18 octubre 2013

tengo que recuperar el blog

Cuando pasa una semana sin escribir, el enano interior te chilla que no cumples. Te disculpas: tengo las horas ocupadas y algún que otro evento.

Ya, no gestionamos la agenda como se debe. Pero las entradas no decaen por falta de tiempo.

El enemigo del blog soy yo. Hablando sólo. Matando la conversación.

No me refiero a seguir los comentarios. En las plataformas sociales agradecemos que se comparta, aclaramos matices... Y sobre todo, reenfocamos. O deberíamos. Como el weblog es una herramienta líquida de gestión de conversaciones, debe mudar de aspecto, pero sobre todo de orientación. Si hace falta, de plataforma.

Creo sinceramente que los blogs se paran porque dejamos de oír. Cuando pasan unos días sin conectarnos con otros es que hemos escuchado poco, que no nos enteramos, vamos.

La guía editorial y el plan de contenidos han de ser negociados, o mejor seguidor de tus seguidores. Siempre que quieras claro una gestión postmoderna de contenidos y no una monolítica industria del ego hasta la extinción de las inescuchadas audiencias.

Hace un lustro utilicé en amor de blog un gráfico de un estudio de tipos de redes. Me parecía representar las comunidades de unos blogs centrados en un tema.

Hoy recurro de nuevo en un nuevo sentido. Son las conversaciones en los bares, los paseos con los colegas, comentrarios y retuiteos los que den cambiar el eje de rotación de las categorías que nos interesan.

Creo que este desajuste temático, la ceñida para volver a la conversación son el sentido y la significación del blog. Volvemos al blog porque vuelve a estar enfocado. Y más aún porque necesitamos seguir la conversación sobre asunto que nos interesan, o que son nuestra vida. [Y con esto modifico el tono personalista con el que en primavera iniciaba La vuelta al blog]
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