“Al ponerme de pie, realizo un cambio estructural en el suelo, que puede parecer mínimo pero que está ahí si tenemos los sensores adecuados para verlo, y el suelo, al incidir sobre mi pie, provoca un cambio estructural en mí que reconocemos como un sensación de rugosidad o presión en el suelo... el ser vivo ha de cambiar en los encuentros con el medio” (Maturana 1998).
Esta verdad debería mover incluso a los más egoístas o insensibles. Lo que perjudiquemos y malogremos en el medioambiente, nos será devuelto, porque en él y por el (medioambiente) vivimos (o morimos).
Ya es hora de reconocer a los grupos científicos locales, como GECMA que en Galicia cumplirá 30 años proponiendo modelos de bancos de tierras, de reforestación, de saneamiento y cuidado de ríos y costas, de recuperación de espacios naturales. Sólo por su labor de divulgación ya merece reconocimiento el capital informativo que han aportado en los treinta años de vida que cumplen el año que viene (2008).
Los ciudadanos tenemos derecho a una divulgación y una información medioambiental de la que carecemos en importantes tomas de decisión y de voto (periodismo medioambiental: silencio de los diarios). En Europa hay directivas desde 1980 que regulan la libertad de acceso a la información medioambiental (Directiva 90/313/CEE, Convención de Aarhus 1998, Directiva 2003/4/CE). Algunas directivas vienen señalando los cauces para la participación ciudadana en actividades industrial (Directiva 2003/35/CE). Vía Blog Temos Dereito a Saber.
La página del Ministerio español de Medioambiente tiene media docena de formularios para comunicar si hemos visto algúna ave anillada, para observaciones a la asignación de gases contaminantes de los próximos años, para comentar en el programa AGUA o formar parte de los comités de evaluación ambiental. Para todo lo demás, es decir, para casi todo, debes rellenar el formulario de preguntas, quejas y sugerencias (una página de contacto en red). Parecido formulario en la Consellería de Medioambiente gallega.
De ninguna manera deseo contradecir las campañas ecologistas. Ojalá se alcancen los 60 millones de € que mide Greenpeace con el cambio de hora (horario de invierno en este hemisferio). También apagaré los diferenciales de mi casa el 15 Noviembre de 20 a 20:05 (blog). Sin embargo, creo que la acción individual (egologismo), por muy numerosa que sea (cuantos más mejor), debe ir reforzada por acciones institucionales claras y contundentes. ¿Cuántos coches y cigarrillos hay que sumar para contaminar lo que emite una central de carbón en una hora?
La participación ciudadana tiene responsabilidades graves cuando se toman decisiones institucionales sobre la energía o los residuos. Y no se puede participar sin divulgación, careciendo de información social técnicamente válida. La actividad de divulgación y de investigación debe ser mayor en los momentos en los que se deciden grandes operaciones medioambientales o políticas sobre entornos determinados.
Con el grave problema de acumulación de residuos, también en Galicia, hemos optado por falsas soluciones como el enterramiento de nuestros restos urbanos e industriales. Es previsible que incluso en las balsas autorizadas haya que intervenir en unos años. Aunque es contaminante, la incineración reduce bastante la masa y el problema de la basura creciente. Pero no todo puede tratarse con fuego. Hay residuos vegetales y orgánicos que se pueden compostar, si la separación previa es suficiente y se ponen bien lejos de las zonas habitadas, para evitar los malísimos olores y los insectos peculiares de las zonas con materiales en descomposición. Si además deseamos una relativa obtención de energía (restos sigue dejando y los biodigestores son delicados de mantener) podemos apoyar las propuestas de biometanización. Siempre lo suficientemente lejos de las poblaciones como para dejar vivir y respetar los derechos a enfermar por otros motivos de los vecinos. En ningún caso, se deberían reunir actividades molestas y ruidosos que en el caso de los residuos puedan acumular y multiplicar los efectos nocivos de tratamiento. Algunas medidas, como las referidas a determinados residuos de depuradoras, residuos sanitarios, residuos tóxicos o residuos en general de traslado y tratamiento peligroso exigen algo más que presentaciones y notas o ruedas de prensa. Estas palabras mayores de la intervención en los ecosistemas no se deberían aprobar en decisiones unilaterales de organismos o de un plumazo. Se decida lo que se decida, en materia de peligros y toxicidad, a este ciudadano le parecería razonable que se tratara más bien de un programa plurianual, con actuaciones de prueba temporales. En cada revisión l@s ciudadan@s podemos aportar la experiencia de nuestra convivencia, alejada y controlada, con el tratamiento de esos restos de lo que consumimos.
En Galicia hasta la semana pasada regía el plan de residuos sólidos urbanos de 1999 que en principio se proponía acabar con los vertidos incontrolados y cerrar los vertederos de residuos domésticos. El último plan gallego para los RSU (ppt de 35 diapositivas a todo color) busca actualizarse también a tecnologías más actuales. Como en cualquier otro experimento, l@s ciudadan@s tienen derecho a saber lo que se va a hacer, sus posibilidades de mejorar la situación actual y los riesgos de destrozo y contaminación de un entorno y sus consecuencias para los vecinos. El asunto no es broma y las responsabilidades políticas son aún mayores que las responsabilidades de la participación ciudadana.
En otras comunidades y países los problemas no son distintos y la atención y la respuesta ciudadana es igualmente importante y necesaria.
31 octubre 2007
30 octubre 2007
tradición interpretativa de la comunicación: teorías y métodos
En el blog de Investigar Comunicación resumo un recorrido por la tradición interpretativa de las teorías y los métodos para investigar y reflexionar sobre comunicación.
Teorías de la comunicación en la tradición interpretativa:
Pero la postmodernidad rompe nuestra confianza en los hechos y los datos al darnos cuenta de que proceden de conocimiento y de informaciones precedentes. Cada vez nos parece más dificil que podamos reproducir la unidad de los conocimientos en un mismo saber. Pero como la vieja filosofía, la comunicación quiere ser el espacio común en el que quepan todas las perspectivas posibles. Para ser comunicación debe poder ofrecer alguna orientación y composición del presente. Y, como la comprensión clásica, desea integrarse con la historia, con todo lo que el pasado pueda aportar, y abrirse al futuro, sin cerrar ninguna opción de innovación. Esta definición tradicional, popular y culta, desde la historia y la pluralidad es una forma de pensamiento de la comunicación de la que se pueden rastrear vestigios y con la que se puede reflexionar en un tono que permite también acercarnos a formas digitales de comunicación.
La interpretación no es sólo la fase final de la investigación, la base para las conclusiones. También es el principio que marca y condiciona la exploración y la descripción que se produce en la investigación. Engarzando nuestro estudio con la tradición, no esperamos respuestas. Cada comunicación marca un tiempo y es irrepetible. Lo que ganamos con perspectivas abiertas, también al pasado es una reflexión colaborativa e intercultural que nos obliga a salir de cerrados planteamientos personal hacia un diálogo general sobre el díalogo como base de la reflexión sobre comunicación.
Las tradiciones interpretativas no se encuadran en corrientes ideológicas dominantes, hay pragmáticos de preocupación social o ética como criticistas de gran calado analítico e interpretativo. La interpretación extiende un suelo y un horizonte previo y posterior a los posicionamientos escolásticos o doctrinales de los científicos y comunicólogos.
En España, como recoge el libro de Leo García Jiménez, se pueden encontrar vestigios de tradiciones interpretativas en muchos trabajos, pero son más frecuentes y específicas las referencias en monografías de micro-comunicación o en estudios de comunicación interpersonal así como en estudios de comunicación grupal o estudios meso de comunicación.
Tradición dialógica e interpretativa (micro)
Estudios de comunicación interpersonal: Carlos Castilla del Pino (desde la hermenéutica psiquiátrica), Miguel Roiz (1986 y 2002 la sociología de la persuasión ), María Antonia Arias Fernández (estudios de sociolingüística) como también en la obra de Luis Núñez Ladeveze, Felicísimo Valbuena, Manuel Martín (1993 fenomenología de Schutz),o Carmelo Garitaonaindía, y Carmen Cafarell (años ochenta). Se pueden incluir estudios sectoriales del texto y del discurso así como los centrados en un soporte o formato, como los estudios cinematográficos de José Luis Sánchez Noriega o sobre ficción y televisión de Mario García de Castro.
