01 diciembre 2008

la ciencia anda pocha, pero ¿la vieja o la nueva?

El balance de un entrañable Tesista, del Congreso barcelonés de la ECREA, puede parecer desolador: hay pocas perspectivas para una ciencia de la comunicación.

Si los comunicólogos no escuchan a sus científicos-padres, si no llegamos a un acuerdo la comunicología no existe más (la verdad es que sin centrarse en el panel de teóricos que no llegó a formarse, los conferenciantes citados se reconocen más como sociólogos, filofosos o incluso como literatos...)

Me preocuparía si las ciencias sociales adultas no tuvieran resueltos sus problemas epistemológicos e industriales. Pero esperemos que con sus sistemas de paridad y de calidad, lo que aportan esté garantizado de un modo más fiable que la ciencia económica o los estatutos jurídicos nacionales. En una importante parte el sistema está fallando porque las técnicas de información no han llegado a estatutos más serios y fundados de la comunicación social (mediática, mediada o a viva voz).

La preocupación por el carácter científico puede ser tardo-moderna, del siglo pasado. Si como dice Chris Anderson (The Long Tail) nos encontramos en el fin de la ciencia y el comienzo de las tecnologías que dan más datos y de más cosas que la mayoría de ellas. Cuanto más reductiva y elemental entendamos la ciencia, antes podemos enterrarla. Lo desgrana con acierto Carlos Scolari: necesitamos interpretar, no nos bastan radiografías y mapas de tendencias.

No pienso que la ciencia sobrevive si somos capaces de mejorar los modelos de las máquinas, como parece decir el post de Paul Boussiac. No me siento en competencia con la máquina. La integro en mi trabajo y cotidianeidad como dice Lev Manovich.

Sí tengo bien claro que: llamamos dato, número a lo que definimos como información y separamos del resto. Si mañana enfocamos de modo distinto, tendremos otros números y otras visualizaciones. Esta adición portentosa (Petabyte en castellano suena explosivo) sólo recupera los puntos y además según cómo los marcamos (o el programa los marcó) antes.

Sin duda que estamos renovando, también la ciencia. Y una parte de esta innovación, entierra a una parte de la tradición. La menos explicativa y útil para nuestros parámetros de ahora (quizá mañana los recuperemos). Más la cara innovadora de la ciencia ni es factual ni es modélica. Tira más en la dirección del contruccionismo, del constructivismo o de la convergencia como entre otros muchos, tratan Henry Jenkins, Philipe Quéau o Howard Rheingold por citar entre los conocidos de este blog.
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