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20 abril 2015

empeñados en reinventarse (y 3/3): innovación confirmada y acompañada

En dos notas anteriores aviso que retocar tu identidad digital no es un asunto estético o de diseño y que tampoco basta con sentirse tranquilo en el propio patio de cultura local de cada una/o. Te puedes encontrar muy una/o misma/o cuanto más asimilados y naturalizados llevas el discurso dominante sobre cómo hay que ser hoy o los tópicos de tu territorio cultural. Si las modas googleras y el machismo xenofobo de mi pueblo no bastan para hacer nuevo un perfil, cierro esta serie con otro límite del reinventarse: las propias obsesiones.

No por muy convencida/o que estés, sales de tus manías o ves lo hay. Han sido costumbres, y malas, las que nos han traído a una situación de insatisfacción, cambiemos por tanto el chip; pero desde abajo. Reinventarse es más descubrirse. Estar en un proceso de renovación hacia algo que mejore el servicio a los demás, al tiempo que nos enorgullece por ejercer tareas para las que nos sentimos capacitados. Lo decía muy bien Tiempos de Orión  (Alvaro López Vicente @alopezvicente), El verdadero significado de la zona de comfort:
Salir de la zona de confort significa ver las cosas desde una perspectiva mental diferente. Dejando a un lado las quejas e intentar sentirse bien con lo que a uno le rodea y con lo que uno puede aportar al contexto.
Salir de la zona de confort requiere, por tanto, sentirse bien. He estado equivocado durante mucho tiempo. Es cierto que cuando a uno se le plantan nuevos retos y los comienza, las cosas se hacen cuesta arriba. Pero no vale la pena pasarlo mal.
Reinventarse tiene toques de diseño, y estéticos. Es intercultural y redescubre la olvidada identidad comarcal. Pero sobre todo es instaurar a los pocos un estilo de vida ajustado por lo que podemos servir a otros, en algo que valoran y, a veces, agradecen. Las raíces de una nueva identidad, la marca en una nueva fase, es una ruptura a partir de acciones que desde los demás nos confirman lo interesante y oportuno de nuestra cooperación.

14 abril 2015

empeñados en reinventarnos I/III: cuando la marca personal parece global

Al desaparecer profesiones -y muchos puestos de trabajo en sus formas tradicionales- nos piden: ¡cambia de rutinas, sal del sofá del confort y piensa en futuros a la vuelta de la esquina!  Y yo que estudiaba para devolver a la sociedad la educación recibida... ¿No se estará agostando el conservadurismo educativo con la sequía de la crisis sistémica? Si oyes los tuits diarios se predica el evangelio de la reinvención. Con la tecnología parece que ya nada puede hacerse como antes. Vale. ¿Y hacernos a nosotras/os? ¿También se hace en el móvil?

Acercándonos a los diez años de crisis, son menos conspiraciones y más ideas fundadas la situación climática y energética, el disparo de deudas soberanas y un futuro con decrecimiento económico y laboral. Si hay que reinventarse, no valen ni modas de ayer ni principios modernos de toda la vida.

El lastre de las marcas sobre la identidad personal ¿En cuánto te sale el "porque yo lo valgo"? 

Interesante el último libro de Victor Lenore (2014), donde nos tacha a los baby-boomers de ser la primera generación educada para el consumismo. Que dicho sea de paso, debe alcanzar cotas históricas en nuestros vástagos al considerarnos, a su vez, espartanos y agarrados. Bien. Antes de fijar como culpable o insolidaria a una de las últimas generaciones sociales, abramos el foco sobre los hipsters de Lenore mirando otras coincidencias generacionales en las últimas décadas.

Un individualismo crece hasta su globalización actual desde que la modernidad impuso "la superioridad incuestionable de nuestros propios gustos, evidente por la sencilla razón de que los hemos pagado", frase magistral en el blog de César Rendueles (18 nov 014). Dispara la distinción de Bourdieu como un falso paradeigma. Una especie de totem global que se alza como ejemplo de humanidad para cada generación. En sano ejercicio cartesiano con esta crisis podemos dudar si reinventarnos no nos dejará más chafados al perder el ritmo de estereotipos diseñados para unificar estas últimas generaciones y convertirlas en públicos de maquinarias mediáticas.