Tradición interpretativa (estudios mixtos y meso-comunicación según James S. Coleman 1990, Enzensberger 1970)
- la sociosemiótica de Moragas 1976, 1980, Pérez Tornero 1986, 1997 y Rodrigo Alsina 1986, 1992, 1994, 1995
- la formación de la opinión pública de Saperas 1989, Berrio 1993-2000.
- vestigios etnológicos que se puedan encontrar en Josep Gifreu 1998, Manuel Parés i Maicas o Bernat López.
- socio-técnicos Ignacio Aguaded y Ramón Correa o Francisco Sierra Caballero.
Teorías de la comunicación en la tradición interpretativa:
- Interaccionismo simbólico y la Escuela de Chicago.
- Escuela de Palo Alto
- Cognicionismo, constructivismo y construccionismo.
- la retórica , que recuperamos de tradiciones humanísticas anteriores a las sociológicas
- la fenomenología , fundamento filosófico de algunos planteamientos sociológicos clásicos
- la semiótica, que no suele plantearse como ciencia o como conjuntos de teorías sino como método interdisciplinar en ciencias sociales.
- la hermenéutica , recuperación también humanística del tratamiento de textos y de imágenes (iconología)
- la etnometodología , versión antropológica y sociológica del tratamiento documental por colectivos sociales.
Pero la postmodernidad rompe nuestra confianza en los hechos y los datos al darnos cuenta de que proceden de conocimiento y de informaciones precedentes. Cada vez nos parece más dificil que podamos reproducir la unidad de los conocimientos en un mismo saber. Pero como la vieja filosofía, la comunicación quiere ser el espacio común en el que quepan todas las perspectivas posibles. Para ser comunicación debe poder ofrecer alguna orientación y composición del presente. Y, como la comprensión clásica, desea integrarse con la historia, con todo lo que el pasado pueda aportar, y abrirse al futuro, sin cerrar ninguna opción de innovación. Esta definición tradicional, popular y culta, desde la historia y la pluralidad es una forma de pensamiento de la comunicación de la que se pueden rastrear vestigios y con la que se puede reflexionar en un tono que permite también acercarnos a formas digitales de comunicación.
La interpretación no es sólo la fase final de la investigación, la base para las conclusiones. También es el principio que marca y condiciona la exploración y la descripción que se produce en la investigación. Engarzando nuestro estudio con la tradición, no esperamos respuestas. Cada comunicación marca un tiempo y es irrepetible. Lo que ganamos con perspectivas abiertas, también al pasado es una reflexión colaborativa e intercultural que nos obliga a salir de cerrados planteamientos personal hacia un diálogo general sobre el díalogo como base de la reflexión sobre comunicación.
Las tradiciones interpretativas no se encuadran en corrientes ideológicas dominantes, hay pragmáticos de preocupación social o ética como criticistas de gran calado analítico e interpretativo. La interpretación extiende un suelo y un horizonte previo y posterior a los posicionamientos escolásticos o doctrinales de los científicos y comunicólogos.
En España, como recoge el libro de Leo García Jiménez, se pueden encontrar vestigios de tradiciones interpretativas en muchos trabajos, pero son más frecuentes y específicas las referencias en monografías de micro-comunicación o en estudios de comunicación interpersonal así como en estudios de comunicación grupal o estudios meso de comunicación.
Tradición dialógica e interpretativa (micro)
Estudios de comunicación interpersonal: Carlos Castilla del Pino (desde la hermenéutica psiquiátrica), Miguel Roiz (1986 y 2002 la sociología de la persuasión ), María Antonia Arias Fernández (estudios de sociolingüística) como también en la obra de Luis Núñez Ladeveze, Felicísimo Valbuena, Manuel Martín (1993 fenomenología de Schutz),o Carmelo Garitaonaindía, y Carmen Cafarell (años ochenta). Se pueden incluir estudios sectoriales del texto y del discurso así como los centrados en un soporte o formato, como los estudios cinematográficos de José Luis Sánchez Noriega o sobre ficción y televisión de Mario García de Castro.
Tradición interpretativa (estudios mixtos y meso-comunicación según James S. Coleman 1990, Enzensberger 1970)
- la sociosemiótica de Moragas 1976, 1980, Pérez Tornero 1986, 1997 y Rodrigo Alsina 1986, 1992, 1994, 1995
- la formación de la opinión pública de Saperas 1989, Berrio 1993-2000.
- vestigios etnológicos que se puedan encontrar en Josep Gifreu 1998, Manuel Parés i Maicas o Bernat López.
- socio-técnicos Ignacio Aguaded y Ramón Correa o Francisco Sierra Caballero.
29 octubre 2007
Las carreras universitarias tienen ley (y plazos)
Los que trabajamos en la universidad española estrenamos el viernes 26 un real decreto, el tercero de esta legislatura, que regirá los estudios universitarios en su proceso de ajuste al Espacio Europeo de Educación Superior (pdf de 33 páginas) y de acuerdo con la última LOU.
Sobre grados, máster y doctorado se confirma lo que viene siendo vox populi y noticia desde hace tiempo. Y quizá por eso mismo ahora sea ley.
Tampoco es innovador el apartado de disposiciones adicionales que pone los plazos, los títulos de la Iglesia Católica o la formación superior en el Ejército. Como muestra de las presiones recibidas, y de lo conciliar que es este decreto, la adicional décima dice que los títulos sanitarios no deben confundirse con los títulos clásicos, por ejemplo, de médico, añado yo, esos que dieron origen a la universidad (en Montpellier, por ejemplo) y la han llevado a su reconocimiento actual (sigo añadiendo).
En estos "decretos paraguas", previos al siguiente R. D. que los derogará, hay algunos vestigios de esfuerzo regulador, y no sólo resultado del acalorado debate corporativista (se entiende de las profesiones presentes).
Se ha dado algún paso en el asunto de las "materias básicas" responsables de vertebrar y orientar las titulaciones (al mercado).
CIENCIAS SOCIALES Y JURÍDICAS Antropología Ciencia Política Comunicación Derecho Economía Educación Empresa Estadística Geografía Historia Psicología
Algunas de estas troncalidades coinciden con la de
ARTES Y HUMANIDADES Antropología Arte Ética Expresión Artística Filosofía Geografía Historia Idioma Moderno Lengua Lengua Clásica Lingüística Literatura Sociología
En las últimas décadas los Departamentos han sido espacios residenciales de las materias básicas y colonizadores de cualquier nueva rama del conocimiento que la Universidad se propusiera. Los apuntes en este R. D. parecen querer frenar aquellas batallas de taifas. Al menos si una titulación tiene la suerte de relacionarse directamente con algunas de estas materias básicas.
También se inicia un periodo de mayor autonomía en cuestión de títulos, aunque sometidos a la revisión semestral de las agencias nacionales y autonómicas de evaluación.
Sobre grados, máster y doctorado se confirma lo que viene siendo vox populi y noticia desde hace tiempo. Y quizá por eso mismo ahora sea ley.
Tampoco es innovador el apartado de disposiciones adicionales que pone los plazos, los títulos de la Iglesia Católica o la formación superior en el Ejército. Como muestra de las presiones recibidas, y de lo conciliar que es este decreto, la adicional décima dice que los títulos sanitarios no deben confundirse con los títulos clásicos, por ejemplo, de médico, añado yo, esos que dieron origen a la universidad (en Montpellier, por ejemplo) y la han llevado a su reconocimiento actual (sigo añadiendo).
En estos "decretos paraguas", previos al siguiente R. D. que los derogará, hay algunos vestigios de esfuerzo regulador, y no sólo resultado del acalorado debate corporativista (se entiende de las profesiones presentes).
Se ha dado algún paso en el asunto de las "materias básicas" responsables de vertebrar y orientar las titulaciones (al mercado).
CIENCIAS SOCIALES Y JURÍDICAS Antropología Ciencia Política Comunicación Derecho Economía Educación Empresa Estadística Geografía Historia Psicología
Algunas de estas troncalidades coinciden con la de
ARTES Y HUMANIDADES Antropología Arte Ética Expresión Artística Filosofía Geografía Historia Idioma Moderno Lengua Lengua Clásica Lingüística Literatura Sociología
En las últimas décadas los Departamentos han sido espacios residenciales de las materias básicas y colonizadores de cualquier nueva rama del conocimiento que la Universidad se propusiera. Los apuntes en este R. D. parecen querer frenar aquellas batallas de taifas. Al menos si una titulación tiene la suerte de relacionarse directamente con algunas de estas materias básicas.
