09 septiembre 2014

interpretación de imágenes y construcción de comunidades (iconología)

- Topicazo: "un océano de opiniones invade las plataformas de medios sociales. Y desde el mar que cada una/o tiene a la vista se huele la imprecisión, el decir inexacto que nos rodea, una comunicación no profesional" 
- Vale. ¿Pero en qué momento perdimos o cedimos nuestra competencia retórica, la experiencia y conocimiento que ¡desde el paleolítico! habiamos adquirido sobre comunicación? En el estado de civilización y de crisis actual suena absurdo tener que esperar a un cargo o título para dar la opinión personal. Autorizados por nacimiento, no todo/as somos retóricamente competentes. Quizá nos falta aún algo más para hablar y gestionar imágenes. Esos referentes del habla que anclan las dinámicas comunidades.

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Sorprende que cueste encontrar buenos ejemplos de retórica digital cuando la profesión comunicadora sólo fábrica imágenes como refuerzo del discurso monótono de los de siempre. En el complejo equilibrio entre empresa y servir información a tod@s con publicidad, la competencia retórica de medios y de profesionales se demuestra, de modo más visible, en destrezas particulares que muestran calidad de las imágenes y un alcance visible de repicados y comentarios distribuidos por redes sociales. La iconología (digital también, por supuesto) dispone de aplicaciones para grabación y registro y edición en el móvil y otros dispositivos cercanos.

Nuestras fotos e imágenes desbordan antiguos bancos y repositorios y sólo caben en plataformas en internet: por eso Facebook compró Instagram, y años después Yahoo se ha hecho con Flickr. Sus contenidos cabrían en ningún museo ni en el archivo documental más grande del mundo. ¿Cómo se puede organizar semejante magnitud de llamadas de atención, de preferencias, de caprichos o de simples tonterías? La web semántica se dotó de etiquetas y de buscadores para organizar esta inmensidad que crece cada minuto.

El sentido llega por los códigos compartidos en cada grupo o comunidad pero, ¿recuperamos con el hipermedia lo que perdimos en los canales industriales, en los formatos aprobados por los poderes y controladores? Las plataformas sociales imponen sus interfaces y formas. Para llegar a ser espacios públicos o plazas, tienen que conseguir hablar de imágenes, de representaciones de la realidad compartidas. Esto pasa a ser hoy la iconología. Antes, dentro de la tradición interpretativa sólo se ocupaba de excelsos ejemplos artísticos propiedad de élites. Una iconología que sale del discurso sobresaliente al habla más general y extensa recupera el sentido originario, tribal, del símbolo. Las imágenes que compartimos en redes sociales no son símbolos arbitrarios, son tatuajes, marcas sociales de membresía social, anclajes comunitarios. 

Una iconología en redes sociales puede recorrer, seleccionar e investigar símbolos particulares o singularmente significados en comunidades virtuales. El diálogo entre sentidos y diferencias alrededor de símbolos e imágenes viene  a mostrar un catálogo de interpretaciones y culturas que han alcanzado cierta extensión y pervivencia.

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No tienen porqué ser las más interesantes aquellas de las que más se habla, véanse los gifs, los virales, los memes. Se trata de difusiones virales que puede aprovechar algún discurso político o económico en para las marcas personales de famosos. Pero creación publicitaria o casualidad se aportan, en una mayoría de casos más la ampliación del algún discurso mayoritario. Éstos casos parecen más relacionados con dialécticas globales o con discursos regionales que con retóricas de comunidades. 

En el valor que se atribuyen a algunas imágenes encontramos indicadores de conversos, fans, abogados de causas o marcas. No sólo comparten alguna recomendación o disfrutan iguales intereses. En la comunidad de valores y símbolos se genera la reputación, se avala la calidad de las recomendaciones y se manifiestan las competencias retóricas e icónicas, para representar y tratar del modo más apropiado (o cultura) la realidad y el tiempo que nos ha tocado vivir. La mala reputación confirma que son malas e insuficientes otras estructuras e instituciones que, a pesar de su poder y de todos los canales que controlan son jerarquías históricas, con un tiempo ya contado.
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