29 agosto 2007

Mas justo es no cargar en las sombras de la Edad Media

En la última década disfruto de la arquitectura y el urbanismo medieval más que de otras cosas. Me gustan las villas gallegas y portuguesas por las que se puede caminar con 40 grados o con lluvia invernal protegido por lo estrecho de unas calles y bajo esas balconadas y soportales que tenían tanta ciencia y humanidad.

Quizá por eso y por mucho más, no me gusta que se use lo medieval como insulto.

Enrique Dans , Vivir en la Edad Media, dice que nos encontramos en un mundo desinformado por los botes de humo que expanden los medios de comunicación de masas. Y estoy de acuerdo hasta la nuez, pero la información local en ciudades autogestionarias de pocos cientos de habitantes era mejor (y más cruel) que la información local actual, ya no digo nada de la nacional e internacional.

Mario Núñez, Estudiar en la Edad Media comenta en la misma dirección el retraso de la actividad y el dinamismo en el aula. Con una preciosa imagen de códice servida por José Mari Mutt. El aula del XII, la universidad en gestación, lee un texto común según las glosas del docente. Seguir como profe implicaba ganarse a alumnos, como los viejos retóricos, con un discurso más brillante, pero también más valioso y reconocido que el glosador del aula de enfrente. Sus textos eran editados y traducidos por alumnos, en versiones personales discutidas. Los asuntos más candentes del debate daban lugar a las públicas, trasnparentes y duraderas Quaestiones Disputadas. Me conformo con algunas de estas formas, con todas las versiones digitales que se quieren, para recuperar algo del 2.0 que perdimos de este medievo.

Sé que no fue el único medioevo, ni el mejor de los posibles, pero a cada uno los suyo. Hubo grandes gestas informativas y educativas. Junto a otras muchas burradas. Vamos como hoy.
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