17 enero 2006

Falso liderazgo y valores de grupo

Obligado a encajar la pérdida de un amigo, me enfrento con la imposible tarea de Sísifo, de volver a subir una inmensa piedra a la cima de la montaña. Cada uno somos irremplazables, pero algunos son líderes sin que se lo reconociéramos nunca. Y no porque nos empujen o condicionen. Lo que aportan hace crecer la hierba y depura la mierda, alrededor. Por que tú quieres, y ellos lo valen.

Por favor, no se me confunda con esas palabras que desconozco como liderazgo estratégico o las coordinaciones oportunistas de política, administración, organizaciones o empresas. Pueden estar juntas en algo, por lo más variopinto; y desde luego, la planificación suele ser un accidente o bien una reflexión a posteriori, que luego se vende como modelo, plan de éxito o simplemente lección de relleno en un temario. No me cabe en la cabeza que un líder se acabe en divulgador de planes, micro para los medios o funambulista que mantiene en movimiento unos cuantos platos chinos.

No soy especialista en liderazgos y además se me confunden con herederedos del conquistador antiguo.
Con ingredientes de sorpresa, que tan bien le viene para su la fama de "aquí te pillo y a tí que te den dos duros".
Con retales de mercachifle, porque el falso líder suele salir carito.
Con toque de última moda para la generación de la innovación.

A pesar de sus falsificaciones creo que puede haber líderes y que algunos lo son. El liderazgo se parece al alma, al menos en los grupos. No se nota cuanto está, pero destaca claramente cuando desaparece. De nuevo la muerte como patrón y criterio último de medida. Así los líderes coinciden en la pasión por la vida.
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