05 mayo 2008

colonizando el aula (antropología para fin de curso)

Empiezo mi último mes de un curso, y... no me quiero levantar. Si no fuera el profesor...
Me desalienta que tantos festivos han roto el ritmo de un curso (no de los más "interactivos"). Así que ando filosofando sobre el movimiento. Mejor, a la busca de aquel atractivo ajeno que empuje, que anime. Algo que admirar, ¿qué? Con lo bien que se acaba cuesta abajo, a espaldas de lo sabido. Una imagen cultural enlazaría con lo que hablamos hace semanas.
No se me va de la cabeza que intentamos conocer más lo que amamos, así como amamos más fácilmente lo que conocemos. Pero ¿dónde anda, esta primavera (además) , el corazón perdío de mi centenar de jóvenes oyentes? Con tanta gente en el aula me siento como un colonizador de indígenas.

Me sirve la descripción del poeta quichua, antropólogo kitchwa y no sé si ministro ecuatoriano de educación, Ariruma Kowi (artículo, en “Ecuador: los desafíos éticos del presente”, editado por el Proyecto Etica Cívica y Cultura Democrática, del PNUD, el año 2000). Lo común y lo diverso, es uno de esos títulos cogidos (usado), un viejo conocido en navegación generalista. Buscando te lo topas, el tópico. ¿Se reproducen en el aula los errores de la colonización?

Los estudiantes aportan a un curso sus rutinas digitales, que normalmente carecen de fines o éstas se guían por sencillas reglas de juego y de netiqueta. Pero los profesores intentamos desplazar esas rutinas a otros usos, a pruebas de experimentación y descubrimiento. Nos encontramos con usos homogeneizados, colonizados por el ocio y los juegos. Para cambiar el sentido de estas prácticas hace falta una descolonización, recuperar los dispositivos y los soportes para nuevos sentidos.

En seguida nos encontramos con la diversidad cultural, no todos somos de la misma etnia, raza, etc. Sin diferencias, pobre era la unidad conseguida. Para que las minorías puedan recuperar su autoestima, han de caber en un Estado plurinacional, en el aula, con respeto y reconocimiento de la actividad educativa. Y así nos vemos en un nuevo vaivén pendular, de vuelta hacia la unidad, a la homogeneización, al menos en el anillo o el grupo enlazado. Sólo que más reducido, fragmentado.

Esta analítica de la sociedad y del sentido simplifica las clases, reduce las aulas. Pero en el proceso se nos escapa dónde está lo común, qué era lo que compartíamos antes de que nos impusieran un viejo o nuevo orden. Y ya que estamos con antropólogos, ¿dónde están las imágenes ancestrales, las raíces de la asociación en los grupos digitales? El uso de tecnologías en red con aprendizaje presencial y relación interpersonal lo tiene todo, para lo bueno y para lo malo del pre- y también del post-digital.
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