14 junio 2007

La blogalaxia desde mi asteriode B612

Pisani dice con acierto que blog/osfera sugiere menos que blogalaxia: un ciberespacio con innumerables puntos, distancias, diferencias. Y muchos blogueros y blogueras estamos de acuerdo.
Es comprensible que su blog ande algo renqueante cuando en los últimos meses es un conferenciante fijo de periodismo digital, sociedad 2.0, etc. en las principales ciudades españolas y por medio mundo. Acepto que sus declaraciones vengan ahora como analista de tendencias blogueriles desde la prensa. Me gusta menos, pero me entero por las amigas que lo citan (gracias Cristina).
En su último artículo en El País, no le veo tan acertado hablando de que "perdemos aliento". En la blogosfera tenemos otras medidas de aceleración y deceleración, aliento y desaliento. Creo que a nadie engaño Sifry hablando de millones de blogs. La mayoría de los que lo citamos señalamos las fronteras de un universo en expansión. Pero normalmente con muchas coletillas de la cantidad de abortos blogueriles, espacios inviables o raquíticos o simples experimentos y pruebas de herramientas. El alto volumen de prueba es connatural, desde hace más de una década, en la mayoría de aplicaciones. Y si no que alguno se atreva a decir en cuántas se ha dado de alta en los últimos meses. Si llevas años con una misma cuenta de correo como se te ocurra buscar mensajes con "contraseña" o "password" te puedes llevar un susto como el que me llevé hace unas semanas. Para luego ver eso un sólo vídeo, un podcast, mi esquelético twitter de ahí al lado... and so on.
Creo que no acierta Pisani y lo mejoran Pablo Mancini o más claramente, Carlos Neri o Juliana Boersner.
Como explican, estamos mejorando la recuperación de información y no sólo sabemos el tamaño de la blogalaxia. También Technorati y otros están dando más información de producción, co-cita, agrupación y segmentación de contenidos. Incluso sin entrar en mayores evaluaciones de cualidades, algo que es más fácil en la blogosfera que en cualquiera de los escenarios anteriores, la blogosfera sigue ganando.
No seré yo quien anime a medir con criterios de tráfico y audiencia. Pero aunque ése fuere el objetivo, el blog sigue ganando. Cada vez son más los blogs que consiguen más citas y difusión que lo alcanzado por algunas revistas universitarias, por las pequeñas ediciones locales de libros e incluso impactos comparables con la pequeña prensa local.
Pero que no se le nuble la vista a nadie contemplando el espacio. El valor más interesante se encuentra en los usos consolidados, en las rutinas incorporadas. Con relativo dominio y acostumbramiento tecnológico tenemos opciones de futuro y trascendencia más allá de la blogalaxia. Al menos de estas constelaciones estelares que fotografía Pisani.
Desde la blogalaxia, se siente con fuerza que formas parte de una pequeña vía láctea, que tienes algunas constelaciones a la vista. Pero en ninguna de ellas te fijas en los agujeros negros o las estrellas muertas. Los que te llama de otros blogs es la energía que desarrollan, desde pequeños asteriodes o grandes enanas. Para el caso poco importa.
Yo nunca pensé que me quedaría a vivir en el asteroide B612 de El principito (Saint Exupery).
Y mira que me gustó cuando casi no sabía leer. Supongo que al final como el sabio principe niño, mordidos por la serpiente desaparecemos.
Pero, como la cantidad digital, es distinta, también lo es el tiempo.
Yo nunca pensé que estos blogs que escribo van a ser mi última casa. Si me quedara vida, visitaría, al farolero, al borracho, al vanidoso (he connocido algunos en mis navegaciones). Hoy estoy menos animado a visitar otros blog-asteriodes. Pero si tengo que proponerme vacaciones seguro que con lo que me gusta descubrir me animaría.
Cuando hayan desaparecido los formatos actuales de estos blogs, si nos damos cuenta, seguiremos utilizando otras formas más atractivas o eficaces de estar en los espacios digitales, que sustituyan estos monumentos arcaicos en los que ahora volamos.
Alguien habrá que revise y profetice entonces. Le pediría a ese rey de las estrellas que mida bien los anchos y los tiempos. Una cartografía es insuficiente si no refleja los paisajes que conocimos y las conversaciones que tuvimos. Y ahora que conseguimos image walls e imagepapers alucinantes, nuestras representaciones deben estar, por lo menos, a la altura de nuestras experiencias.
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