazañas de los caballeros famosos. Pirandello cuenta de muchos modos las vicisitudes de quienes, persiguiendo como Eróstrato, como Narciso y como don Quijote, el amor de su imagen sobre todas las cosas, se enredan, se descomponen y se destruyen en las múltiples formas del reality show.
Algunas producciones cinematográficas de las últimas décadas del siglo XX, contraponen a ese modo de ser en la fama, de ser para la audiencia, para la representación, otro modo de ser para uno mismo, ser en la autenticidad, superando la alienación de la imagen.
No es que la imagen y la fama sean siempre alienantes, que no lo son. Más aún, son imprescindibles para la realización de la propia existencia, pero no son la única dimensión en la que la existencia puede y debe ser realizada. La existencia puede y debe ser realizada en varias dimensiones, públicas y ante la audiencia, y privadas y ante sí mismo. Y la plenitud propia del hombre consiste en la articulación congruente de las diversas maneras de ser.
Pirandello pone de manifiesto que la vida, o sea el autor y el actor, rompen las formas del personaje y se liberan siempre de cualquier papel, o bien se despeñan de él: "más allá de los límites que nos habían servido para formarnos a toda costa una conciencia, para construirnos una personalidad cualquiera, vemos ese flujo que en el fondo no desconocíamos, que se nos mostraba como algo distinto, pues lo habíamos canalizado con todo cuidado en nuestros afectos, en las costumbres a las que nos obligábamos; lo vemos desbordarse en una crecida magnífica, turbulenta, y desencajarlo todo, arrastrarlo todo" (Cada uno a su manera, p. 222).
El actor solamente lo es y sólo se conoce a sí mismo en cuanto actor si representa papeles, pero conocerse a sí mismo como actor no significa conocerse plenamente en esa dimensión de uno mismo, y tampoco conocerse en otras. Conocerse a sí mismo en cuanto personaje representado implica expresar y quizá realizar un aspecto de la propia vida como autor y como actor, pero no toda ella.
Si lo más radical de la propia vida pertenece al ámbito del sí mismo no representable, lo que ciertamente no dejaría de resultar cómico en un contexto cultural en el que la representación detenta la hegemonía, entonces el saberse y el ser uno mismo sería una empresa siempre precaria. Porque la diferencia entre autor, actor y papel resulta insalvable, y porque, además, el precario conocimiento y realización de sí que se logra mediante la representación de los papeles tampoco es unificable a su vez en una representación. Esto es precisamente lo que produce la vivencia de la dispersión y descomposición del sujeto, que los contemporáneos de Pirandello expresan con otro lenguaje pero no con otro sentido diferente.
Pero puede pensarse que estos pensadores no solamente tienen nostalgia de una época pasada, de la plenitud de la modernidad, sino también de una conmensuración plena entre autor, actor y personaje, entre vida y representación, entre ser y decir. La imposibilidad de un verbo en el cual la vida del que dice quede plenamente recogida y expresada está bien experimentada por buen número de literatos.
El trinomio de autor, actor y personaje proporciona una vía para examinar la estructura de la persona. El autor, el actor y el personaje pueden considerarse representaciones del sí mismo, del yo, y del papel social, o bien diferentes modalidades personales de una misma vida.
En nuestra cultura mediática, la modalidad del existir según el ser ante la audiencia tiene un predominio que pone en juego de un modo inédito las dimensiones de la subjetividad y los sentidos de la realidad. Los hombres quieren que se represente su vida, sus actos, sus productos y sus propuestas porque esas representaciones, en cuanto que son obras de arte, y precisamente por tratarse de arte en la época de su reproductibilidad técnica, no sólo no pierden sino que adquieren un aura que les consagra ante los demás. A su vez, los representadores quieren representar no ya obras de arte, sino vida en vivo y en directo. La videocámara, el "reality show", el "snuff movie", las diferentes especies de "paparazzi", el reportaje directo y en diferido, y en general los variados procedimientos de representación, convierten al hombre en un personaje para sí mismo, no solo al hombre famoso, sino al hombre común.
