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19 octubre 2016

el infierno son los otros y la marca personal

Sigue haciendo falta una marca personal y profesional que sea visible en internet. No importan otros ruidos alrededor. En este mismo blog la revisaba sobre profesiones posibles, futuros en potencia.

En estos meses seguimos con otros vicios 2.0. Banalizamos el avatar, el identificador del perfil en plataformas sociales. Llevamos casi un par de décadas de experiencia en redes. Pasamos por las plataformas con bastante más liquidez. Queda mononlítico el categórico carnet de identidad o el número de registro sanitario nacional. Es lógico que las identidades digitales se muestren más fluidas. Aunque nuestras personalidades no cambien tanto. En estos tiempos parece que se aceleran. Ya incluso en LinkedIn se gastan bromas.

Antes de la poca Historia que pudo pasar a leerse en libros, las palabras dichas y los gestos escenificados han sido durante siglos el tatuaje y la marca de cada persona. A pesar del ruido de la ciudad, y de todo el aparataje de las industrias culturales que la acompaña con el avanzar de los siglos, los medios y consumos masivos no han acallado las voces rurales y urbanas que siguen marcan el estilo personal en barrios y aldeas. 

Aún repito que no es bueno quedar como Digital Homeless. Pero hoy leo posts anteriores y me resultan algo imperativos o simples instrucciones a seguir. Me gustan más ahora esos proyectos de inclusión con portafolios. Nadie debería quedar en la calle digital ninguneada como otra/o nadie. Desde Sócrates cuando menos, y destacado por los últimos estoicos, escribir sobre una/o mismo es fuente rica y generosa para el diseño y la evaluación de vivencias. Pero desde los primeros diarios y portafolios hace más de veinte siglos comenzó la serie de réplicas del yo. En clase no se callan las más bocazas diciendo que con los blogs de aula seguimos una larga serie de horteradas a la que no ven tanto sentido. 

Desde el principio, la  escritura (aunque fuera enseñada en la escuela) ha aportado mucho a la dimensión pública de nuestra imagen personal. Sucesivas tecnologías han prolongado la iconografía individual hasta los recursos audiovisuales móviles que nos permiten hoy registro, edición y recreación de imágenes, autoimágenes y semiselfies. Con más o menos esperanza de proyectar una marca personal, agregada o integrada en obras colectivas o sociales que conecta lo digital. Con la informalidad acostumbrada en las redes fotografiamos y diseñamos efímeros perfiles digitales. ¿Estaremos perdiendo el valor de autoconocimiento que tenía el diario estoico? 

No veo porqué tenemos que prescindir de la experiencia visual del yo. Muchos experimentos son desechados y así deben olvidarse. Otras vivencias pueden aportar innovación o constancia. El caso es hacer más reconocibles, diferentes, manifestaciones digitales de una autodeterminada y explícita identidad personal-profesional.

Con el "El infierno son los otros" creo que se puede comenzar un análisis diferente de las estrategias para una marca personal. Quizá la obra de teatro de Sartre, donde se dice esta frase, no se ajuste a las bambalinas de las vanidades contemporáneas. Sin embargo, a pesar de lo que han cambiado los tiempos, como en las escenas de aquel infierno teatral, no podemos escapar ni escondernos de los juicios ajenos.

Hegel y otros pensadores dialécticos recomiendan tomar en cuenta la visión externa. La única que puede objetivar nuestros figura, andares y parecer. Lo que pensamos de nosotros mismos no coincide, y carece de los datos familiares, tribales o grupales, que componen nuestra imagen local en los entornos en los que somos conocidos. Como otros materiales públicos, también mis demonios digitales -y públicos- componen mi yo privado.

el infierno son los otros y la marca personal

Sigue haciendo falta una marca personal y profesional que sea visible en internet. No importan otros ruidos alrededor. En este mismo blog la revisaba sobre profesiones posibles, futuros en potencia.

En estos meses seguimos con otros vicios 2.0. Banalizamos el avatar, el identificador del perfil en plataformas sociales. Llevamos casi un par de décadas de experiencia en redes. Pasamos por las plataformas con bastante más liquidez. Queda mononlítico el categórico carnet de identidad o el número de registro sanitario nacional. Es lógico que las identidades digitales se muestren más fluidas. Aunque nuestras personalidades no cambien tanto. En estos tiempos parece que se aceleran. Ya incluso en LinkedIn se gastan bromas.

Antes de la poca Historia que pudo pasar a leerse en libros, las palabras dichas y los gestos escenificados han sido durante siglos el tatuaje y la marca de cada persona. A pesar del ruido de la ciudad, y de todo el aparataje de las industrias culturales que la acompaña con el avanzar de los siglos, los medios y consumos masivos no han acallado las voces rurales y urbanas que siguen marcan el estilo personal en barrios y aldeas. 

Aún repito que no es bueno quedar como Digital Homeless. Pero hoy leo posts anteriores y me resultan algo imperativos o simples instrucciones a seguir. Me gustan más ahora esos proyectos de inclusión con portafolios. Nadie debería quedar en la calle digital ninguneada como otra/o nadie. Desde Sócrates cuando menos, y destacado por los últimos estoicos, escribir sobre una/o mismo es fuente rica y generosa para el diseño y la evaluación de vivencias. Pero desde los primeros diarios y portafolios hace más de veinte siglos comenzó la serie de réplicas del yo. En clase no se callan las más bocazas diciendo que con los blogs de aula seguimos una larga serie de horteradas a la que no ven tanto sentido. 

