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14 abril 2015

empeñados en reinventarnos I/III: cuando la marca personal parece global

Al desaparecer profesiones -y muchos puestos de trabajo en sus formas tradicionales- nos piden: ¡cambia de rutinas, sal del sofá del confort y piensa en futuros a la vuelta de la esquina!  Y yo que estudiaba para devolver a la sociedad la educación recibida... ¿No se estará agostando el conservadurismo educativo con la sequía de la crisis sistémica? Si oyes los tuits diarios se predica el evangelio de la reinvención. Con la tecnología parece que ya nada puede hacerse como antes. Vale. ¿Y hacernos a nosotras/os? ¿También se hace en el móvil?

Acercándonos a los diez años de crisis, son menos conspiraciones y más ideas fundadas la situación climática y energética, el disparo de deudas soberanas y un futuro con decrecimiento económico y laboral. Si hay que reinventarse, no valen ni modas de ayer ni principios modernos de toda la vida.

El lastre de las marcas sobre la identidad personal ¿En cuánto te sale el "porque yo lo valgo"? 

Interesante el último libro de Victor Lenore (2014), donde nos tacha a los baby-boomers de ser la primera generación educada para el consumismo. Que dicho sea de paso, debe alcanzar cotas históricas en nuestros vástagos al considerarnos, a su vez, espartanos y agarrados. Bien. Antes de fijar como culpable o insolidaria a una de las últimas generaciones sociales, abramos el foco sobre los hipsters de Lenore mirando otras coincidencias generacionales en las últimas décadas.

Un individualismo crece hasta su globalización actual desde que la modernidad impuso "la superioridad incuestionable de nuestros propios gustos, evidente por la sencilla razón de que los hemos pagado", frase magistral en el blog de César Rendueles (18 nov 014). Dispara la distinción de Bourdieu como un falso paradeigma. Una especie de totem global que se alza como ejemplo de humanidad para cada generación. En sano ejercicio cartesiano con esta crisis podemos dudar si reinventarnos no nos dejará más chafados al perder el ritmo de estereotipos diseñados para unificar estas últimas generaciones y convertirlas en públicos de maquinarias mediáticas.

Puede que a los babyboomers nos vistieran productos de consumo, tras colarles coches y lavadoras a nuestros padres. Pero más se nos idealizó al currante, ahora en casa tras la emigración de nuestros mayores. Para la generación X, los yuppies se convirtieron en ídolos con más brillo que las estrellas del rock. Lenore ya con los millennials rechaza que la subcultura indie sea original; también ella, como todas las edades sociales anteriores, repite consumo, estética y meritocracia como la serie de características en los modelos humanos de la renqueante modernidad que nos queda.

"Mi propio criterio", ese afán de construirnos desde cada inviolable intimidad, esconde inquilinos incómodos, como las infecciones de modas globales. Se nos notan en las ropas y juegos desde la infancia y la adolescencia, en cada una de las últimas generaciones. No sólo se dirigen a los pudientes usuarios y compradores.

Cuánto más crece la comunicación más lejos puede llegar una imagen universal. Así que el paradeigma apunta y dibuja en el horizonte la sombra de un modelo humano "adecuado a estos tiempos". Desde los medios y tecnologías de masas las instituciones vienen devorando una vanguardia tras otra, como Saturno a sus hijos, con todo tipo de sketches de tendencias. El perfilado funciona cuando retrata mayorías "democraticas". Quizá nos conformamos con ser representados y "mejor parecer del montón".

Pobre y hueca suena la "propia opinión" cuando coincide con el "bien pensar", políticamente correcto, sancionado por las primeras industrias culturales de nuestro entretenimiento (que en ocasiones informan). El totem se pudre al madurar, cuando surgen otras dudas más internas: ¿"seguro que soy de los míos"? La más personal de las marcas es aquella que no se nos marca en el cuerpo como un tatuaje. O sí, porque es el que queremos llevar en adelante. Con la identidad lo que no podemos es salir de una educación caducada a cantos de sirena neurocientíficos entre gurús del coaching. Reinventarse no es conseguir seguir esa moda elitista de alta cultura que sólo unos pocos, la tribu global en definitiva, hemos conseguido alcanzar.

19 junio 2013

Inteligencia colectiva y dirección de comunicación en proyectos colaborativos abiertos

Signos de inteligencia colectiva a nuestro alrededor.