También se inicia un periodo de mayor autonomía en cuestión de títulos, aunque sometidos a la revisión semestral de las agencias nacionales y autonómicas de evaluación.
26 octubre 2007
Fronteras (Jacinto Choza 2007)
Distribuyo en cinco entradas un artículo del catedrático de antropología filosófica Jacinto Choza pendiente de edición impresa. Me parece un texto de importancia.
1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados
Fronteras geográficas, sociológicas y metafísicas de
Jacinto Choza, Director del Seminario de las Tres Culturas, Universidad de Sevilla
fué presentado en Fundación CIDOB, Barcelona el jueves 20 septiembre de 2007.
Sé que la extensión supera un tiempo convencional de lectura en blog. También creo que su contenido merece esta excepción. Jacinto es amigo personal, pero creo que eso no merma un ápice lo que aquí afirma y critica. Para que a otros resulte más sencilla la lectura o situación en sus afirmaciones también he dedicado bastantes horas más a esta tarea, que a la selección y redacción diaria que acostumbro.
El año pasado, el profesor Choza me sugirió postear otro artículo titulado Comunicación Intercultural.
En algún otro blog hay textos suyos como este Elogio de los grandes sinvergüenzas, fragmento de su libro La supresión del pudor (1980).
1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados
Fronteras geográficas, sociológicas y metafísicas de
Jacinto Choza, Director del Seminario de las Tres Culturas, Universidad de Sevilla
fué presentado en Fundación CIDOB, Barcelona el jueves 20 septiembre de 2007.
Sé que la extensión supera un tiempo convencional de lectura en blog. También creo que su contenido merece esta excepción. Jacinto es amigo personal, pero creo que eso no merma un ápice lo que aquí afirma y critica. Para que a otros resulte más sencilla la lectura o situación en sus afirmaciones también he dedicado bastantes horas más a esta tarea, que a la selección y redacción diaria que acostumbro.
El año pasado, el profesor Choza me sugirió postear otro artículo titulado Comunicación Intercultural.
En algún otro blog hay textos suyos como este Elogio de los grandes sinvergüenzas, fragmento de su libro La supresión del pudor (1980).
Redes (Fronteras, 5, J. Choza)
1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados (Jacinto Choza 2007)
Si el derecho administrativo global puede hacerse cargo de las barreras y nudos de comunicación oficiales, y la historia cultural tanto de los oficiales como de los privados, la antropología cultural, y más específicamente la antropología urbana, se ocupa de las agrupaciones que no tienen ningún carácter oficial ni público, y que vertebran la sociedad del siglo XXI, mayoritariamente urbana, mediante esos canales de comunicación y de circulación de bienes y servicios, también con importantes funciones identitarias, que son la redes.
Las redes son las bandas urbanas de jóvenes latinos o europeos, las organizaciones de chinos y senegaleses que se ocupan de acoger a los inmigrantes, las ONGs de la más variada índole, los traficantes de droga, de blancas o de inmigrantes que carecen de redes propias. Pero también son redes los clubes de fútbol o de filatelia, los amigos del seat 600, o los de los dólmenes, los apóstoles del magnesio o los del yoga.
Las redes están incomunicadas entre sí. Por supuesto, las conocen las ONGs, el ministerio del interior, etc. pero están incomunicadas. Constituyen universos culturales incomunicados por unas fronteras más impenetrables que las nacionales, y que es la heterogeneidad.
Pero dentro de las redes hay sistemas de comunicación incontrolables: un gay puede ser del club del 600 y apóstol del magnesio, y, desde esta perspectiva, cada individuo es un nudo de comunicación (cfr Cucó Giner 2004). Con todo, hay individuos que son nudos más poderosos que otros, hay individuos networking , que son ellos mismos nudos de comunicaciones y profesionales de las conexiones, y otros muchos, la gran mayoría, que no tienen conciencia del potencial comunicativo de su interconexión y constituyen nudos sordos y ciegos, o nudos desactivados.
Los individuos con conciencia de su carácter nodal operan traspasando continuamente fronteras, o salvando el abismo de heterogeneidad que hay entre mundos incomunicados, tanto privada como pública y oficialmente, tanto en niveles cotidianos y domésticos, como en misiones oficiales de representación. Y tanto ellos como los que no tienen conciencia de su carácter nodal están continuamente expuestos a unas crisis de identidad que se salvan reconstruyendo la esencia humana en unos niveles inéditos, es decir, reelaborando práctica y teóricamente unos modelos de humanismo que se consolidan precariamente.
Si de nuevo Estrabón hiciera su periplo sobre ese territorio que describe como extendido en forma de piel de toro y con el enfoque propio de un geógrafo buscara dónde y cómo vive la gente, no adoptaría el criterio antiguo de dividir el espacio según los ríos y los valles separados por cordilleras, sino según los modos de vivir de los diferentes grupos humanos, lo cual ahora no se determina de modo relevante en términos de ríos,valles y montes. Podría decir que en una zona de esa piel de toro que los lugareños denominan Madrid, hay: 1) especuladores, 2) madridistas, 3) “sudacas” 4) mujeres, 5) aragoneses, 6) homosexuales, 7) pobres, 8) mayores de 65 años, 9) que se enfadan mucho cuando conducen, 10) macarras, 11) “personas normales”, 12) diabéticos, 13) funcionarios, 14) que no los quieren en ninguna parte, 15) inclasificables, 16) etcétera.
Como expuse en otro lugar (Choza 2002, pp 175 ss) , cada individuo vive en una pluralidad de escenarios sociales que comparten un espacio físico común. Esos escenarios pueden no estar relacionados entre sí y en cada uno puede representar a un personaje diferente. Los autores de esos papeles pueden ser, con diferente grado de participación, el individuo mismo, los símbolos que forman el campo de fuerzas escénico.
Y esta nueva situación plantea nuevos problemas a las representaciones del sí mismo: cuál de los personajes concuerda mejor con el actor, independientemente del autor que los haya generado, qué posibilidades y qué necesidades hay de unificación de los diferentes personajes, qué tipo de experiencia de sí mismo, de su ser, y qué modos de nombrarse a sí mismo, de autoidentificación, tiene el actor en esa refracción múltiple de su existencia, y otros de no menor relevancia (Berger - Luckmann, pp 216-227).
Pues, en efecto, a lo largo del día y de la semana un hombre puede vivir como padre de familia cuando desayuna, como empleado de banca en su ocupación habitual, como experto del billar o del poker en el café, como profesor de contabilidad en una academia, como comprometido socialista algunas tardes, como católico activo en la parroquia otras, como bético fervoroso algunos fines de semana, como cultivador de lechugas y tomates en su trozo de campo algunos otros, como diabético permanentemente, como marido celoso con frecuencia, etc.
Todo eso en el caso de un individuo socialmente integrado, en el supuesto de que se mantenga constante la definición y la realidad jurídica y sociológica de lo que actualmente se denomina “empleo”, en el supuesto de que la movilidad laboral o el desempleo no le fuercen a cambiar el repertorio de personajes que desempeña cada varios años, en el supuesto de que no cambie de cónyuge una o más veces en su vida y en el de que no cambie de padres o de hijos otras tantas. A su vez, una mujer puede tener un repertorio de papeles todavía más heterogéneos y más numerosos, y el conjunto de todas las mujeres puede ser igual de determinante que los hombres en la interpretación pública de la realidad.
Esos papeles pueden no ser contradictorios, sino simplemente heterogéneos, o bien ser culturalmente opuestos entre sí, y pueden ser estables durante largos periodos de la vida o cambiantes. En el caso de que la velocidad de alteración de esas panoplias de papeles supere un determinado umbral, que ciertamente en el paleolítico y en el neolítico era más bajo que en la posmodernidad, las categorías de sustancia, causa y tiempo interno pueden dejar de ser adecuadas para codificar la subjetividad humana y la dinámica social, y pasar a serlo más otras como las de función, juego o sistema.
La comunicación entre los individuos de distintos grupos se establece en base al conjunto de conocimientos que se denomina sentido común, pero ese sentido común es una tópica sometida a una creciente velocidad de cambio.