Puede que a los babyboomers nos vistieran productos de consumo, tras colarles coches y lavadoras a nuestros padres. Pero más se nos idealizó al currante, ahora en casa tras la emigración de nuestros mayores. Para la generación X, los yuppies se convirtieron en ídolos con más brillo que las estrellas del rock. Lenore ya con los millennials rechaza que la subcultura indie sea original; también ella, como todas las edades sociales anteriores, repite consumo, estética y meritocracia como la serie de características en los modelos humanos de la renqueante modernidad que nos queda.

"Mi propio criterio", ese afán de construirnos desde cada inviolable intimidad, esconde inquilinos incómodos, como las infecciones de modas globales. Se nos notan en las ropas y juegos desde la infancia y la adolescencia, en cada una de las últimas generaciones. No sólo se dirigen a los pudientes usuarios y compradores.

Cuánto más crece la comunicación más lejos puede llegar una imagen universal. Así que el paradeigma apunta y dibuja en el horizonte la sombra de un modelo humano "adecuado a estos tiempos". Desde los medios y tecnologías de masas las instituciones vienen devorando una vanguardia tras otra, como Saturno a sus hijos, con todo tipo de sketches de tendencias. El perfilado funciona cuando retrata mayorías "democraticas". Quizá nos conformamos con ser representados y "mejor parecer del montón".

Pobre y hueca suena la "propia opinión" cuando coincide con el "bien pensar", políticamente correcto, sancionado por las primeras industrias culturales de nuestro entretenimiento (que en ocasiones informan). El totem se pudre al madurar, cuando surgen otras dudas más internas: ¿"seguro que soy de los míos"? La más personal de las marcas es aquella que no se nos marca en el cuerpo como un tatuaje. O sí, porque es el que queremos llevar en adelante. Con la identidad lo que no podemos es salir de una educación caducada a cantos de sirena neurocientíficos entre gurús del coaching. Reinventarse no es conseguir seguir esa moda elitista de alta cultura que sólo unos pocos, la tribu global en definitiva, hemos conseguido alcanzar.

25 septiembre 2012

jornada de balance social y empresarial de las redes sociales IS 2012



Quiero agradecer a la profesora Paula Rodrigues, al profesor Rui Silva, el profesor Jorge Remondes y al resto de organizadores de Innovation for Sustainability 2012 (is2012) de Universidade Lusiada por su gentil invitación a la mesa 4 E-BUSINESS AND DIGITAL NETWORK en la que se pregunta sobre el impacto de la crisis en las redes sociales (programa)

Intentaré exponer cómo la opción por la innovación tecnológica en el final del industrialismo ha producido plataformas utilizadas por multitudes, pero con diferentes resultados en la década de la búsqueda, con respecto a la década de la conversación, la etapa 2.0.
Durante una primera década, entre otros muchos efectos que no me corresponde resumir, han multiplicado los buscadores y los grandes portales el volumen de recursos informativos. A partir de una poderosísima recuperación de información digitalizada, que rastrean los principales motores de búsqueda sobre la internet visible, nuestro escritorio y la documentación profesional de nuestro trabajo podría situarse en un escenario casi global. Pero la amenazas de la convergencia y la globalización no se conjuran tampoco en esta segunda década con las redes sociales.
Dejamos de ser forrajeadores de información, en esta fase más nómada del paleolítico digital, como se  podría etiquetar el final del estado moderno del bienestar y del industrialismo insostenible.
Con la aparente socialización 2.0, la segunda década de internet ha reunido de multitudes que comparten plataformas de redes sociales. Al menos para una comunicación grupal, bastante abierta o casi pública. Pero es un nomadismo molecular, no tribal, la agrupación y migración de comunidades en plataformas de redes sociales. Las formas nómada-digitales de organización y de negocio, recuerdo de las tribus, no mantienen núcleos identitarios ni liderazgos como los antiguos. En este paleolítico digital tampoco sería innovador volviendo a sociedades jerárquicas de gurús y de portales o a los mercados sin alma ni responsabilidad de la última modernidad. Se han extendido tanto las mejores intenciones de la ética hacker, que en torno a las redes sociales resucitado el utopismo de anteriores lanzamientos tecnológicos.
Una imprevisible y profunda crisis de crisis convive con la consolidación de las principales redes sociales generalistas. Se espera de una reunión perspectivista y reflexiva como la que convoca la Universidade Lusíada, no sólo una recopilación de casos de éxito, sino un balance social, ético y plural de la creación social cooperativa y sus posibilidades en la periferia del tráfico principal en Internet.

Cuando reviso mis notas para el viaje de mañana estas son las imágenes de la concentración contra las políticas de recortes en la plaza de cibeles neptuno en la capital de España.  Foto 8.30 de la noche