¿Cómo implicar a comunidades extensas en proyectos colaborativos?

Doing Doing. org reúne en twitter y google+ unas 4 horas de intervenciones de los ponentes indicados en el cartel: esas 2 tardes de la primera quincena de este junio de 2013.

Jóvenes que han ideado y comunicado proyectos implicando a muchxs otrxs.

Se reúne la experiencia humana y el capital de conocimiento impulsado desde plataformas de experiencias de aprendizaje respetuoso, microdonaciones, cantantes y sus fans, formación cooperativa y sostenible, vídeo cursos, ideas para compartir, economía colaborativa y social, producción de un largometraje y su transmedia, ciencia ciudadana, información ciudadana y periodismo de datos públicos, compañeros de viaje en emprendimiento.
En los tweets de la primera jornada (storify) la inteligencia colectiva arrancó del aprendizaje sincero ante la cámara que cuenta @ElectricNana. Los errores, un buen comienzo. Que sea colectiva no garantiza que en cada caso y siempre acertemos. Pero con transparencia y siendo público podemos corregir y aprender de lo que no sale.  @AlvaroSanmartin cita los rasgos recogidos en  Wisdom of Crowds: ser independiente, heterogénea y masiva (otras discusiones librescas).  Conocer las diferentes perspectivas no tiene por qué terminar en consensos o acuerdos, porque la inteligencia colectiva que están exponiendo no es uniforme, homogénea. Además de lo que recogen los tuits en la sesión se transmite experiencia del valor compartido y del efecto multiplicador de lxs otrxs en el resto de intervenciones: vídeo completo.

Empieza la segunda tarde de #jovenic preguntando cómo explicar la inteligencia colectiva a una abuela de pueblo (tweets en storify). Ante la comparación se separa la inteligencia colectiva del saber tradicional. (Aunque nunca tanto saber tradicional está siendo tan colectivo como ahora). @AntoLeonard confiesa que espera una transformación social y cultural importante. Más allá de la cantidad y extensión del saber compartido. De lo que cambiará el pensar colectivo y nuestra conexión a proyectos supraculturales y supraterritoriales. Daniel Lombraña @teleyinex  -o quizá Samantha Álvarez @S22AM- mencionan la diferencia generacional con respecto a las expectativas de cambio. Aunque no somos obstáculo por mayores. Más bien por inercia y comodidad individuales.

No queremos salir de la zona de comfort, dice @teleyinex. Proyectamos los miedos de que nos roben las ideas. No se menciona pero creo que se recuerda a Leadbeather con el riesgo claro de que la inteligencia social invocada tape un voluntariado gratuito al servicio de intereses privados.

Aunque no se tuitea, Daniel sigue con las diferencias entre comunidades. La filosofía hacker es colaborativa. Y se transmite entre generaciones y comunidades. Pero hay redes que nacen y viven en conflicto y que no llegan a conseguir la colaboración.

Sobre los tipos de pago o recompensa se intercambiaron también ideas interesantes. Falta una legislación social que devuelva a todxs lo cultural tras unos pocos años de explotación. Aquí las leyes contravienen el principio de que lo cultural es de todos, salvo en el tiempo, unos 5 años en los que se puede recuperar un beneficio económico de la canción, la película...

El reconocimiento es suficiente para muchas pequeñas colaboraciones. Formar parte de estas comunidades y proyectos es para una mayoría una buena recompensa. aclara que en un proyecto creativo la idea y el lanzamiento no pueden ser totalmente abiertos y asamblearios. Luego sí debe haber  , y todo el posible, en los foros, el montaje, los códigos compartidos, etc. La comunicación es tan importante que debe ser estimada como una inversión clave de personas y de tiempos para que el proyecto grupal termine en obra colectiva (más o menos masiva).

@AntoLeonard reconoce que puede faltar una figura mediadora, arbitral entre los más jóvenes e innovadores y los establecidos en empresas y administraciones. Lxs conectorxs tienen que comunicar y salvar las diferencias entre el mundo institucional y las organizaciones nacientes. La resistencia más importante a la inteligencia colectiva está en el control que ejercen las instituciones e industrias tradicionales. Continúa con razonamientos sobre la diferencia entre las organizaciones horizontales y distribuidas frente a las jerarquías y las estructuras sociales verticales.

