01 junio 2007

capital simbólico nacional

Miguel Conde, elegido por segunda vez entre sus compañeros mejor publicista del año, declara para Galicia Hoxe y propone crear un Banco Nacional de Capital Simbólico para conservar y gestionar los iconos de Galicia. Creo que se entiende esta voluntad de considerar además de los rasgos físicos de unas "co-marcas", esclarecer y destacar los simbolismos encerrados en sus iconos. Ya se verá si debe llamarse Banco, Museo o Protocolo iconológico. Sólo quiero aclarar que el concepto capital simbólico incluye ya connotaciones abiertas, públicas, ciudadanas... si desde que lo "parieron".

Se describe en la teoría de la acción contenida en Razones prácticas (publicado en 1994, traducido en 1997, reseña en la revista Espéculo, 6, oct 1997). Pierre Bourdieu vuelve a servirse del capital simbólico que había definido en una obra anterior:
El capital simbólico es una propiedad cualquiera, fuerza física, valor guerrero, que, percibida por unos agentes sociales dotados de las categorías de percepción y de valoración que permiten percibirla, conocerla y reconocerla, se vuelve simbólicamente eficiente, como una verdadera fuerza mágica: una propiedad que, porque responde a unas "expectativas colectivas", socialmente constituidas, a unas creencias, ejerce una especie de acción a distancia, sin contacto físico (La economía de los bienes simbólicos, pp. 171-172)
Enfrente tiene la teoría de la violencia simbólica:
"una teoría de la producción de la creencia, de la labor de socialización necesaria para producir unos agentes dotados de esquemas de percepción y de valoración que les permitirán precibir las conminaciones inscritas en una situación o en un discurso y obedecerlas (La economía de los bienes simbólicos, p. 173).
El conflicto, tomo también la cita de la reseña, se produce en los campos (alusión en este blog otras explicaciones del concepto de campo de producción cultural)
La mayor parte de las obras humanas que solemos considerar como universales —derecho, ciencia, arte, moral, religión, etc.— son indisociables desde el punto de vista escolástico tanto de las condiciones económicas como de las condiciones sociales que las hacen posibles y que nada tienen de universal. Se han engendrado en estos universos sociales tan particulares que son los campos de producción cultural (campo jurídico, campo científico, campo artístico, campo filosófico, etc.) y en los que están comprometidos unos agentes que comparten el privilegio de luchar por el monopolio de lo universal y de contribuir así, poco o mucho, al progreso de las verdades y de los valores que son considerados, en cada momento, como universales, incluso eternos (El punto de vista escolástico, p. 213).
Cuando los participantes en un campo, con sus agentes y oponentes, según los momentos y posiciones, acuerdan en torno a cierto capital simbólico, sobre ciertos valores y saberes compartidos, el capital intelectual se ha socializado. El resultado del encuentro o desencuentro de acciones sociales termina componiendo el hábitus (recupera Bourdieu el vocabulario clásico) en ese campo. La interiorización del capital simbólico por los componentes de un colectivo se compara con el aprendizaje de las reglas de juego después de algunas prácticas.

Con esta teoría de la acción quiere Bourdieu distinguirse de otras teorías de la acción social, más lineales, individualistas o principalmente basadas en el interés y el cálculo egoísta de beneficios subjetivos.

Desde posiciones cercanas al constructivismo Bourdieu supera la idea individualista del capital intelectual hacia una iconología o simbología socialmente compartidas. La historia de esta transición es casi la historia de la sociología. Pero después de la Escuela de Frankfurt, Habermas es quien en mi opinión llega más lejos con sus propuestas de diálogo social, racionalistas sin duda, pero que llegan a una definición de la esfera pública. En Francia durante los 90, la batalla se ha centrado entre la noción de campo de Bourdieu y la idea de espacio público de D. Wolton, probablemente con más éxito divulgador en España para el actual director del ISCC.

Hablemos de campo o de espacio público, nos interesan las costumbres y las prácticas compartidas, tanto en el hacer como en el representar, en la gráfica y en lo visual.
Desvirtuaríamos toda la potencialidad de estos proyectos: Bancos de Icono, Bases de Símbolos... si los convertimos en proyectos institucionales, sólo de una administración, al margen del resto de las instituciones, asociaciones y ciudadanos que son los que de verdad pueden darnos idea de cúanto o hasta qué punto compartimos los simbolos y los iconos que deseamos conservar y gestionar.
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