La vida ordinaria se duplica mediante la publicación y se triplica mediante la retransmisión, y a partir de ahí se multiplica generando nuevas formas de realidad y de existencia: la realidad ordinaria y la transmitida, actual y en diferido, convencional y virtual, etc.; la existencia notoria, ignota y de incógnito, oficial y oficiosa, presunta y sentenciada, justificada y calumniada, satisfecha y vergonzante, etc.
En semejante situación, el caos, la risa, lo sobrecogedor y él límite de lo representable comparecen cuando un actor tiene que representar algo realmente sucedido estando presente el protagonista en cuanto autor, y un director y un público que obligan a ordenar y repetir los acontecimientos, porque entonces lo verdadero se contrapone a lo real, lo bello se implica con lo falso o lo falseado, lo espontaneo se identifica con lo deliberado y ensayado, la tragedia acontecida se transforma en tragedia fingida y las ficciones en dramas.
La forma en que todo eso se representa ahora de modo más habitual, el "reality show" y los "snuff movies" como se ha dicho, y los problemas implicados en todo eso, son los que Pirandello anticipa en 1921. A saber, ¿no anula el carácter trágico de la tragedia su representación en directo?, ¿lo anula cuando es el dolor de La Madre por una hija?, ¿cuando es el amor del Padre por su mujer? ¿No se convierten los espectadores en cómplices del daño que se va a hacer o que ya se ha hecho sólo por existir como espectadores?
Hay acontecimientos que se hacen verdaderos y reales cuando se representan, como es el caso de la calumnia, la hipocresía, la belleza o la fama. Y hay acontecimientos que se falsean cuando se representan, como ocurre con la compasión, la tragedia, la sinceridad, la admiración, la muerte, la vergüenza. ¿Qué tipo de yo es el que emerge en la existencia cotidiana cuando ésta se despliega en el escenario?, ¿qué tipo de yo emerge en la existencia fingida, en la oficial, en la marginal?, ¿qué tipo de yo es el que comparece a uno y otro lado de la frontera de lo representable?
Uno es personaje para sí mismo en la medida en que hay distancia entre vida y conciencia, en la medida en que no se da un conmensuración perfecta entre ambas, como se da, según Rilke, en el animal, en el niño y en el héroe. El yo se multiplica en función de los escenarios, de las formas de existir en la presencia, pero también permanece cabe sí en función de lo que no puede ser representado. ¿Es posible para los seres humanos ser solamente personajes?, ¿es eso lo que máximamente desean?, ¿cuántos personajes verdaderos puede asumir un yo y cómo puede unificarlos?
El yo tiene que identificarse de alguna manera con algunos papeles para ser sí mismo, la cuestión es si se puede saber de antemano con cuáles y en qué términos (por ejemplo, si se puede saber para qué ha nacido uno realmente).
En segundo lugar, la cuestión es si lo que es el sí mismo al margen de la representación se puede unificar con lo que es en el escenario.
En tercer lugar, si la instancia que ejerciera la unificación, la voluntad libre generando hábitos en el tiempo de la vida, no sería aún más personal que las otras, que el autor y que el personaje.
El yo actuante, actor, es libre albedrío y conciencia y, en cuanto tal, conciencia de pluralidad, conciencia de muchas instancias y factores que le constituyen. El sí mismo del que emergen las formas, el autor, es vida inconsciente, sustancialidad irreductible a presencia, el sí mismo es libertad fundamental, irreductible a las otras dos instancias, al actor y al personaje, e inalienable en ellas. Los intentos de resolver una de esas instancias en las otras, en cuanto que ponen de manifiesto la imposibilidad de lograrlo, genera un caos que resulta cómico.
La tragedia y el desengaño se producen respecto de la pretensión de ser uno en términos modernos o representativos, en clave barroca. La risa que aparece en el Quijote, en Pirandello o en "Héroe por accidente", no significa nihilismo, significa comprensión de que el modo de ser para la audiencia es menos relevante que el modo de ser para sí mismo y el modo de ser para los demás al margen de la representación. Significa referencia a otro paradigma en el que la unidad del sujeto resulta configurable según el modelo de una subjetividad pluripersonal, de una subjetividad que se constituye como tal en la relación dialógica, en su ser sí mismo con los otros.
13 Parte de estas reflexiones se toman de J. Choza, Las representaciones del yo en Pirandello, Thémata, 22, 1999.