“Para vivir en esos suburbios llamados física, o Islam, o derecho, o música o socialismo, uno debe cumplir con ciertos requisitos específicos, pues no todas las viviendas tienen la misma majestuosidad. Pero para vivir en ese semi-suburbio llamado sentido común, donde las cosas están sans façon, uno sólo necesita poseer una conciencia lógica y práctica, como dice la vieja frase, a pesar de que esas respetables virtudes queden definidas en la ciudad particular del pensamiento y del lenguaje de la que uno es ciudadano” (Geertz, p114).
El ser humano posmoderno, postneolítico o postaxial no puede seguir comprendiéndose a sí mismo según la unidad y linealidad de las categorías de sustancia y causa, porque cada cultura tiene un tiempo interno diferente, porque cada una tiene su propio futuro y ya no sabemos quién es contemporáneo de quién. Todas las tribus no van en el mismo barco (Sloterdijk)
La diferencia entre comportamiento bueno y malo, que permitía en el planteamiento de Aristóteles alcanzar la unidad consigo mismo, ha dejado paso a una pluralidad de dimensiones heterogéneas de una misma biografía individual cuya integración no es simplemente asunto de la praxis ética. Por otra parte, la diferencia entre burgueses y proletarios, cuya superación daba lugar en el planteamiento de Marx a la unidad de la sociedad consigo misma, ha dejado paso a una pluralidad formada por mujeres, inmigrantes, homosexuales, pensionistas, etc., cuya integración tampoco es asunto del proceso dialéctico de supresión de clases sociales.
No se trata de que el individuo no tenga que construir su biografía, ni de que esa construcción no tenga carácter ético, sino de que el modo de construirla ha de hacerse cargo unitariamente de papeles heterogéneos y distantes, y de que la ética que entra en juego no es una sino múltiple (Cfr Charles Taylor 1996). Por otra parte, tampoco se trata de que la aspiración a superar las alienaciones no siga siendo un objetivo, o que el esquema marxista no sea aplicable a las alienaciones de algunos grupos (cfr A Valcárcel 1991), sino de que la heterogeneidad de grupos y sus alienaciones respectivas no puede ser resuelta en su conjunto según el esquema dialéctico.
La imposibilidad de hacerse cargo de los problemas nuevos con el sistema categorial antiguo es lo que se vivencia como quiebra de la modernidad y advenimiento de la era postaxial. Ello se expresa en la novela de Joyce y Kafka, en el teatro de Pirandello o en la poesía de Pessoa y Rilke (Choza 1991), elaboradas mientras el pensamiento filosófico tematizaba el mismo fenómeno en las obras de Weber, Husserl, Jaspers y Heidegger, y, Adorno y Horkheimer. Y posteriormente, la imposibilidad de proseguir el esquema dialéctico, en el que se habían integrado esquemas freudianos y estructuralistas, es lo que se ha vivenciado no menos aguda y dolorosamente y se ha expresado no menos brillantemente en el pensamiento postestructuralista y posmoderno.
Las redes constituyen una auténtica maraña en la que los individuos y los grupos luchan por constituirse, identificarse y sobrevivir, atravesando fronteras e integrando en ellos mismos elementos y factores que pertenecen a ámbitos heterogéneos.
Las identidades colectivas y las individuales requieren, en no pocos casos, y en no pocos niveles, redefinición, y, correlativamente también lo requieren las fronteras, pero a su vez, esas fronteras es preciso que sean sumamente porosas y transitables para no destruir a los individuos, a las familias (cualesquiera que sean los modelos a los que respondan) y a los grupos.
La mirada cosmopolita y la voluntad de fronteras abordan, en último término, la tarea de definir un nuevo humanismo, de establecer quiénes somos humanos y cuántos lo somos, en qué consiste serlo y qué medios se proveen para que todos los miembros de la especie lo alcancen.
Hay al menos dos niveles que requieren una atención de la máxima urgencia. El nivel estatal, en el que, mediante la ciudadanía, se garantizan y tutelan los derechos humanos para todos los individuos situados en un territorio, y el nivel doméstico, en el que, mediante la comunicación íntima se garantiza y se tutela la convivencia en la que los seres humanos se constituyen mediante los vínculos de certidumbre, confianza y dependencia.
De la ciudadanía se ocupan los estados, como se ha señalado en las ponencias anteriores, según pautas que han de ser renovadas respecto de las usadas en la modernidad, y de la intimidad doméstica se ocupan los propios individuos en las agrupaciones más elementales, familiares, flanqueados por redes privadas y redes publicas como empresas, municipios, iglesias, etc. también renovadas respecto de las provenientes de la modernidad.
De la consistencia y de la flexibilidad de esas fronteras depende que el hombre quede destruido, o que se logre la realización práctica y la formulación teórica de un nuevo humanismo.
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados (Jacinto Choza 2007)
Si el derecho administrativo global puede hacerse cargo de las barreras y nudos de comunicación oficiales, y la historia cultural tanto de los oficiales como de los privados, la antropología cultural, y más específicamente la antropología urbana, se ocupa de las agrupaciones que no tienen ningún carácter oficial ni público, y que vertebran la sociedad del siglo XXI, mayoritariamente urbana, mediante esos canales de comunicación y de circulación de bienes y servicios, también con importantes funciones identitarias, que son la redes.
Las redes son las bandas urbanas de jóvenes latinos o europeos, las organizaciones de chinos y senegaleses que se ocupan de acoger a los inmigrantes, las ONGs de la más variada índole, los traficantes de droga, de blancas o de inmigrantes que carecen de redes propias. Pero también son redes los clubes de fútbol o de filatelia, los amigos del seat 600, o los de los dólmenes, los apóstoles del magnesio o los del yoga.
Las redes están incomunicadas entre sí. Por supuesto, las conocen las ONGs, el ministerio del interior, etc. pero están incomunicadas. Constituyen universos culturales incomunicados por unas fronteras más impenetrables que las nacionales, y que es la heterogeneidad.
Pero dentro de las redes hay sistemas de comunicación incontrolables: un gay puede ser del club del 600 y apóstol del magnesio, y, desde esta perspectiva, cada individuo es un nudo de comunicación (cfr Cucó Giner 2004). Con todo, hay individuos que son nudos más poderosos que otros, hay individuos networking , que son ellos mismos nudos de comunicaciones y profesionales de las conexiones, y otros muchos, la gran mayoría, que no tienen conciencia del potencial comunicativo de su interconexión y constituyen nudos sordos y ciegos, o nudos desactivados.
Los individuos con conciencia de su carácter nodal operan traspasando continuamente fronteras, o salvando el abismo de heterogeneidad que hay entre mundos incomunicados, tanto privada como pública y oficialmente, tanto en niveles cotidianos y domésticos, como en misiones oficiales de representación. Y tanto ellos como los que no tienen conciencia de su carácter nodal están continuamente expuestos a unas crisis de identidad que se salvan reconstruyendo la esencia humana en unos niveles inéditos, es decir, reelaborando práctica y teóricamente unos modelos de humanismo que se consolidan precariamente.
Si de nuevo Estrabón hiciera su periplo sobre ese territorio que describe como extendido en forma de piel de toro y con el enfoque propio de un geógrafo buscara dónde y cómo vive la gente, no adoptaría el criterio antiguo de dividir el espacio según los ríos y los valles separados por cordilleras, sino según los modos de vivir de los diferentes grupos humanos, lo cual ahora no se determina de modo relevante en términos de ríos,valles y montes. Podría decir que en una zona de esa piel de toro que los lugareños denominan Madrid, hay: 1) especuladores, 2) madridistas, 3) “sudacas” 4) mujeres, 5) aragoneses, 6) homosexuales, 7) pobres, 8) mayores de 65 años, 9) que se enfadan mucho cuando conducen, 10) macarras, 11) “personas normales”, 12) diabéticos, 13) funcionarios, 14) que no los quieren en ninguna parte, 15) inclasificables, 16) etcétera.
Como expuse en otro lugar (Choza 2002, pp 175 ss) , cada individuo vive en una pluralidad de escenarios sociales que comparten un espacio físico común. Esos escenarios pueden no estar relacionados entre sí y en cada uno puede representar a un personaje diferente. Los autores de esos papeles pueden ser, con diferente grado de participación, el individuo mismo, los símbolos que forman el campo de fuerzas escénico.
Y esta nueva situación plantea nuevos problemas a las representaciones del sí mismo: cuál de los personajes concuerda mejor con el actor, independientemente del autor que los haya generado, qué posibilidades y qué necesidades hay de unificación de los diferentes personajes, qué tipo de experiencia de sí mismo, de su ser, y qué modos de nombrarse a sí mismo, de autoidentificación, tiene el actor en esa refracción múltiple de su existencia, y otros de no menor relevancia (Berger - Luckmann, pp 216-227).