En mi opinión, la industrial cultural y los medios de información y entretenimiento se ven incapaces de transformarse para vivir en el actual ecosistema. Y levantan barreras en las redes o compran el talento individual para evitar su obsolescencia anunciada.

Eva Belmonte apuntaba que sólo el arranque es individual. Los proyectos crecen y se redirigen por la colaboración de lxs demás. Después de estas dos tardes de #jovenic podemos ver la inteligencia colectiva y las formas que está tomando en este momento y entorno.

Al fin y la cabo lo que dice este grupo de jóvenes no difiere de lo que piensa, por ejemplo, Howard Rheingold sobre el cambio cultural. Desde que domesticamos y nos acostumbramos a nuestros útiles de comunicación estamos en proceso de transformación. Como nuestras organizaciones. Rheingold defiende que para la inteligencia colectiva hace falta algo de entrenamiento, de aprendizaje. Alfabetización digital lo llaman algunos, quizá pensando en el lado de los mayores al otro lado de la brecha digital. Resumo la disposición individual para este aprendizaje colaborativo como una sinopsis de los primeros capítulos de su último libro.

Creo sinceramente que las afirmaciones vertidas están lejos de un determinismo entre tecnófilos o de utopismos juveniles. Cualquiera puede comprobar el valor de la sentencia: "La WWW está cambiando el mundo porque Tim Berners-Lee no lo patentó". Lo decía hace unos días Castells, despejando en la entrevista otros bulos sobre internet (del programa de la 2 , vídeo).

22 febrero 2013

¿recortarán lo que más necesitamos de la universidad?

Políticos obedientes tienen puesta la tijera a la educación. Queda poco para que pinchen la burbuja universitaria. El riesgo: que recorten por los jóvenes (pérdida de innovación) y por los profesionales (pérdida de conexión con empresa y sociedad). Pido la paciencia para leer las tres pantallas en este post. De la mano de unos momentos históricos podemos intuir lo que tocaba a la universidad contemporánea. La universidad se lo merece, por su capacidad de crear una cultura más amplia y común frente a visiones locales o gremiales.

Maestros y aprendices han construido tres paradigmas como queda reflejado en los cuatro ámbitos que hoy engloban todos los títulos de las carreras universitarias. Arte y humanidades, ciencias, tecnológicas y ciencias sociales son hoy los ámbitos que recuerdan las tres concepciones que la institución ha conseguido a lo largo de la historia. ¿Darán tiempo los políticos para completar la visión integrado que necesita la sociedad actual y en la que la universidad tiene una importante obligación? Invito a contrastar y discutir el sentido y la universalidad de esta afirmaciones. Con otros autores los considero signos de la tarea pendiente, si el "Estado del Bienestar" y la  primera industria universitaria nos lo permite.

Un primer sentido histórico fundamental fue la superación de la magia reuniendo todo tipo de conocimientos alrededor de la filosofía. En las comunidades atenienses de profesores y alumnos de humanidades y artes se conserva el sentido más antiguo de universidad. Escuelas de prodigiosos maestros metropolitanos que comparten su tiempo completo patricios liberados iniciando la mayor parte de las ciencias y mucha técnica. La filosofía coordina el saber durante la noche oscura de la decadencia del helenismo y de la cultura romana. Nuestras actuales carreras de humanidades continúan la búsqueda de unidad de saber en los multiplicados conocimientos actuales. Mantiene su fuste crítico con magias, mitos e ideologías y debe formar parte del espíritu universitario. Ser universitario significó compartir estos hábitos intelectuales.

Ya como universidades, poco más amplias en alumnos y profesores, se fundaron por las capitales europeas durante la belicosa baja edad media y el no menos convulso renacimiento. El universalismo clásico se viste ahora de cristiandad. Primero integrando los  colegios de las  familias religiosas católicas. Y en pocos años construyendo alrededor de la teología, el derecho y la medicina. Como la iglesa, centró los edificios administrativos y mercantiles. Esta recuperación de la universidad sigue siendo humanística y sapiencial. Pero no alcanza extenderse más por sociedades europeas y latinoamericanas. Tampoco destaca la transferencia de aplicaciones y conocimientos de esta universidad en los siglos siguientes.

