04 marzo 2007

discurso académico vs político

Hace unos días Luis Villa explicaba en Grancomo, La gente no lee. Más bien explica cómo hacer que te lean, cómo ajustarte a lo que quieren oír. Está bien saberlo, sobre todo si hay algún riesgo de que te nombren secretario de estado o director general de algo gordo, público o privado.

Como ejercicio práctico hacer un estudio comparativo entre el discurso académico y el discurso político. Sólo es posible si el cargo en cuestión tiene obra anterior a la de ocupar ese u otros cargos de altura. El marco del estudio es un corriente por definir; algo así como la transmigración de las identidades con los cargos (altos).

Para estos días, el ejercicio puede ser la obra del catedrático de filosofía Miguel Quintanilla Fisac. Autor de estudios sobre técnica y cultura, mentor de unas humanidades fuera de los estrechos márgenes de una facultad convencional, demandante de autonomía, interdisciplinariedad y responsabilidad, clarividente analista de las posibilidades y los riesgos de las filosofías de la calidad que se han venido apoderando de los controles universitarios. Para encontrar sus ideas y palabras podemos usar google scholar.

Como Quintanilla es además secretario de Estado de Universidades e Investigación, también podemos ver qué dicen los blogs y menéame, por ejemplo, sobre el año de la ciencia.

En el ejercicio que propongo ayudo a practicar las reglas de Luis con algunos ejemplos sobre cómo hacer más académico el discurso académico a través de ensayos y monografías del filósofo. Para ejemplo de discurso político valían más ejemplos pero enlacé a la entrevista sobre el año de la ciencia. Porque habla de inversiones en infraestructuras, por autonomías y cómo con ellas la/o/s española/e/s vamos a saber más y a vivir más cerca de la ciencia. No son todos los rasgos del discurso político, pero sí los elementos más constantes independientemente del político que lo pronuncie.

Las conclusiones para la teoría de la trasmigración de las identidades no son inmediatas.
Algunas hipótesis apuntan que el lenguaje de la negociacion estira lo contradictorio hasta reunir y juntar varios imposibles en un mismo discurso. Y por eso sea quien sea el que habla, sólo es un portavoz de un fragmentario resumen de voces y disensiones que se amontonan. Hay otras.
Como quienes sugieren que los premios a una vida de esfuerzo y propuesta por un formación son alcanzar la recompensa de ser el adorno en las organizaciones institucionales. Ser la guinda de un evento, su imagen de marca. Para el docente vocacional el premio más bien parece un castigo. Alejado de la formación a pie de aula, quizá sueñe con la eficacia de la formación virtual, a distancia, animada por los efectos que los eventos reunen para atraer a sus públicos
Publicar un comentario en la entrada