08 mayo 2008

organos colegiados (universitarios)

Ante los decanos y directores de Centro de mi campus propuse (en ruegos) que se segregaran por territorio Departamentos de profesores. Al menos uno por cada uno de los grados, que en adelante y con el modelo Bolonia, se van a impartir en mi ciudad. Me parece una necesidad estructural para todos los campus universitarios pequeños o periféricos. Pero precisamente por serlo carecen de ellos, estos hijos póstumos de las universidades centrales.

Como esperaba, a los decanos les pareció mala idea. Sin embargo estos nuevos responsables de encargar y gestionar la docencia de grados universitarios en el EEES, no creo que conozcan mejor a los profesores, su docencia y su especialización, que los Departamentos. Para apoyar un razonable encargo de docencia no han sido, ni son, suficientes unas artificiales encuestas de calidad o el resto de los sistemas de evaluación del profesorado con los que ahora cuentan las Facultades, imitando el ya viejo management (tampoco entro a esto).

En la contestación, el Rector ironizó con la baja eficacia en sus misiones, en docencia y en investigación, de los Departamentos universitarios. No entro, por no ampliar, pero está claro que se ignoran en las últimas reglamentaciones. Pienso que un Departamento multiárea, para defender y desarrollar los grados claves en cada campus periférico, al menos durante unos años o como experiencia, debería sostenerse. No tenemos muchas más opciones estructurales, que no sean personalistas o voluntaristas, para reflotar o crear redes locales en los campus. Y dejar la docencia de las próximas generaciones de universitarios en los equipos decanales, seguro que ahorra conflictos con Departamentos, pero no tiene pinta de mejorar las decisiones y los encargos que se tomen. En unos añitos lo comprobaremos.
Hasta el momento una de las informaciones decanales más importantes era la intención de voto (o la adjudicación del voto que te suponen) en alumnos, personal y profesores. Para hacer grados europeos y para formar a gente como la que tenemos en las aulas no me parecen datos suficientes ni los más relevantes.

El efecto colateral (espero no deseado) es un camino expedito para que la investigación y los postgrados importantes se concentren en los campus centrales, "en las universidades". Los de los barrios y suburbios académicos no servimos para la suma, para una integración de las diferencias. El verticalismo, sólo un poco más descentralizado, parece volver a alzarse desde estos cimientos de la universidad europea de los próximos años.

Con las aburridas y frecuentes modificaciones legislativas de la educación podríamos enfrentarnos algo más. No basta la fácil enmienda a la totalidad. Vemos unas limitaciones, desde dentro y desde fuera. Unos las compartirán, otros verán algunas distintas. Cada uno desde nuestras miopías debemos proponer apaños, reformas parciales que hagan viable o menos nociva, esta refundación de la vieja institución de la educación superior (ahora quizá institución de la ciencia y la innovación, por el nuevo ministerio del que pasa a depender en España). Cualquier cosa es mejor que ese masoquismo institucional de preferir ser legislados de nuevo cada poco.

No sé cómo funcionan en otras instituciones los órganos colegiados. En la universidad que conozco, de valer algo, sería como juntas informativas (a los que asisten).
Con un orden del día (escueto). Se informa de cada punto (descripción, poco análisis y si hay oposición en la sala, con algo de discusión, que no debate). Y en ruegos y preguntas aparecen los escasos propósitos e intentos de gestión colectiva, consultiva, participativa.
A mí me sabe a poco colegial, consultivo, salvo que invirtamos estos eufemismos en rollo patatero, paripé o similares. Se me nota que ayer enlacé una reunión con otra, y de nuevo... ¿para qué?
Publicar un comentario en la entrada