Con esas críticas se entiende el paso de las humanidades a las ciencias por parte del espíritu universitario desde finales del s. XVIII. La influencia de los textos ilustrados en el alma mater transforma   la mortecina institución burocracia tituladora. "Profesores y alumnos a tiempo completo", como dice Wallerstein (2007) conservan y comparten conocimientos. Ahora desgajados del tronco filosófico o teológico por esa objetividad que aporta el método hipotético deductivo. Las ciencias, casi ya disciplinas desconectadas, amueblan la cabeza del titulado y ofrecen su catálogo de especialidades. Todavía sólo unos pocos miles durante el s. XIX. Pero ya ordenados según manda el racionalismo de disciplinas y departamentos, como libros en estanterías de una extensa biblioteca. Y además con métodos más objetivos y científicos, se piensa, que el humanismo de la universidad primitiva.

La difusión universalismo científico no alcanza cifras de alumnos o de transferencia mucho mayor que el humanismo. Sin embargo tras la S.G.M. muchos demandas ascenso social y la industria busca mano de obra más cualificada. El tercer ámbito, el tecnológico llega crear Politécnicos como otras universidades.  Los rectorados se llenan de ingenieros y la evaluación de la calidad y los procesos es el idioma del universalismo actual. Por pequeños que sean, no hay Estado o autonomía que no quiera tener su universidad. Podemos estar más o menos de acuerdo con Wallerstein, pero pensemos si el espíritu tecnológico no marca a nuestros compañeros en la universidad. Más masificada ha perdido  muchos de la convivencia y el trabajo cooperativo que marcaron sus orígenes. Ha recortado notablemente su misión y sus ideales cuando se consuela con preparar para el mercado y resolver los problemas del día de hoy.

Creo que el potente razonamiento de Immanuel Wallerstein: Universalismo Europeo, el discurso del poder, de fácil y agradable lectura incluso traducido, merece toda la atención para que los intelectuales nos proporcionen un universalismo "más universal". La 3ª conferencia, "¿Cómo saber la verdad? Universalismo científico" que repasa la historia universitaria debe ser lectura obligatoria si consideras que fuiste o eres universitaria/o.

Como la tijera tecnocrática recorte las universidades según rankings y limite las disciplinas por  tipo de empleo nos quedamos sin el universalismo de las ciencias sociales. Al menos dentro de los muros y títulos de la universidad institucional. Entonces la universidad habrá migrado a la convivencia digital de aprendientes. Como los MOOC's y todos esos proyectos y "disciplinas abiertas" que mantienen el sentido social y cooperativo de construir, no sólo resultados y soluciones, sino también modelos e ideas para una convivencia integradora, para un universalismo más universal, con mujeres, jóvenes, ancianos, minorías, etnias, religiones, ideologías, ...

Con licencia continúo el discurso de Wallerstein de quien me sirvo en esta disertatio, un ejercicio mental en voz baja. Las ciencias sociales, en su corta existencia, no han sido capaces de aportar su transversalidad e interdisciplinariedad como integradoras y multiplicadores desde el cuarto ámbito de titulaciones universitarias. No era fácil con el poder que aún tiene la visión científica de la universidad y el posicionamiento de los tecnológos en los gobiernos y en el control burocrático.

Recuperar raíces y sentidos de la convivencia cercana y la simplemente conectada por la red es posible y necesario. Como muchos deseo que las titulaciones universitarias acompañen el aprendizaje maduro.  Que el espíritu universitario nos permita reconocer los ritmos de los tiempos y sus agentes. Con la formación universitaria debería reconocerse la capacidad de seguir aprendiendo, los ejemplos y modelos, las responsabilidades personales y colectivas, la producción y el consumo sostenible  en un delicado cuidado de nuestros entornos ambientales y culturales. Lo que no dejen en pie los recortes, tendrá que hacerse fuera de las aulas y lejos de las primeras industrias universitarias. La segunda guerra mundial destruyó un población juvenil de artistas e innovadoras que deberían haber aportado al desarrollo institucional y al universalismo de las ciencias sociales. Estamos en un crisis de crisis con efectos peores sobre jóvenes de todas las sociedades. Necesitamos un universalismo más universal e integrador. Nos hace  falta para superar esta tercera guerra mundial en la que ya estamos envueltos.

Actualizo

Comenta danah boyd que la experiencia de vivir en piso y residencias con universitarixs era un factor de enriquecimiento, una vía de universalismo, que se puede perder si nos acostumbramos a usar Facebook y demás redes sociales sólo para reforzar los lazos previos o con conocidos.  danah boyd (3-3-013) Is Facebook Destroying the American College Experience?