15 marzo 2010

silencio activo, invierno de la identidad digital

Hace más de un año, paré las entradas en este blog. Algún sabio me comentó que volvería. Explico primero el silencio. Y luego cuento mi aprendizaje.

La crisis está siendo más dura de lo que preveía. Como las noticias son negras, prefiero el silencio, a divulgar amarguras. También porque como decía entonces, la participación en este tipo de sitios sigue siendo más baja que el trabajo que supone. Así que volvió a web personal, como muchas de este tipo. Recojo alguna actividad pública o facilito mi seguimiento académico. Pero no paro de ejercitarme, de experimentar. Este sitio se reconstruye con más facilidad que el caracter.


Experimenté en propia carne que mucha vida no es digitalizable. Qué suerte que no todo tenga enlaces, también por el sufrido lector/a. Ni sumando geolocalización, life streaming, microposting móvil....

No sé si ambos aspectos son rasgos o frustraciones de la identidad digital. "Estar al día", "conectar con el público" destilan los efluvios ilusorios de la sociedad de los medios. No valen -al menos con esa generalidad- para la sociedad de las redes.

Relatar en primera persona el cansancio de unos años en un red social (post de Amartino en Denken Über) purifica. Además tenemos que ir interiorizando en qué sociedad y con qué comunicaciones andamos en estos tiempos.

La conectividad plena inalcanzada no es lo que nos agota, aunque su tiempo lleva. Hay que caer en la cuenta de que es inhumana. Como una sociedad abierta de diálogo perfecto. Ni Voltaire ni Rousseau pinhtaron de estos colores sus sueños. Somos lo que somos.

Lo que decimos y hacemos entre todos arregla unas cosas y otras quedan peor (enlace a la entrada de Miguel del Fresno en Quor 2.0).
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