Pues, en efecto, a lo largo del día y de la semana un hombre puede vivir como padre de familia cuando desayuna, como empleado de banca en su ocupación habitual, como experto del billar o del poker en el café, como profesor de contabilidad en una academia, como comprometido socialista algunas tardes, como católico activo en la parroquia otras, como bético fervoroso algunos fines de semana, como cultivador de lechugas y tomates en su trozo de campo algunos otros, como diabético permanentemente, como marido celoso con frecuencia, etc.
Todo eso en el caso de un individuo socialmente integrado, en el supuesto de que se mantenga constante la definición y la realidad jurídica y sociológica de lo que actualmente se denomina “empleo”, en el supuesto de que la movilidad laboral o el desempleo no le fuercen a cambiar el repertorio de personajes que desempeña cada varios años, en el supuesto de que no cambie de cónyuge una o más veces en su vida y en el de que no cambie de padres o de hijos otras tantas. A su vez, una mujer puede tener un repertorio de papeles todavía más heterogéneos y más numerosos, y el conjunto de todas las mujeres puede ser igual de determinante que los hombres en la interpretación pública de la realidad.
Esos papeles pueden no ser contradictorios, sino simplemente heterogéneos, o bien ser culturalmente opuestos entre sí, y pueden ser estables durante largos periodos de la vida o cambiantes. En el caso de que la velocidad de alteración de esas panoplias de papeles supere un determinado umbral, que ciertamente en el paleolítico y en el neolítico era más bajo que en la posmodernidad, las categorías de sustancia, causa y tiempo interno pueden dejar de ser adecuadas para codificar la subjetividad humana y la dinámica social, y pasar a serlo más otras como las de función, juego o sistema.
La comunicación entre los individuos de distintos grupos se establece en base al conjunto de conocimientos que se denomina sentido común, pero ese sentido común es una tópica sometida a una creciente velocidad de cambio.
“Para vivir en esos suburbios llamados física, o Islam, o derecho, o música o socialismo, uno debe cumplir con ciertos requisitos específicos, pues no todas las viviendas tienen la misma majestuosidad. Pero para vivir en ese semi-suburbio llamado sentido común, donde las cosas están sans façon, uno sólo necesita poseer una conciencia lógica y práctica, como dice la vieja frase, a pesar de que esas respetables virtudes queden definidas en la ciudad particular del pensamiento y del lenguaje de la que uno es ciudadano” (Geertz, p114).
El ser humano posmoderno, postneolítico o postaxial no puede seguir comprendiéndose a sí mismo según la unidad y linealidad de las categorías de sustancia y causa, porque cada cultura tiene un tiempo interno diferente, porque cada una tiene su propio futuro y ya no sabemos quién es contemporáneo de quién. Todas las tribus no van en el mismo barco (Sloterdijk)
La diferencia entre comportamiento bueno y malo, que permitía en el planteamiento de Aristóteles alcanzar la unidad consigo mismo, ha dejado paso a una pluralidad de dimensiones heterogéneas de una misma biografía individual cuya integración no es simplemente asunto de la praxis ética. Por otra parte, la diferencia entre burgueses y proletarios, cuya superación daba lugar en el planteamiento de Marx a la unidad de la sociedad consigo misma, ha dejado paso a una pluralidad formada por mujeres, inmigrantes, homosexuales, pensionistas, etc., cuya integración tampoco es asunto del proceso dialéctico de supresión de clases sociales.
No se trata de que el individuo no tenga que construir su biografía, ni de que esa construcción no tenga carácter ético, sino de que el modo de construirla ha de hacerse cargo unitariamente de papeles heterogéneos y distantes, y de que la ética que entra en juego no es una sino múltiple (Cfr Charles Taylor 1996). Por otra parte, tampoco se trata de que la aspiración a superar las alienaciones no siga siendo un objetivo, o que el esquema marxista no sea aplicable a las alienaciones de algunos grupos (cfr A Valcárcel 1991), sino de que la heterogeneidad de grupos y sus alienaciones respectivas no puede ser resuelta en su conjunto según el esquema dialéctico.
La imposibilidad de hacerse cargo de los problemas nuevos con el sistema categorial antiguo es lo que se vivencia como quiebra de la modernidad y advenimiento de la era postaxial. Ello se expresa en la novela de Joyce y Kafka, en el teatro de Pirandello o en la poesía de Pessoa y Rilke (Choza 1991), elaboradas mientras el pensamiento filosófico tematizaba el mismo fenómeno en las obras de Weber, Husserl, Jaspers y Heidegger, y, Adorno y Horkheimer. Y posteriormente, la imposibilidad de proseguir el esquema dialéctico, en el que se habían integrado esquemas freudianos y estructuralistas, es lo que se ha vivenciado no menos aguda y dolorosamente y se ha expresado no menos brillantemente en el pensamiento postestructuralista y posmoderno.
Las redes constituyen una auténtica maraña en la que los individuos y los grupos luchan por constituirse, identificarse y sobrevivir, atravesando fronteras e integrando en ellos mismos elementos y factores que pertenecen a ámbitos heterogéneos.
Las identidades colectivas y las individuales requieren, en no pocos casos, y en no pocos niveles, redefinición, y, correlativamente también lo requieren las fronteras, pero a su vez, esas fronteras es preciso que sean sumamente porosas y transitables para no destruir a los individuos, a las familias (cualesquiera que sean los modelos a los que respondan) y a los grupos.
La mirada cosmopolita y la voluntad de fronteras abordan, en último término, la tarea de definir un nuevo humanismo, de establecer quiénes somos humanos y cuántos lo somos, en qué consiste serlo y qué medios se proveen para que todos los miembros de la especie lo alcancen.
Hay al menos dos niveles que requieren una atención de la máxima urgencia. El nivel estatal, en el que, mediante la ciudadanía, se garantizan y tutelan los derechos humanos para todos los individuos situados en un territorio, y el nivel doméstico, en el que, mediante la comunicación íntima se garantiza y se tutela la convivencia en la que los seres humanos se constituyen mediante los vínculos de certidumbre, confianza y dependencia.
De la ciudadanía se ocupan los estados, como se ha señalado en las ponencias anteriores, según pautas que han de ser renovadas respecto de las usadas en la modernidad, y de la intimidad doméstica se ocupan los propios individuos en las agrupaciones más elementales, familiares, flanqueados por redes privadas y redes publicas como empresas, municipios, iglesias, etc. también renovadas respecto de las provenientes de la modernidad.
De la consistencia y de la flexibilidad de esas fronteras depende que el hombre quede destruido, o que se logre la realización práctica y la formulación teórica de un nuevo humanismo.
Administración (fronteras, 4, J. Choza)
1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos. (Jacinto Choza 2007)
5.- Las redes. Barreras y nudos privados
En cierta ocasión John von Neumann, creador de la teoría de juegos entre otras aportaciones, declaró que había podido desarrollar esa investigación y publicar su Theory of games and economic behavior ('Teoría de juegos y comportamiento económico'), junto a Oskar Morgenstern, en 1944, gracias a que estaba colaborando con la IBM y trabajando en sus laboratorios, porque si hubiera estado solamente en la Universidad (en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, que es dónde estaba) no hubiera podido. Y no hubiera podido -continuaba- porque la delimitación administrativa de las disciplinas y los departamentos de investigación hace muy difícil, y a veces imposible, tomar elementos de la investigación y de los investigadores de otros departamentos para desarrollar los propios estudios.
Si esa afirmación la hace un profesor de una universidad americana, y, más en concreto, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, un profesor europeo la puede elevar al cubo. La organización de cualquier tipo de actividad, y la creación de los sistemas de administración, despliega capilarmente las potencialidades humanas y las especializa en aras de una eficacia imprescindible para el funcionamiento de las sociedades modernas. Como es sabido, el análisis de la génesis, desarrollo e implicaciones de la burocracia es la gran aportación de Max Weber a la sociología., y como él mismo señalara, el proceso se despliega en los mismos términos para la administración pública, el ejército, la iglesia, la empresa capitalista y el mundo académico ( Weber 2005, p. 716 y ss).