28 septiembre 2005

funciones y niveles comunicativos de la imagen (Gombrich)

Si no he leído mal a Gombrich, propone una clasificación de la iconicidad de la imagen visual en relación con su forma y función en la comunicación.

Ordeno los niveles que más o menos apunta Gombrich con algunos tipos de imagen que cita como ejemplos:
4. réplicas completas (artificiales)
4. 1 facsimil, fotografía, taxidermia, escultura de cera
3 representación, descripción detallada y formas gráficas icónicas
3.1 mapas (cartografía diagramática)
2 diagramas, modelos funcionales, estructuras formales
2.1 árboles (genealógico)
1 gráficos y símbolos
1.1 pictografía, caricatura, imagen publicitaria, símbolos poético-artísticos (desde el nuevo sentido del símbolo con el romanticismo)

El contexto de sus comentarios es valor comunicativo de las imágenes. Para delimitar la comunicación toma las tres dimensiones que propuso de Karl Bühler (wikipedia, alemán; uso del lenguaje en wikipedia en español), más tarde ampliadas a seis funciones por Roman Jakobson (guía de la J. Hopkins en inglés).

En la idea de Gombrich, la mayor capacidad comunicativa de la imagen corresponde a su función de señal que activa, despierta o busca una respuesta en el observador (función perlocutiva, en wikipedia hispana: teoría de los actos de habla). El control de lo comunicado es menor cuando la imagen cumple funcioes subjetivas en cuanto expresión o síntoma de la intimidad del autor (función emotiva, ilocución o elocucion). Aún es menos fiable la interpretación de la imagen cuando se comunica como símbolo (función descriptiva, enunciativa, locutiva). Los símbolos artísticos, termina diciendo, no son equiparables a la comunicación.

También me parece que afirma que el valor de la imagen aislada puede ser corregida o reforzada cuando se inserta en un contexto explicativo, como han hecho los maestros, los predicadores o los publicitarios. La combinación del texto icónico con el escrito, refuerza su capacidad enunciativa o descriptiva aludiendo a los códigos, tópicos o lugares comunes conocidos por el público. A su valor como señal se le añade la potencia informativa del mensaje con sus alusiones a un saber o creencia compartidos.

Ernst Hans Gombrich escribió The Visual Image: its Place in Communication en Scientific American (1972) y se tradujo al español con el título del libro en el que aparece The Image and the Eye (1982) cuando se incluyó entre los fragmentos antológicos del autor en The Essential Gombrich (1996, 1997 en español).

The Visual Image, Scientific American, 227, pp. 82-96. Reprinted in D.R. Olson (ed.), Media and Symbols, Chicago, 1974 and The Image and the Eye, 1982.

Artículo incluido en:
The Essential Gombrich, London, 590 pp., 476 ill.
An Autobiographical Sketch - Old Masters and Other Household Gods - The Visual Image: its Place in Communication - On Art and Artists - Psychology and the Riddle of Style - Truth and the Stereotype - Action and Expression in Western Art - Illusion and Art - The Use of Colour and its Effects: the How and the Why - The Necessity of Tradition: an Interpretation of the Poetics of I.A. Richards - Verbal Wit as a Paradigm of Art: the Aesthetic Theories of Sigmund Freud - Leonardo's Method for Working out Compositions - The Force of Habit - The Psychology of Styles - The Primitive and its Value in Art - Magic, Myth and Metaphor: Reflections on Pictorial Satire - Approaches to the History of Art: Three Points for Discussion - The Social History of Art - In Search of Cultural History - Architecture and Rhetoric in Giulio Romano's Palazzo del Tè - From the Revival of Letters to the Reform of the Arts: Niccolò Niccoli and Filippo Brunelleschi - The Use of Art for the Study of Symbols - Aims and Limits of Iconology - Raphael's Stanza della Segnatura and the Nature of its Symbolism - The Subject of Poussin's Orion - Dutch Genre Painting - Imagery and Art in the Romantic Period - The Wit of Saul Steinberg - Franz Schubert and the Vienna of his Time - Nature and Art as Needs of the Mind: the Philanthropic Ideals of Lord Leverhulme - Goethe: the Mediator of Classical Values

En español: Gombrich esencial, Madrid 1997.

Antes mencioné otras gradaciones de imágenes según iconicidad y comunicabilidad.