Desde el principio, la  escritura (aunque fuera enseñada en la escuela) ha aportado mucho a la dimensión pública de nuestra imagen personal. Sucesivas tecnologías han prolongado la iconografía individual hasta los recursos audiovisuales móviles que nos permiten hoy registro, edición y recreación de imágenes, autoimágenes y semiselfies. Con más o menos esperanza de proyectar una marca personal, agregada o integrada en obras colectivas o sociales que conecta lo digital. Con la informalidad acostumbrada en las redes fotografiamos y diseñamos efímeros perfiles digitales. ¿Estaremos perdiendo el valor de autoconocimiento que tenía el diario estoico? 

No veo porqué tenemos que prescindir de la experiencia visual del yo. Muchos experimentos son desechados y así deben olvidarse. Otras vivencias pueden aportar innovación o constancia. El caso es hacer más reconocibles, diferentes, manifestaciones digitales de una autodeterminada y explícita identidad personal-profesional.

Con el "El infierno son los otros" creo que se puede comenzar un análisis diferente de las estrategias para una marca personal. Quizá la obra de teatro de Sartre, donde se dice esta frase, no se ajuste a las bambalinas de las vanidades contemporáneas. Sin embargo, a pesar de lo que han cambiado los tiempos, como en las escenas de aquel infierno teatral, no podemos escapar ni escondernos de los juicios ajenos.

Hegel y otros pensadores dialécticos recomiendan tomar en cuenta la visión externa. La única que puede objetivar nuestros figura, andares y parecer. Lo que pensamos de nosotros mismos no coincide, y carece de los datos familiares, tribales o grupales, que componen nuestra imagen local en los entornos en los que somos conocidos. Como otros materiales públicos, también mis demonios digitales -y públicos- componen mi yo privado.

25 septiembre 2012

jornada de balance social y empresarial de las redes sociales IS 2012



Quiero agradecer a la profesora Paula Rodrigues, al profesor Rui Silva, el profesor Jorge Remondes y al resto de organizadores de Innovation for Sustainability 2012 (is2012) de Universidade Lusiada por su gentil invitación a la mesa 4 E-BUSINESS AND DIGITAL NETWORK en la que se pregunta sobre el impacto de la crisis en las redes sociales (programa)

Intentaré exponer cómo la opción por la innovación tecnológica en el final del industrialismo ha producido plataformas utilizadas por multitudes, pero con diferentes resultados en la década de la búsqueda, con respecto a la década de la conversación, la etapa 2.0.
Durante una primera década, entre otros muchos efectos que no me corresponde resumir, han multiplicado los buscadores y los grandes portales el volumen de recursos informativos. A partir de una poderosísima recuperación de información digitalizada, que rastrean los principales motores de búsqueda sobre la internet visible, nuestro escritorio y la documentación profesional de nuestro trabajo podría situarse en un escenario casi global. Pero la amenazas de la convergencia y la globalización no se conjuran tampoco en esta segunda década con las redes sociales.
Dejamos de ser forrajeadores de información, en esta fase más nómada del paleolítico digital, como se  podría etiquetar el final del estado moderno del bienestar y del industrialismo insostenible.
Con la aparente socialización 2.0, la segunda década de internet ha reunido de multitudes que comparten plataformas de redes sociales. Al menos para una comunicación grupal, bastante abierta o casi pública. Pero es un nomadismo molecular, no tribal, la agrupación y migración de comunidades en plataformas de redes sociales. Las formas nómada-digitales de organización y de negocio, recuerdo de las tribus, no mantienen núcleos identitarios ni liderazgos como los antiguos. En este paleolítico digital tampoco sería innovador volviendo a sociedades jerárquicas de gurús y de portales o a los mercados sin alma ni responsabilidad de la última modernidad. Se han extendido tanto las mejores intenciones de la ética hacker, que en torno a las redes sociales resucitado el utopismo de anteriores lanzamientos tecnológicos.
Una imprevisible y profunda crisis de crisis convive con la consolidación de las principales redes sociales generalistas. Se espera de una reunión perspectivista y reflexiva como la que convoca la Universidade Lusíada, no sólo una recopilación de casos de éxito, sino un balance social, ético y plural de la creación social cooperativa y sus posibilidades en la periferia del tráfico principal en Internet.

Cuando reviso mis notas para el viaje de mañana estas son las imágenes de la concentración contra las políticas de recortes en la plaza de cibeles neptuno en la capital de España.  Foto 8.30 de la noche

14 diciembre 2010

¿cómo ajustar e-actividades?

En el curso con Albert Sangrà y Marcelo Maina, de e-Learn Center de la UOC crecen las ganas de que nuestros cursos se parezcan a la comunicación en Tuenti o en Facebook

(una cita al hilo en Chronicle of Higher Education).

Recomiendan conocer las herramientas 2.0 (un catálogo en EducaVirtual),

esas aplicaciones educativas que tan bien explica en sus cursos mi compañero Pedro Cuesta.


En las votaciones de este años sobre lo mejor para usos educativos que recoge Jane Hart hay más pistas sobre cuáles deberíamos ir probando para próximos cursos, presentación en slideshare:


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