Pues bien, dentro de cada uno de esos ámbitos, la burocracia genera barreras insalvables a la vez que crea unos nudos de comunicación, a los que se le puede dar el nombre de públicos en la medida en que pertenecen a entidades con existencia oficialmente reconocida. Las barreras vienen dadas simplemente por las diferencias de ámbitos y, en su caso, de fueros, y los nudos de comunicación vienen dados mediante entidades e instituciones que comunican a esos ámbitos entre sí, como los sindicatos, las nunciaturas, los consejos sociales de los centros académicos, los consejos de administración de las empresas, etc.
Por otra parte, los ámbitos oficiales sancionados por la administración, son reforzados en sus fronteras por elaboraciones culturales que desde los ámbitos académicos, artísticos, deportivos, etc., van invadiendo el lenguaje ordinario y conformando el sentido común, hasta construir nuevas fronteras culturales particularmente espesas. Esas fronteras metales son las que separan a unos grupos humanos de los "otros", siendo los "otros" los orientales, los negros, los inmigrantes, las mujeres, los homosexuales, los malhechores, las masas, etc. El mundo académico, desde Foucault (2004) a Said (1999) y a Elias (1989) ha levantado acta de la constitución y la fuerza de tales fronteras.
La proliferación, a lo largo del siglo XX, de entidades oficiales a la que los individuos pertenecen, ha dado lugar a que la vinculación del individuo a la administración estatal sea poco determinante de sus actividades y de su identidad, y se haya producido una "deslocalización" de la actividad y la identidad individual.
La coexistencia en espacios geográficos comunes, y en espacios sociológicos heterogéneos, de diferentes agrupaciones de individuos y de diferentes grupos culturales, genera un tipo de barreras y un tipo de comunicaciones entre ellos, que unas veces da lugar a conflictos y otras a la constitución de comunidades prósperas.
En el ámbito religioso, la unidad de un espacio físico común a espacios sociológicos heterogéneos, induce a un diálogo interreligioso o a un ecumenismo pacífico, unas veces, y a nuevos conflictos de religión, otras (vid P Berger 1974, Gilles Kepel 1991, R Lauth 2004 y 2005). En el ámbito civil, igualmente se dan situaciones de marginación o comunidades multiculturales verdaderamete ejemplares (como Cerritos).
Además, el hecho de que las agrupaciones de individuos y el hecho de que las instituciones en las que se incardinan, como las iglesias, las empresas, las universidades, etc., tengan un carácter cada vez más supranacional, da lugar a que el principio de territorialidad con el que se inaugura la modernidad, el estado moderno y la nación moderna, entre en fase de obsolescencia. No es que se produzca una "deslocalización" de las empresas, del ejercito o de la banca, es que el principio moderno de territorialidad nacional va perdiendo vigencia paulatinamente.
En este sentido, la Unión Europa de los 27 países en el siglo XXI empieza a tener más semejanzas con la Europa pre-renacentista y pre-estatal que con la Europa moderna, y quizá más aún con las poblaciones pre-imperiales anteriores al segundo milenio aC.
En este sentido, los modelos americano, francés y británico de organización y gestión de la pluralidad cultural, son formulas de utilidad y eficacia diversa a la hora de gestionar la relación entre las culturas existentes en un territorio unificado bajo una misma administración estatal. Pero la diversidad y la dinámica de esas culturas otras veces hace saltar la unidad administrativa estatal, como ocurrió en la última década del siglo XX con la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia, y en la primera del siglo XXI con Bélgica.
En esta perspectiva la dinámica de la vida da lugar a la emergencia de nuevos campos de conocimiento como es el Derecho Administrativo Global, que se ocupa de las numerosas organizaciones supraestatales que regulan la actividad de entidades e individuos de diferentes localizaciones nacionales (Javier Barnés 2006).
El nuevo derecho administrativo estudia los cauces para regular relaciones globales entre grupos que no quedan suficientemente determinados por su localización nacional, y cuyas relaciones tampoco pertenecen al ámbito de las llamadas relaciones internacionales. Pero a pesar de que intenta la más fluida comunicación posible entre los individuos y los sistemas administrativos estatales y supraestatales, y a pesar de que intenta superar las formas antiguas de organización piramidal mediante las formas de organización reticular, por una parte, no siempre puede lograrlo, y, por otra, también genera barreras que oficialmente no pueden ser salvadas cuando sería conveniente hacerlo.
Por eso se da también una proliferación de barreras y nudos privados dentro del ámbito general de las redes.
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas
4.- La administración. Barreras y nudos públicos. (Jacinto Choza 2007)
5.- Las redes. Barreras y nudos privados
En cierta ocasión John von Neumann, creador de la teoría de juegos entre otras aportaciones, declaró que había podido desarrollar esa investigación y publicar su Theory of games and economic behavior ('Teoría de juegos y comportamiento económico'), junto a Oskar Morgenstern, en 1944, gracias a que estaba colaborando con la IBM y trabajando en sus laboratorios, porque si hubiera estado solamente en la Universidad (en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, que es dónde estaba) no hubiera podido. Y no hubiera podido -continuaba- porque la delimitación administrativa de las disciplinas y los departamentos de investigación hace muy difícil, y a veces imposible, tomar elementos de la investigación y de los investigadores de otros departamentos para desarrollar los propios estudios.
Si esa afirmación la hace un profesor de una universidad americana, y, más en concreto, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton University, un profesor europeo la puede elevar al cubo. La organización de cualquier tipo de actividad, y la creación de los sistemas de administración, despliega capilarmente las potencialidades humanas y las especializa en aras de una eficacia imprescindible para el funcionamiento de las sociedades modernas. Como es sabido, el análisis de la génesis, desarrollo e implicaciones de la burocracia es la gran aportación de Max Weber a la sociología., y como él mismo señalara, el proceso se despliega en los mismos términos para la administración pública, el ejército, la iglesia, la empresa capitalista y el mundo académico ( Weber 2005, p. 716 y ss).
Pues bien, dentro de cada uno de esos ámbitos, la burocracia genera barreras insalvables a la vez que crea unos nudos de comunicación, a los que se le puede dar el nombre de públicos en la medida en que pertenecen a entidades con existencia oficialmente reconocida. Las barreras vienen dadas simplemente por las diferencias de ámbitos y, en su caso, de fueros, y los nudos de comunicación vienen dados mediante entidades e instituciones que comunican a esos ámbitos entre sí, como los sindicatos, las nunciaturas, los consejos sociales de los centros académicos, los consejos de administración de las empresas, etc.
Por otra parte, los ámbitos oficiales sancionados por la administración, son reforzados en sus fronteras por elaboraciones culturales que desde los ámbitos académicos, artísticos, deportivos, etc., van invadiendo el lenguaje ordinario y conformando el sentido común, hasta construir nuevas fronteras culturales particularmente espesas. Esas fronteras metales son las que separan a unos grupos humanos de los "otros", siendo los "otros" los orientales, los negros, los inmigrantes, las mujeres, los homosexuales, los malhechores, las masas, etc. El mundo académico, desde Foucault (2004) a Said (1999) y a Elias (1989) ha levantado acta de la constitución y la fuerza de tales fronteras.
La proliferación, a lo largo del siglo XX, de entidades oficiales a la que los individuos pertenecen, ha dado lugar a que la vinculación del individuo a la administración estatal sea poco determinante de sus actividades y de su identidad, y se haya producido una "deslocalización" de la actividad y la identidad individual.
La coexistencia en espacios geográficos comunes, y en espacios sociológicos heterogéneos, de diferentes agrupaciones de individuos y de diferentes grupos culturales, genera un tipo de barreras y un tipo de comunicaciones entre ellos, que unas veces da lugar a conflictos y otras a la constitución de comunidades prósperas.
En el ámbito religioso, la unidad de un espacio físico común a espacios sociológicos heterogéneos, induce a un diálogo interreligioso o a un ecumenismo pacífico, unas veces, y a nuevos conflictos de religión, otras (vid P Berger 1974, Gilles Kepel 1991, R Lauth 2004 y 2005). En el ámbito civil, igualmente se dan situaciones de marginación o comunidades multiculturales verdaderamete ejemplares (como Cerritos).
Además, el hecho de que las agrupaciones de individuos y el hecho de que las instituciones en las que se incardinan, como las iglesias, las empresas, las universidades, etc., tengan un carácter cada vez más supranacional, da lugar a que el principio de territorialidad con el que se inaugura la modernidad, el estado moderno y la nación moderna, entre en fase de obsolescencia. No es que se produzca una "deslocalización" de las empresas, del ejercito o de la banca, es que el principio moderno de territorialidad nacional va perdiendo vigencia paulatinamente.
