03 octubre 2008

calidad, digital-local y birras

Si la vara de medir va a estar en los patrones de calidad tendrá que hacerse bien.

- automatizada: La medida del largo y ancho de la calidad deberá usar aplicaciones con bastante automatización. O ábaco o informática, pero que mida bien

- pública y visible: ¿ quién defiende como calidad evaluaciones oculta, cerradas o restringidas?

- abierta y participada: tiene que contar con supervisión y participación voluntaria, ciudadana.


No le echo la culpa a él, pero son ideas que me sugería el alto, amplio y rápido Juan Freire que añoche pude encarar tras años de tratar con su foto en Internet.
Las villas y ciudades digitales tienen que ser ciudadanas, paseables, pero también cargadas de vida en comunicación, sin racionalismos ni urbanistas de despacho. Alguna política, algún artista, algún arquitecto se contaban entre los los pocos sentados anoche en el Templete de la Música en la alameda central de Pontevedra.
Sin conversación y paralelismo local, lo digital se distancia y se confunde. Las preguntas del público se referían a lo digital como un gorro supuerpuesto, acaso prótesis estirada. El puente entre la vida ordinaria y la digital tiene maderas rotas, como los del Lérez. Nos confunde el juego de máscaras, los usos lúdicos que han dominado las conversaciones digitales.
Cuando alguien habla en serio, para usos ciudadanos, para trabajo en red, para aprendizaje con muchos otros, lo digital no puede quedar más allá de la frontera.
Sería negar la realidad de para más gente cada vez está más dentro de las maneras de hacer y de ser (aunque no seas de la generación Y, o esta generación en España, cuyos últimos años entran ahora en la aulas universitarias se parecen más a los X generation USA)

Para que se vea que lo que se dice, se vive, me tomé una birrita (que pagó) con Opaco. Si llego a saber la que montan algunos educadores en Lima, hubiéramos invitado a José Luis, que por suerte ha estado acompañado de gente (más normal). La cervecita fue, me acuso, otro encuentro carnal, que refuerza y completa el tuiteo digital que llevábamos, también desde hace algún tiempo, este colega bloguero y yo compartiendo por aquello de vecinos de villa. Una natural curiosidad por el ombligo, frecuente entre los digitales y entre los que aún no lo son. Sin robar mucho tiempo de familia (también local) la próxima cervecita o vinito de la tierra, con permiso de las autoridades académicas competentes y de las demás, la pago yo.
Publicar un comentario en la entrada