14 agosto 2007

Adios Amiga

El silencio de estos días se ha debido a la muerte de una amiga de 43 años, que deja un esposo enflaquecido, un saltimbanqui de la bici de 14 años y una preciosa bailarina de 11. Compañera desde la infancia de mi esposa, en los últimos años convivimos en una de esas ciudades humanas, casi un barrio, que es Pontevedra; también en fiestas y vacaciones durante más de una década. La conocí cuando salía de un cáncer de mama. En el último año, diez años después, ha vuelto a pelear otra batalla mortal, con un sarcoma, y desde enero, casi sin esperanzas. Terminaba Razones para la esperanza cuando se agotó su vida.

Buscando una explicación a las lágrimas y los insomnios, infrecuentes ambos hasta estos días, supongo que no caímos en la cuenta de lo que un amigo, una amiga es para cada uno. Los conocidos nos los traen los hijos, las casualidades. Los hermanos vienen de dentro, de la sangre, pero trabajan o viven fuera y sólo nos unimos por teléfono y reuniones familiares.

Esta amiga no estaba siempre con nosotros. Viajaba, tenía su trabajo, su familia, otros amigos. Los momentos de coincidencia eran intensos. Mientras paseamos comentamos una lectura, haber encontrado una secuencia entre tanta película comercial. Conversación intelectual, no siempre fácil con cualquier amigo. También conversación sincera y humana, de lo que encontramos en las personas, de los deseos y posibilidades a lo mejor en un hinchable en el Avia. Mis palabras frivolizan lo que teníamos y echamos en falta. En unos días intentaré volveré a los blogs. Ahora no quiero, ni puedo. Sus cenizas irán a Doñana donde vivió y peleó el primer cáncer, al Altlántico de Baiona donde se casó y al Avia donde nació y disfrutó con su familia y amigos.

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