En este sentido, la Unión Europa de los 27 países en el siglo XXI empieza a tener más semejanzas con la Europa pre-renacentista y pre-estatal que con la Europa moderna, y quizá más aún con las poblaciones pre-imperiales anteriores al segundo milenio aC.
En este sentido, los modelos americano, francés y británico de organización y gestión de la pluralidad cultural, son formulas de utilidad y eficacia diversa a la hora de gestionar la relación entre las culturas existentes en un territorio unificado bajo una misma administración estatal. Pero la diversidad y la dinámica de esas culturas otras veces hace saltar la unidad administrativa estatal, como ocurrió en la última década del siglo XX con la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia, y en la primera del siglo XXI con Bélgica.
En esta perspectiva la dinámica de la vida da lugar a la emergencia de nuevos campos de conocimiento como es el Derecho Administrativo Global, que se ocupa de las numerosas organizaciones supraestatales que regulan la actividad de entidades e individuos de diferentes localizaciones nacionales (Javier Barnés 2006).
El nuevo derecho administrativo estudia los cauces para regular relaciones globales entre grupos que no quedan suficientemente determinados por su localización nacional, y cuyas relaciones tampoco pertenecen al ámbito de las llamadas relaciones internacionales. Pero a pesar de que intenta la más fluida comunicación posible entre los individuos y los sistemas administrativos estatales y supraestatales, y a pesar de que intenta superar las formas antiguas de organización piramidal mediante las formas de organización reticular, por una parte, no siempre puede lograrlo, y, por otra, también genera barreras que oficialmente no pueden ser salvadas cuando sería conveniente hacerlo.
Por eso se da también una proliferación de barreras y nudos privados dentro del ámbito general de las redes.
identidades modernas (fronteras, 3, J. Choza)
1.- Las fronteras culturales
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas. (Jacinto Choza 2007)
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados
La determinación espacial de "Europa" coincide con la determinación temporal "Modernidad", de manera que ambos términos se constituyen como solidarios en virtud de la rigidez de las fronteras espaciales y temporales que se establecen en el siglo XV y XVI.. Con el nacimiento de la modernidad tiene lugar, también, la construcción de una gigantesca frontera temporal, que es la consolidación de la categoría “Renacimiento”, como una especie de telón de acero hacia tiempos anteriores.
La modernidad marca también el comienzo de la "edad oscura" islámica, el periodo de decadencia después del esplendor de los califatos de Bagdad y Córdoba durante el medievo. La islamización de Asia y la cristianización de América a partir del siglo XV, en cierta medida es percibida desde occidente como estancamiento económico, científico, técnico y cultural del Asia budista y confuciana, y del Asia islamizada, y como desarrollo económico y cultural de la América cristianizada.
Por eso puede decirse que hay una racionalidad moderna, o sea, europea, una racionalidad islámica y una racionalidad judía(J de Garay en Choza 2000), y, correlativamente, puede pensarse que la religión europea-occidental, la religión islámica y la religión judía, son más incomunicables culturalmente que religiosamente.
Las identidades culturales modernas contrastan fuertemente con las identidades antiguas. Sus factores constituyentes son más débiles, y por eso necesitan reforzarse más. Las identidades paleolíticas venían determinadas por la lengua y la religión, es decir, por el tótem, que determina la incardinación familiar y tribal. Las neolíticas y medievales, por los mismos factores y además por la organización política y la localidad, pero no por el país como territorio. En ese contexto, la identidad individual venía determinada genealógicamente y localmente, según el modelo romano del prenomen, nomen y cognomen, es decir, nombre, primer apellido, que denota la filiación, y segundo apellido que denota la localidad, como Gonzalo Fernández de Córdoba, es decir, Gonzalo, hijo de Fernando, de la localidad de Córdoba.
La frontera temporal que la modernidad establece respecto del pasado es correlativa del cambio a una mayor relevancia de la jurisdicción territorial, frente al papel más determinante de la jurisdicción personal en épocas precedentes, y de la constitución del modelo antropológico del self made man, del hombre que es hijo de sus obras, como el fraile mendicante que vive de lo que obtiene con su actividad de predicador (la limosna), como Don Quijote o como el sujeto cartesiano (H. Marín 1997, cap 2).
En la modernidad el hombre nuevo no se quiere definir por nada del pasado, y empieza de nuevo no solo su lengua, sino también la religión, que entonces es retrotraída al origen por los diferentes reformadores y contrarreformadores. Y precisamente una identidad nueva, en proceso de constitución y de autoafirmación, es lo suficientemente débil como para sentir la discrepancia y las diferencias permanentes como amenazas. La amenaza de la identidad es fuente de violencia en la modernidad con una virulencia muy intensa porque entonces la identidad es más débil y depende casi exclusivamente de los actos del individuo.
Las identidades nacionales y religiosas se fijan con la paz de Westfalia, pero eso no significa la consolidación de las identidades grupales e individuales, pues las matanzas entre católicos y protestantes se extienden en Francia a lo largo del siglo XVVIII, y, posteriormente, la lucha revolucionaria por la imposición del modelo del self made man se mantiene entrado el siglo XIX (N. Grimaldi en Choza 2000). Cuando la identidad individual y colectiva corta sus vínculos con el pasado y empieza desde cero, la religión o la ideología política, a veces identificadas o superpuestas, aparecen como el más importante de los factores identitarios.
No es que eso solo explique fenómenos como el de la noche de San Bartolomé, el terror de la Revolución francesa, las guerras carlistas en España o las matanzas en los Balcanes a finales del siglo XX, pero sí que representa una clave decisiva.
Las bifurcaciones y divergencias entre la cultura occidental y las restantes a partir de la frontera temporal del Renacimiento, da lugar a otro tipo de fronteras temporales, señaladas por Hegel en primer lugar y más tarde por Bloch, y que consiste en la no contemporaneidad de los grupos que viven al mismo tiempo en un mismo o en diferente territorio.
Este era, según Hegel, el caso de los españoles que rechazaron a José Bonaparte y la constitución liberal que les proponía, porque España y los españoles no estaban todavía maduros para una organización social como las que los franceses les proponían, es decir, porque la España y los españoles de 1802 no eran contemporáneos de Francia y los franceses de ese mismo tiempo.
Obviamente, el tiempo objetivo, el que se fija en cifras numéricas a partir de un punto cero, es el tiempo de una subjetividad colectiva, que determina el punto de partida y las unidades de medida, y el tiempo de las subjetividades colectivas, como el de las subjetividades individuales, varía mucho de unas a otras.
Después de haber establecido las barreras temporales del Renacimiento y de la no-contemporaneidad, la modernidad europea ideó un procedimiento para unificar mediante una clave temporal, las culturas de las agrupaciones sociales separadas por fronteras diversas. El procedimiento consistió en reducir los binomios lejos/cerca, inmorales/virtuosos, salvajes/civilizados, ellos/nosotros, al binomio antes/después, y en darle el nombre de evolución. Ellos, están lejos y son salvajes e inmorales, como éramos nosotros antes, pero con el paso del tiempo, llegarán a ser como nosotros somos ahora. Nosotros somos su después, su futuro, y significamos el progreso.
Aunque la postmodernidad ha cancelado buena parte de las suposiciones del evolucionismo cultural, no por eso deja de tener sentido hablar de la no contemporaneidad de los contemporáneos, como hace Bloch, e incluso en el sentido en que lo hacía Hegel. Cuando a finales del siglo XX Argelia rechazó, mediante referéndum, la constitución democrática que el gobierno le proponía, su situación podría describirse con las mismas palabras con que Hegel describía la de los españoles de comienzos del XIX. En la técnica, en la ciencia, en el derecho y en la administración cabe hablar de progreso, y en ese sentido hay barreras temporales entre unas culturas y otras, hay unas culturas más atrasadas que otras.
Por otra parte, hay dimensiones de la ciencia y la técnica, del derecho y la administración, no susceptibles de seriación temporal en un sentido unidireccional progresivo, y en relación con ellas, la incomunicabilidad entre las culturas es mucho más intensa que la producida por fronteras espaciales y las temporales, y es la de la heterogeneidad.
En cierto modo, los elementos separados por una barrera espacial o por una barrera temporal, pertenecen al mismo género, y por lo tanto tienen mucho en común. Los países están separados por unas fronteras que delimitan una nación de otra, pero las dos son naciones, las dos tienen estados, las dos pueden tener representación en la ONU, etc. Las barreras temporales señalan que los países más desarrollados y los menos tienen en común una misma línea histórica, pero eso significa que comparten una trayectoria tecnológica y científica, jurídica o administrativa, y eso ya indica la pertenencia a una clase común.
Pero ese no es el caso cuando se trata de grupos formados por indios, mineros, mujeres, homosexuales y terroristas, por ejemplo, y las sociedades postmodernas están formadas cada vez más por agrupaciones de tipos heterogéneos que escapan y sobrepasan a las administraciones de los estados. Entre estos grupos se da un tipo de barreras y de nudos de comunicación que son los que más estudio requieren en la sociedad del siglo XXI.
2.- Nacimiento de los estados y de las fronteras geográficas, políticas y metafísicas.
3.- Fronteras temporales e identidades modernas. (Jacinto Choza 2007)
4.- La administración. Barreras y nudos públicos
5.- Las redes. Barreras y nudos privados
La determinación espacial de "Europa" coincide con la determinación temporal "Modernidad", de manera que ambos términos se constituyen como solidarios en virtud de la rigidez de las fronteras espaciales y temporales que se establecen en el siglo XV y XVI.. Con el nacimiento de la modernidad tiene lugar, también, la construcción de una gigantesca frontera temporal, que es la consolidación de la categoría “Renacimiento”, como una especie de telón de acero hacia tiempos anteriores.
La modernidad marca también el comienzo de la "edad oscura" islámica, el periodo de decadencia después del esplendor de los califatos de Bagdad y Córdoba durante el medievo. La islamización de Asia y la cristianización de América a partir del siglo XV, en cierta medida es percibida desde occidente como estancamiento económico, científico, técnico y cultural del Asia budista y confuciana, y del Asia islamizada, y como desarrollo económico y cultural de la América cristianizada.
Por eso puede decirse que hay una racionalidad moderna, o sea, europea, una racionalidad islámica y una racionalidad judía(J de Garay en Choza 2000), y, correlativamente, puede pensarse que la religión europea-occidental, la religión islámica y la religión judía, son más incomunicables culturalmente que religiosamente.
Las identidades culturales modernas contrastan fuertemente con las identidades antiguas. Sus factores constituyentes son más débiles, y por eso necesitan reforzarse más. Las identidades paleolíticas venían determinadas por la lengua y la religión, es decir, por el tótem, que determina la incardinación familiar y tribal. Las neolíticas y medievales, por los mismos factores y además por la organización política y la localidad, pero no por el país como territorio. En ese contexto, la identidad individual venía determinada genealógicamente y localmente, según el modelo romano del prenomen, nomen y cognomen, es decir, nombre, primer apellido, que denota la filiación, y segundo apellido que denota la localidad, como Gonzalo Fernández de Córdoba, es decir, Gonzalo, hijo de Fernando, de la localidad de Córdoba.
La frontera temporal que la modernidad establece respecto del pasado es correlativa del cambio a una mayor relevancia de la jurisdicción territorial, frente al papel más determinante de la jurisdicción personal en épocas precedentes, y de la constitución del modelo antropológico del self made man, del hombre que es hijo de sus obras, como el fraile mendicante que vive de lo que obtiene con su actividad de predicador (la limosna), como Don Quijote o como el sujeto cartesiano (H. Marín 1997, cap 2).
En la modernidad el hombre nuevo no se quiere definir por nada del pasado, y empieza de nuevo no solo su lengua, sino también la religión, que entonces es retrotraída al origen por los diferentes reformadores y contrarreformadores. Y precisamente una identidad nueva, en proceso de constitución y de autoafirmación, es lo suficientemente débil como para sentir la discrepancia y las diferencias permanentes como amenazas. La amenaza de la identidad es fuente de violencia en la modernidad con una virulencia muy intensa porque entonces la identidad es más débil y depende casi exclusivamente de los actos del individuo.
Las identidades nacionales y religiosas se fijan con la paz de Westfalia, pero eso no significa la consolidación de las identidades grupales e individuales, pues las matanzas entre católicos y protestantes se extienden en Francia a lo largo del siglo XVVIII, y, posteriormente, la lucha revolucionaria por la imposición del modelo del self made man se mantiene entrado el siglo XIX (N. Grimaldi en Choza 2000). Cuando la identidad individual y colectiva corta sus vínculos con el pasado y empieza desde cero, la religión o la ideología política, a veces identificadas o superpuestas, aparecen como el más importante de los factores identitarios.
No es que eso solo explique fenómenos como el de la noche de San Bartolomé, el terror de la Revolución francesa, las guerras carlistas en España o las matanzas en los Balcanes a finales del siglo XX, pero sí que representa una clave decisiva.
Las bifurcaciones y divergencias entre la cultura occidental y las restantes a partir de la frontera temporal del Renacimiento, da lugar a otro tipo de fronteras temporales, señaladas por Hegel en primer lugar y más tarde por Bloch, y que consiste en la no contemporaneidad de los grupos que viven al mismo tiempo en un mismo o en diferente territorio.
Este era, según Hegel, el caso de los españoles que rechazaron a José Bonaparte y la constitución liberal que les proponía, porque España y los españoles no estaban todavía maduros para una organización social como las que los franceses les proponían, es decir, porque la España y los españoles de 1802 no eran contemporáneos de Francia y los franceses de ese mismo tiempo.
Obviamente, el tiempo objetivo, el que se fija en cifras numéricas a partir de un punto cero, es el tiempo de una subjetividad colectiva, que determina el punto de partida y las unidades de medida, y el tiempo de las subjetividades colectivas, como el de las subjetividades individuales, varía mucho de unas a otras.
Después de haber establecido las barreras temporales del Renacimiento y de la no-contemporaneidad, la modernidad europea ideó un procedimiento para unificar mediante una clave temporal, las culturas de las agrupaciones sociales separadas por fronteras diversas. El procedimiento consistió en reducir los binomios lejos/cerca, inmorales/virtuosos, salvajes/civilizados, ellos/nosotros, al binomio antes/después, y en darle el nombre de evolución. Ellos, están lejos y son salvajes e inmorales, como éramos nosotros antes, pero con el paso del tiempo, llegarán a ser como nosotros somos ahora. Nosotros somos su después, su futuro, y significamos el progreso.
Aunque la postmodernidad ha cancelado buena parte de las suposiciones del evolucionismo cultural, no por eso deja de tener sentido hablar de la no contemporaneidad de los contemporáneos, como hace Bloch, e incluso en el sentido en que lo hacía Hegel. Cuando a finales del siglo XX Argelia rechazó, mediante referéndum, la constitución democrática que el gobierno le proponía, su situación podría describirse con las mismas palabras con que Hegel describía la de los españoles de comienzos del XIX. En la técnica, en la ciencia, en el derecho y en la administración cabe hablar de progreso, y en ese sentido hay barreras temporales entre unas culturas y otras, hay unas culturas más atrasadas que otras.
Por otra parte, hay dimensiones de la ciencia y la técnica, del derecho y la administración, no susceptibles de seriación temporal en un sentido unidireccional progresivo, y en relación con ellas, la incomunicabilidad entre las culturas es mucho más intensa que la producida por fronteras espaciales y las temporales, y es la de la heterogeneidad.
En cierto modo, los elementos separados por una barrera espacial o por una barrera temporal, pertenecen al mismo género, y por lo tanto tienen mucho en común. Los países están separados por unas fronteras que delimitan una nación de otra, pero las dos son naciones, las dos tienen estados, las dos pueden tener representación en la ONU, etc. Las barreras temporales señalan que los países más desarrollados y los menos tienen en común una misma línea histórica, pero eso significa que comparten una trayectoria tecnológica y científica, jurídica o administrativa, y eso ya indica la pertenencia a una clase común.
Pero ese no es el caso cuando se trata de grupos formados por indios, mineros, mujeres, homosexuales y terroristas, por ejemplo, y las sociedades postmodernas están formadas cada vez más por agrupaciones de tipos heterogéneos que escapan y sobrepasan a las administraciones de los estados. Entre estos grupos se da un tipo de barreras y de nudos de comunicación que son los que más estudio requieren en la sociedad del siglo XXI.
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